
Aunque suele asociarse con la vejez o con los varones, las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), causaron 19,8 millones de fallecimientos en 2022, equivalentes al 32% del total global. De ese número, el 85% correspondió a infartos y accidentes cerebrovasculares.
En ese contexto, Luke Laffin, cardiólogo de Cleveland Clinic, repasó cinco mitos frecuentes que todavía pueden retrasar la prevención, el diagnóstico y el tratamiento.
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1. La enfermedad cardíaca no afecta solo a los hombres
Una de las creencias más extendidas es que las enfermedades cardíacas afectan sobre todo a los hombres y que las mujeres no necesitan prestar la misma atención a su corazón.
“El corazón no discrimina por sexo”, sostuvo Laffin. El médico agregó que las mujeres, además, atraviesan factores de riesgo específicos, entre ellos la menopausia, el uso de anticonceptivos orales y algunas complicaciones del embarazo.

También advirtió que estos cuidados suelen quedar relegados por las exigencias de la vida diaria. “Muchas veces están criando hijos, cuidando a padres mayores y trabajando. Entonces, ¿qué tiempo les queda para ellas? Su salud suele quedar en segundo plano”, señaló.
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Ante ese escenario, recomendó conocer los factores de riesgo personales y hablar del tema con un médico de cabecera. En los casos más complejos, añadió, ese profesional puede derivar la consulta a cardiología para una evaluación más precisa.
2. Los problemas cardiovasculares también aparecen antes de los 50 años
Otra idea habitual es que solo los adultos mayores deben preocuparse por el corazón. Sin embargo, las enfermedades cardiovasculares pueden presentarse en personas de 20, 30 o 40 años. Si bien la edad incrementa la probabilidad de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular, eso no excluye la aparición más temprana de alteraciones en arterias y vasos sanguíneos.
Parte de esa vulnerabilidad está ligada a la carga genética. Algunas personas heredan predisposición al colesterol alto o a la hipertensión, dos factores decisivos que pueden comenzar a desarrollarse mucho antes de que aparezcan síntomas o complicaciones.
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Laffin remarcó la importancia de los controles periódicos, incluso entre quienes todavía no superaron los 50 años, con análisis de sangre y chequeos orientados a conocer sus valores.
3. Tener antecedentes familiares no vuelve inevitable el diagnóstico
Otra creencia frecuente gira en torno a la herencia. Muchas personas suponen que, si un padre, una madre o un hermano tuvo una afección cardíaca, el mismo desenlace será inevitable. Sin embargo, los antecedentes familiares aumentan el riesgo, pero no determinan por sí solos el futuro de cada paciente.
Hay medidas concretas que ayudan a reducir esa probabilidad. Laffin enumeró la alimentación saludable, la actividad física regular, el abandono del tabaco y la moderación en el consumo de alcohol. La recomendación apunta a al menos 150 minutos semanales de ejercicio de intensidad moderada, una referencia habitual en prevención cardiovascular.
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A eso puede sumarse tratamiento farmacológico cuando los cambios de hábitos no alcanzan o cuando la carga genética tiene mayor peso. Según explicó el cardiólogo, existen medicamentos seguros y eficaces para controlar factores como la presión arterial elevada y el colesterol alto. También sostuvo que iniciar ese abordaje a tiempo disminuye las posibilidades de acumulación de placa en las arterias.
4. La falta de síntomas no garantiza que el corazón esté sano
Muchas afecciones avanzan sin señales claras en sus primeras etapas. La enfermedad coronaria, la forma más frecuente de estos cuadros, suele desarrollarse de manera lenta y progresiva, sin manifestaciones visibles al comienzo. Por eso, no sentir dolor o molestias no equivale necesariamente a estar libre de riesgo.
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En algunos casos, el primer indicio puede ser un infarto, un accidente cerebrovascular o dolor en las piernas vinculado con enfermedad arterial periférica. Ese vínculo entre distintos territorios del sistema circulatorio refuerza la necesidad de detectar a tiempo la formación de placa antes de que genere complicaciones mayores.

Laffin señaló que factores clave como la hipertensión y el colesterol elevado por lo general no producen síntomas. Por eso recomendó consultas anuales con el médico de atención primaria y pruebas simples que permitan seguir la evolución de esos indicadores.
La detección temprana mejora las posibilidades de tratamiento y reduce la probabilidad de cuadros más graves.
5. Envejecer aumenta el riesgo, pero no convierte al daño cardiovascular en algo normal
El quinto mito parte de la idea de que el deterioro del corazón es una consecuencia natural e inevitable del envejecimiento. Aunque el paso de los años aumenta la probabilidad de desarrollar afecciones cardiovasculares, eso no implica que esos cuadros sean normales ni que deban asumirse como un desenlace seguro.
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Para Laffin, la clave está en entender el envejecimiento como un factor de riesgo y no como una condena. El cardiólogo mencionó que atiende a personas de más de 80 e incluso de 90 años con buena calidad de vida y capacidad aeróbica conservada, algo que vinculó con la actividad física sostenida y con la adherencia a los tratamientos indicados.
Entre las recomendaciones que repasó figuran asistir a los controles médicos, cumplir con la medicación prescripta, buscar espacios que favorezcan el ejercicio de manera constante y consultar con nutricionistas para adaptar la alimentación a cada etapa de la vida.
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La desinformación puede alterar decisiones de salud
Los mitos sobre la salud cardiovascular suelen transmitirse entre familiares, amistades y publicaciones en redes sociales, donde la información incompleta o errónea puede circular con rapidez. Frente a eso, Cleveland Clinic subrayó la importancia de consultar con profesionales de la salud para despejar dudas y recibir orientación basada en evaluación clínica.
Laffin recomendó plantear de forma abierta aquello que cada persona escucha o cree sobre el tema, de modo que el equipo médico pueda aclarar conceptos y precisar el nivel de riesgo real.
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