Por qué los especialistas desaconsejan usar ojotas durante horas dentro de casa y qué alternativas recomiendan

El uso prolongado de este calzado puede alterar la forma de caminar, generar molestias en pies, rodillas y espalda, además de aumentar el riesgo de caídas. Expertos en podología explican cómo prevenir estas complicaciones

Pies de una persona con sandalias negras y pantalón beige, apoyados sobre un piso de madera junto a un sofá y una mesa baja
El uso habitual y prolongado de ojotas dentro del hogar provoca dolor en los pies y altera la postura corporal (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Las ojotas son, para muchos, el calzado que se usa a diario dentro de casa. Son cómodas, se ponen en un instante y no requieren atarse. Sin embargo, especialistas en podología advierten que puede provocar dolor en los pies, alterar la forma de caminar e incluso afectar la postura corporal cuando se usa durante períodos prolongados, según informó la revista Parade.

El problema no radica en ponérselas para sacar la basura, buscar la correspondencia o bajar a recibir un delivery o un paquete: el riesgo aparece cuando se convierten en el calzado habitual dentro del hogar durante horas.

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La contracción de los dedos genera daños en cadena

El diseño de las ojotas presenta una debilidad estructural que puede pasar inadvertida. Bob Baravarian, director de servicios de pie y tobillo de Docs Health en Los Ángeles, explicó que la tira que sostiene el calzado queda demasiado cerca de los dedos, lo que obliga a contraerlos con cada paso.

Ese esfuerzo repetitivo genera sobrecarga en tendones y articulaciones. “Esto puede causar problemas en los pies, tendinitis y lesiones por sobreuso”, señaló el especialista.

A esa exigencia se suma un problema distinto: la escasa estructura y el bajo nivel de soporte de las ojotas incrementan la presión sobre huesos y articulaciones, lo que eleva el riesgo de fracturas por estrés o distensiones, según el especialista.

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
La alteración en la biomecánica de la marcha agrava afecciones previas como la fascitis plantar y la metatarsalgia (Imagen Ilustrativa Infobae)

La contracción constante de los dedos también transforma la biomecánica del paso. Suzanne C. Fuchs, podóloga y cirujana de pie y tobillo de LuxePodiatry en Jupiter, Florida, indicó que esa alteración de la marcha puede derivar en fatiga, dolor y agravamiento de condiciones preexistentes como fascitis plantar, tendinitis o metatarsalgia.

Efectos en el equilibrio y la postura corporal

La inestabilidad del calzado también representa un peligro concreto para el equilibrio. Anne Sharkey, podóloga en Austin, Texas, advirtió que el pie puede deslizarse o salirse de la suela con facilidad, lo que abre la puerta a torceduras y esguinces de tobillo.

Esta advertencia cobra especial relevancia entre la población mayor de 65 años, grupo en el que las caídas constituyen la principal causa de hospitalizaciones y muertes asociadas a lesiones, señaló la revista.

Pero el impacto va más allá de las caídas. Fuchs explicó que los pies funcionan como el cimiento de todo el sistema musculoesquelético. Cuando el calzado altera la forma en que la planta contacta el suelo, el cuerpo genera compensaciones que se trasladan hacia arriba: tobillos, rodillas, caderas y zona lumbar.

Baravarian coincidió al describir cómo la contracción permanente de los dedos dentro de las ojotas fuerza una forma de caminar que sobrecarga las articulaciones de las extremidades inferiores y la espalda baja. Aunque esto no implica que el calzado provoque mala postura de forma automática, su uso habitual contribuye a desalinear la cadena de movimiento con el paso del tiempo.

Pies y tobillos de una persona con pantalón deportivo gris y sandalias oscuras sobre un suelo de listones de madera.
El deslizamiento del pie en la suela eleva el peligro de caídas y esguinces en personas mayores de 65 años (Imagen Ilustrativa Infobae)

Qué buscar en un calzado adecuado para el hogar

Los tres especialistas coincidieron en que las ojotas no son perjudiciales en sí mismas; el problema es convertirlas en el calzado de todos los días para andar por la casa. Para quienes buscan una alternativa igual de práctica, Baravarian recomendó optar por modelos con una tira más cercana al tobillo y mejor soporte de arco, como las sandalias tipo Birk.

Sharkey sugirió que, si se prefiere una sandalia, conviene elegir una que incluya correa trasera para mantener el calzado sujeto sin depender de los dedos. En términos generales, Fuchs enumeró las características que debe reunir un buen calzado de interior: plantilla contorneada, amortiguación suficiente, soporte de arco integrado y suela estable.

Para saber si un calzado cumple o no con estos criterios, Baravarian ofreció un test sencillo: “Si el talón se despega del suelo y el zapato sigue abajo, hay que hacer un esfuerzo extra para mantenerlo puesto, y eso no es bueno”.

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