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De los 20 a los 40 años: cómo cambia el cuerpo y por qué el entrenamiento necesita ajustes, según un experto

El entrenador español José Ruiz reveló que la adaptación fisiológica se reduce de manera gradual y el margen para compensar malos hábitos se achica. Por qué repetir rutinas antiguas puede frenar el progreso y elevar el riesgo de fatiga

Hombre calvo con barba haciendo ejercicio de tríceps en una máquina de poleas en un gimnasio. Se ven mancuernas, bancos y ventanales con vista a la ciudad.
El entrenador español explica que el cuerpo ya no compensa como a los 20 y pide priorizar el descanso (Imagen Ilustrativa Infobae)
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A partir de los 30 años, muchos hombres perciben que el cuerpo ya no reacciona igual al ejercicio ni a los hábitos que mantenían durante la juventud. Según el entrenador español especializado en transformación física José Ruiz, citado por la revista Men’s Health, “el físico que tenías a los 20 ya no se mantiene igual, ni a los 30 ni a los 40 y mucho menos a los 50”.

Este proceso de cambio se manifiesta de manera progresiva, con señales como mayor dificultad para conservar la definición muscular, disminución de la energía y periodos de recuperación más prolongados tras el ejercicio.

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La década de los 20: máxima adaptación y respuesta

En los años veinte, el organismo dispone de una capacidad sobresaliente para recuperarse y adaptarse a distintos estímulos. Según Ruiz, “el cuerpo compensa casi todo. Puedes dormir poco, entrenar de forma irregular o acumular estrés y aun así mantener una composición corporal relativamente buena”. El metabolismo tolera excesos y errores habituales sin consecuencias inmediatas visibles.

Durante esta etapa, la tolerancia al entrenamiento intenso y a la falta de descanso resulta elevada. El especialista advierte que asumir esta facilidad como permanente puede conducir a errores en etapas posteriores, ya que el cuerpo se adapta a los cambios de forma paulatina y comienza a requerir otros enfoques al avanzar la edad.

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Un hombre levanta su camiseta negra para mostrar su abdomen sudoroso y muy definido, mientras se pellizca la piel; se ve su reflejo de espaldas en el espejo del gimnasio.
Según el especialista al subir de década cae la tolerancia al estrés y al exceso, aumenta la grasa abdominal (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cambios a los 30: recuperación y ajustes en el entrenamiento

Al alcanzar los 30 años, surgen transformaciones fisiológicas que modifican la forma en la que el cuerpo responde al ejercicio. De acuerdo con el experto consultado por Men’s Health, “la recuperación se vuelve más relevante que nunca”. El organismo reduce su capacidad para compensar los excesos y aparecen señales de fatiga o sobreentrenamiento con mayor frecuencia. José Ruiz explicó que “uno de los mayores cambios después de los 30 es la capacidad de recuperación. El sistema nervioso y muscular necesitan más atención”.

Entre los cambios más notables mencionados por el entrenador, se encuentra una mayor facilidad para acumular grasa abdominal, menor tolerancia al estrés, incremento del impacto del sedentarismo y pérdida acelerada de masa muscular si disminuye el estímulo físico. Repetir las rutinas empleadas durante los 20 años suele derivar en acumulación de fatiga, descenso en el rendimiento y falta de progreso.

El experto resalta que el descanso pasa a ser un elemento central del entrenamiento. Priorizar la calidad de las sesiones y respetar los tiempos de recuperación se vuelve indispensable para evitar lesiones y sostener los avances físicos.

Más allá de los 40: fuerza, masa muscular y control del estrés

Hombre deportista sube escaleras al aire libre al atardecer, usando camiseta gris y pantalones cortos negros.
El entrenador explicó que, al avanzar la edad, baja la tolerancia a excesos y se alarga el tiempo de recuperación, lo que favorece cansancio y cambios corporales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Superada la barrera de los 40 años, el cuerpo pierde masa muscular de forma gradual si no se mantiene un estímulo adecuado. “El músculo funciona como un auténtico protector metabólico y físico”, afirmó Ruiz en declaraciones para Men’s Health. En esta etapa, el entrenamiento de fuerza gana especial relevancia, no solo por motivos estéticos, sino para preservar el gasto calórico, la postura, la energía y la funcionalidad diaria.

El entrenador sostiene que “entrenar mejor vale más que entrenar más”. Rutinas bien planificadas, con tres o cuatro sesiones a la semana, pueden resultar más efectivas que entrenamientos diarios sin la recuperación suficiente. Además, el manejo del estrés se convierte en un factor decisivo. Ruiz indicó que, en estos años, el estrés impacta negativamente en el descanso, favorece la acumulación de grasa abdominal, reduce la energía y dificulta la recuperación.

El entorno cotidiano, marcado por el trabajo, las responsabilidades, el uso prolongado de dispositivos electrónicos y la falta de sueño, afecta directamente las hormonas y la capacidad de adaptación del cuerpo. Por ello, el ambiente en el que se lleva a cabo la rutina física tiene tanto peso como la propia actividad.

“La solución no suele ser entrenar más duro, sino hacerlo de forma más inteligente”, concluyó Ruiz. Recomienda centrar los esfuerzos en fortalecer la masa muscular, mejorar la calidad del sueño, reducir el sedentarismo, mantener la constancia y prestar atención a la movilidad y al cuidado articular. Cuando se siguen estos principios, el cuerpo puede mantener una respuesta eficaz y prolongada.

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