
Un giro en la almohada, un gesto mínimo con la cabeza, y de golpe la habitación parece girar. Ese vértigo breve pero contundente suele tener un origen concreto en el oído interno: el desplazamiento de los llamados cristales del oído, que al desprenderse alteran la forma en que el cerebro interpreta el movimiento de la cabeza, según Cleveland Clinic. El cuadro suele aparecer con episodios breves en los que la persona siente que todo gira al darse vuelta en la cama o al mover la cabeza.
Estas partículas, cuyo nombre preciso es otoconias, están formadas por carbonato de calcio y funcionan como sensores de gravedad. Si se sueltan y entran en los canales semicirculares llenos de líquido, envían señales erróneas y provocan vértigo. Para corregirlo, los médicos utilizan procedimientos de reposicionamiento canalicular, como la maniobra de Epley.
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El neurólogo Neil Cherian, experto en mareos, explicó a Cleveland Clinic que estas partículas forman parte de un sistema que normalmente ayuda a detectar el movimiento. Cuando permanecen en su lugar, colaboran con estructuras similares a cilios unidas a nervios del oído interno.
Para describirlo, recurrió a una imagen sencilla: “Imagine una colina con pasto fino, y sobre cada pasto hay un cristal”. Según detalló, esas partículas forman una matriz que se desplaza con las estructuras del oído y avisa al cerebro cada vez que la cabeza cambia de orientación.
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El problema empieza cuando parte de esas otoconias se desprende y pasa a zonas donde no debería estar. Allí alteran el desplazamiento normal del líquido en los tres canales semicirculares y generan una percepción errónea del movimiento.
“Cuando los cristales están conectados, ese líquido solo se mueve mientras su cabeza se mueve, y se estabiliza cuando deja de hacerlo”, añadió Cherian. Si se desconectan, el líquido sigue en movimiento durante unos segundos y confunde al cerebro.
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Esa diferencia ayuda a separar dos conceptos que a menudo se mezclan. El vértigo es la sensación de que uno mismo o el entorno giran, mientras que el mareo puede incluir aturdimiento u otras molestias sin esa impresión.

Síntomas, factores de riesgo y diagnóstico
Las personas con mayor riesgo de presentar este cuadro son las de 65 años o más, quienes sufrieron un traumatismo importante en la cabeza y quienes tuvieron una infección viral del oído interno. Sobre este último punto, Cherian advirtió a Cleveland Clinic que no siempre resulta fácil diagnosticarla o evaluarla.
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El síntoma principal es el vértigo, aunque no siempre aparece solo. Pueden presentarse movimientos oculares rápidos, repetitivos e incontrolables llamados nistagmo, además de desequilibrio, aturdimiento, náuseas, vómitos y visión borrosa.
Cherian señaló que el desequilibrio “puede o no acompañar al vértigo”. Incluso, agregó, a veces puede ser el único síntoma de los cristales desprendidos.
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El diagnóstico se basa en los síntomas y en una evaluación médica. Los profesionales sanitarios buscan específicamente el nistagmo, porque esos movimientos de los ojos pueden confirmar que el oído envía señales de movimiento que no coinciden con lo que la persona ve.
“Si sus ojos siguen moviéndose en respuesta a señales falsas de movimiento, eso le da al médico otra forma de confirmar que tiene vértigo posicional paroxístico benigno”, indicó Cherian.
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Cómo se trata y por qué la maniobra de Epley debe hacerse bien
El tratamiento habitual consiste en procedimientos de reposicionamiento canalicular, ejercicios destinados a devolver los cristales del oído al lugar que les corresponde. El más conocido es la maniobra de Epley, que puede hacerse en una cama o en el suelo.
Cleveland Clinic advierte que conviene aprenderla correctamente, porque una ejecución incorrecta puede empeorar el cuadro. Cherian precisó que, cuando estos ejercicios se realizan en un entorno médico, la tasa de éxito puede llegar a hasta 90%. Sostuvo que aprender a hacerlos bien por cuenta propia puede resultar eficaz para este tipo de vértigo.
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El especialista añadió otra advertencia práctica: una vez que el vértigo desaparece, la persona debe dejar de hacer esos ejercicios. La indicación busca evitar maniobras innecesarias cuando los síntomas ya cedieron.
Cuándo buscar ayuda médica de inmediato
Si la maniobra de Epley no ayuda, puede haber varias explicaciones. Entre ellas figuran hacer el ejercicio de forma incorrecta, tener demasiados cristales sueltos, que hayan entrado en más de un canal semicircular, tratar el oído equivocado, tener afectados ambos oídos o que el mareo responda a otra causa.
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En esos casos, la recomendación es acudir a un otorrinolaringólogo o a un fisioterapeuta vestibular. Ambos pueden diagnosticar y tratar el oído interno afectado por este trastorno y también indicar otros ejercicios para recolocar los cristales.

Hay señales que exigen atención urgente. Si el vértigo y el mareo causan náuseas tan intensas que impiden retener líquidos, o si aparecen debilidad, entumecimiento, hormigueo o cambios en la visión, hace falta atención médica de emergencia.
Cherian también advirtió que no existe una forma de prevenir por completo este problema, aunque sí se puede identificar y tratar antes. Según explicó a Cleveland Clinic, los episodios pueden durar desde unos segundos hasta días, semanas o meses, y consultar pronto es importante porque esos síntomas también pueden indicar un problema más grave, como un accidente cerebrovascular.
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