
*Grupo INECO es una organización dedicada a la prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades mentales. A través de su Fundación INECO, investiga el cerebro humano.
Cada 18 de febrero se conmemora el Día Internacional del Síndrome de Asperger, una fecha que invita a reflexionar sobre un perfil particular dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA).
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Si bien el término “Asperger” ya no se utiliza como diagnóstico formal en las clasificaciones actuales, continúa siendo una referencia frecuente para describir a personas con lenguaje formal conservado, inteligencia promedio o superior y diferencias específicas en la comunicación social y la flexibilidad cognitiva.
Desde la actualización de los manuales diagnósticos internacionales, estas características se integran dentro del espectro autista.
El cambio no implica que el perfil haya desaparecido, sino que se entiende como parte de una misma condición neurobiológica con distintos niveles de apoyo.
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Un modo particular de procesar la información

Las personas con perfil Asperger suelen presentar un pensamiento lógico, detallado y profundo, con intereses específicos e intensos. Sin embargo, pueden tener dificultades para interpretar normas sociales implícitas, ironías o cambios inesperados en la rutina.
“No se trata de falta de empatía, sino de una forma distinta de procesar la información social. Muchas veces la comprensión emocional está presente, pero no es automática ni intuitiva: requiere un procesamiento más consciente”, explica la doctora Paloma Bamondez, miembro del Departamento de Psiquiatría de INECO.
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El desafío no está en la capacidad afectiva, sino en la lectura rápida de claves sociales no explícitas.
Cuando el reconocimiento llega tarde

En la infancia, este perfil puede pasar inadvertido, sobre todo cuando el rendimiento académico es bueno y no hay retraso en el lenguaje. El diagnóstico suele llegar en la adolescencia o la adultez, cuando aumentan las demandas sociales, laborales y emocionales.
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En ese contexto, es frecuente que aparezcan ansiedad, agotamiento o sensación de desajuste, especialmente en personas que han sostenido durante años un fuerte camuflaje social: observar, imitar y ensayar conductas para encajar.
“Muchas personas consultan por ansiedad, agotamiento o dificultades vinculares, y recién en ese proceso se comprende que su trayectoria responde a un perfil del espectro. El diagnóstico suele traer alivio porque organiza la historia personal”, señala la doctora Mariana Kes, miembro también del Departamento de Psiquiatría de INECO.
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Otro rasgo característico es la sensibilidad sensorial. Ruidos intensos, luces fuertes o entornos sociales muy estimulantes pueden resultar abrumadores. No es una cuestión de tolerancia emocional, sino de umbrales neurobiológicos distintos.
A esto se suma una menor flexibilidad cognitiva: los cambios imprevistos o la ambigüedad pueden generar alto malestar. “Cuando el entorno es previsible y claro, la persona funciona mucho mejor. Muchas dificultades no desaparecen, pero disminuyen notablemente si el contexto se ajusta al modo en que ese cerebro procesa la información”, agrega la doctora Mariana Kes.
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El diagnóstico como herramienta de comprensión
Recibir un diagnóstico no implica encasillarse, sino comprender la propia trayectoria. Permite ajustar expectativas, identificar fortalezas y diseñar estrategias más acordes al funcionamiento individual.
La evidencia muestra que el mayor impacto positivo no proviene de intentar “corregir” a la persona, sino de adaptar el entorno: mayor previsibilidad, comunicación explícita, reducción de sobrecarga sensorial y respeto por los tiempos individuales.
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Recomendaciones para acompañar este perfil dentro del espectro






Ante la sospecha, una evaluación clínica integral es fundamental para orientar apoyos adecuados.
Comprender para incluir
Hablar de esta fecha no implica reinstalar una categoría diagnóstica ya superada, sino comprender mejor un perfil específico dentro del espectro autista.
En el marco del 18 de febrero, la invitación es a avanzar hacia una mirada más actualizada y respetuosa: entender que el autismo no es uniforme, que existen múltiples trayectorias y que la inclusión comienza cuando el entorno deja de exigir homogeneidad y empieza a reconocer la diversidad neurobiológica.
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