
Hacer ejercicio puede hacer que una persona sienta menos falta de aire, pero eso no significa que sus pulmones hayan aumentado de tamaño. En adultos sanos, la capacidad pulmonar no suele crecer de manera sustancial, porque depende sobre todo de la genética, el tamaño corporal, la edad y el sexo, según Cleveland Clinic.
La diferencia está en la eficiencia respiratoria. La actividad física, el control del peso, las técnicas de respiración y el tratamiento de enfermedades como el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) pueden ayudar al cuerpo a aprovechar mejor el aire disponible, aunque no modifiquen de forma marcada el volumen total que los pulmones pueden contener.
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El neumólogo Philippe Haouzi explicó en Cleveland Clinic que, en medicina, la capacidad pulmonar describe cuánto aire pueden contener y movilizar los pulmones. Esa medición se expresa en litros y se divide en varios componentes.
Entre ellos figuran la capacidad vital, que es la cantidad máxima de aire que una persona puede mover hacia dentro y hacia fuera de los pulmones; la capacidad residual funcional, que indica el aire que queda después de exhalar; la capacidad pulmonar total, que corresponde a todo el aire que pueden alojar; y el volumen corriente, que es el aire que entra y sale en una respiración normal.
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Haouzi resumió el sentido clínico de esas mediciones con una frase recogida por Cleveland Clinic: “Juntas, estas mediciones nos dan una imagen completa de qué tan bien están funcionando los pulmones”.
No existe una única capacidad pulmonar “normal” para todas las personas: los profesionales de la salud usan pruebas de función pulmonar, como la espirometría, y comparan los resultados con valores de referencia según la edad, la estatura y el sexo.
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Por qué la capacidad pulmonar no aumenta de forma sustancial en la adultez
La aclaración central es que una persona con pulmones sanos no puede agrandar sus pulmones de manera real solo con ejercicios o hábitos saludables. Haouzi lo planteó de forma directa: “Tus pulmones no pueden crecer de forma drástica en la adultez”.
El especialista reforzó esa idea con otra frase: “Los pulmones con los que naces son los pulmones que tienes”. Después, explicó que la capacidad pulmonar está determinada en gran parte por la estructura de los pulmones, además de factores como la genética, el tamaño corporal, la edad y el sexo.
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Haouzi también señaló que existe un límite biológico para cuánto pueden expandirse los pulmones y cuánto oxígeno pueden contener cuando una persona ya es adulta.

La comparación que recoge Cleveland Clinic es la del músculo. Igual que la masa muscular tiene un techo marcado en parte por la genética, los pulmones no se agrandan de forma indefinida, aunque una persona sí puede mejorar cómo aprovecha lo que ya tiene.
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Eso no significa que los hábitos saludables no sirvan. La diferencia está en qué cambian: el ejercicio, las técnicas respiratorias y el tratamiento de enfermedades de base no agrandan los pulmones, pero pueden ayudar a aprovechar mejor la capacidad disponible.
Cómo cuidar la función pulmonar y respirar con más eficiencia
Lo que sí está al alcance, según Cleveland Clinic, es proteger los pulmones del daño, mantener la función actual y aprovechar mejor cada inhalación. Esa mejora puede resultar especialmente útil en personas con cicatrices o daño estructural, infecciones, fibrosis pulmonar, asma, enfermedad pulmonar o EPOC.
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Sobre ese punto, Haouzi advirtió: “El daño permanente en los pulmones no puede revertirse”. Aun así, la respiración puede mejorar con medicamentos, cirugía, rehabilitación pulmonar y otras intervenciones indicadas según cada caso.
La actividad física regular figura entre las medidas recomendadas. El ejercicio ayuda al cuerpo a usar el oxígeno con más eficiencia y puede hacer que, con el tiempo, la persona sienta menos falta de aire en actividades cotidianas.
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“Una persona bien entrenada usa su respiración de manera más eficiente”, resumió Haouzi. La idea no es aumentar el tamaño de los pulmones, sino obtener más rendimiento de la capacidad que ya existe.
Mantener un peso saludable también puede favorecer la respiración. El exceso de peso, sobre todo en el abdomen, puede limitar cuánto se expanden los pulmones. Además, el tejido graso puede afectar las vías respiratorias y agravar problemas como el asma.
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Las técnicas de respiración también tienen un papel, aunque no cambien la capacidad pulmonar. Cleveland Clinic menciona la respiración diafragmática y las respiraciones lentas y controladas como herramientas para reducir la velocidad respiratoria, aliviar la falta de aire asociada a la ansiedad y mejorar el patrón respiratorio.
En personas con enfermedades pulmonares, esos ejercicios además pueden ayudar a vaciar mejor los pulmones. Haouzi explicó: “Con ejercicio respiratorio regular, puedes entrenar el diafragma para que se tome el tiempo de vaciar los pulmones y así mejorar o limitar parte del impacto de la enfermedad pulmonar”.

Cuando existe una enfermedad respiratoria de base, el tratamiento es otro factor clave para conservar la función pulmonar. La fuente menciona medicamentos para abrir las vías respiratorias o reducir la inflamación, programas de rehabilitación pulmonar y ejercicios guiados de respiración.
A eso se suman medidas de prevención como no fumar ni vapear, mantener al día las vacunas recomendadas y reducir la exposición a sustancias químicas o irritantes ambientales.
Cuándo conviene consultar a un médico por falta de aire
La falta de aire es una de las señales más comunes de que algo puede no marchar bien en los pulmones. Según Cleveland Clinic, a menudo aparece primero durante esfuerzos como caminar o subir escaleras y puede avanzar con el tiempo hasta afectar actividades antes sencillas.
La institución también enumera otros síntomas de alerta: tos persistente o sin explicación, sangre al toser, silbidos al respirar, mareos, entumecimiento y desmayos. Esos signos ameritan valoración médica para identificar la causa.

Haouzi recordó que el problema no siempre está en el sistema respiratorio: “La falta de aire también puede ser resultado de un problema cardíaco”.
La orientación general es buscar atención si esos síntomas aparecen. Más que intentar agrandar los pulmones, la prioridad consiste en conservar su estado, tratar lo que pueda deteriorar la respiración y sacar el máximo partido a la función que aún se mantiene.
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