
Un dato puede cambiar la rutina de miles de familias: dedicar al menos siete horas semanales al aire libre reduce en un 50% el riesgo de miopía en los niños. Así lo demuestra un estudio reciente del Departamento de Oftalmología de la Clínica Universidad de Navarra, que ha analizado a más de dos mil escolares de la Comunidad de Madrid.
El hallazgo, publicado en Frontiers in Medicine, remarca la importancia de priorizar actividades fuera de casa para combatir el avance de un problema visual que afecta a uno de cada cinco niños en edad escolar.
La investigación identifica el tiempo al aire libre como un factor clave de prevención y propone una recomendación concreta: sumar tiempo de juego y deporte en espacios abiertos para proteger la visión infantil desde los primeros años.
Cuántas horas necesita un niño al aire libre para reducir el riesgo de miopía
Según informó el equipo de la Clínica Universidad de Navarra y la Asociación de Miopía Magna con Retinopatías de España (AMIRES), la investigación se basó en el seguimiento de 2.262 estudiantes de escuelas de la Comunidad de Madrid. Los especialistas cruzaron datos sobre salud visual, antecedentes familiares y hábitos diarios. El resultado fue contundente: los niños que pasan al menos siete horas semanales en exteriores presentan la mitad de riesgo de desarrollar miopía respecto a quienes permanecen más tiempo en interiores.

El doctor Sergio Recalde, investigador del Laboratorio de Oftalmología Experimental de la clínica, explicó: “Hemos detectado que un 18% de los participantes del estudio que pasan más tiempo en el interior tienen miopía. El porcentaje de los que han estado más expuestos al sol ha sido del 9%”. Estos datos permiten concluir que la exposición regular a la luz natural tiene un impacto protector comprobado.
CUVAF: el biomarcador que mide la protección solar ocular
Uno de los aportes principales de esta investigación fue la aplicación del CUVAF (huella solar de la superficie ocular) como indicador objetivo del tiempo de exposición real a la luz solar. Este biomarcador, considerado rápido y no invasivo, se observó con mayor frecuencia en niños que dedicaban más horas a actividades al aire libre.
La doctora Miriam de la Puente, especialista en oftalmología de la Clínica Universidad de Navarra, señaló: “Este biomarcador apareció con más frecuencia en los niños que pasaban más tiempo al sol. Hemos comprobado que se asocia inversamente a la miopía, es decir, cuanto mayor sea esta huella, menor es el riesgo de padecer la enfermedad”. Además, el CUVAF permite monitorear la eficacia de las recomendaciones preventivas y podría utilizarse en programas de cribado visual.

Hábitos de vida y la tendencia creciente de la miopía
La prevalencia de la miopía infantil en España se encuentra en ascenso. El ‘Barómetro de la Miopía en España’ elaborado por la Universidad Complutense de Madrid y la Fundación Alain Afflelou indica que en 2023 el 20,3% de los niños de entre 5 y 7 años la padecía, mientras que entre los universitarios de 17 a 27 años la cifra escala hasta el 62%. Los especialistas advirtieron que el aumento del tiempo en espacios cerrados y el uso extendido de dispositivos electrónicos figuran entre los principales factores de riesgo.
El doctor Recalde remarcó: “La reducción de la actividad al aire libre se ha asociado sistemáticamente con una mayor incidencia de miopía”. Por esto, la recomendación se vuelve clara: al menos siete horas semanales de exposición a la luz natural, preferentemente en parques, patios o cualquier espacio abierto.

Cómo detectar la miopía en la infancia
La detección temprana es esencial, ya que la miopía progresa con mayor velocidad cuando aparece en edades tempranas. Los síntomas de alerta incluyen visión borrosa, necesidad de acercarse mucho a los objetos para ver mejor, parpadeo frecuente o dolores de cabeza. Según la Clínica Universidad de Navarra, los niños encuentran dificultades para explicar sus problemas visuales, por lo que la observación atenta de padres y profesores resulta fundamental para identificar cambios en la conducta o el aprendizaje.
Más allá de la reducción del riesgo de miopía, el estudio sugiere que la exposición continuada a la luz natural podría relacionarse con otros indicadores de bienestar. Según la doctora Miriam de la Puente “hay personas con un CUVAF mayor que tienen menos índice de grasa y mejores valores en aspectos como las horas de sueño o la capacidad de memoria”. Estos indicios abren nuevas posibilidades para la promoción de hábitos saludables en la infancia.
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