Por qué no se debe normalizar el cansancio en la vejez y qué recomiendan los expertos para enfrentarlo

El cansancio crónico no es normal en la vejez y puede ser una señal de afecciones que se pueden tratar

Generación silver - El padre
La fatiga crónica en adultos mayores no debe interpretarse como un síntoma normal del envejecimiento, advierte Mayo Clinic (Imagen: Anthony Hopkins en una escena de la película El Padre)
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Sentirse cansado con frecuencia trasciende el simple hecho de haber dormido mal una noche. La fatiga crónica, definida como agotamiento físico y mental persistente, nunca debe considerarse un síntoma normal del envejecimiento, advierte la Mayo Clinic.

Consultar al equipo médico ante síntomas persistentes resulta esencial, ya que el malestar podría reflejar un problema de salud que requiere atención profesional.

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Según el Dr. Chris Aakre, especialista de la Mayo Clinic, “la fatiga a cualquier edad no es normal. Hay muchas personas de 65 años que no sufren fatiga activa ni constante”. Cuando la falta de energía interfiere en las actividades diarias, es fundamental buscar un diagnóstico adecuado.

Para Mayo Clinic, la fatiga no es un resultado inevitable del paso del tiempo: envejecer no implica resignarse al cansancio permanente, ya que numerosos adultos mayores mantienen una vitalidad plena.

Factores que pueden causar fatiga crónica

Identificar la causa exacta del cansancio exige analizar diferentes factores. El primero suele estar vinculado a trastornos del sueño. Si una persona tiene dificultades para permanecer despierta durante el día, se queda dormida sin proponérselo o presenta problemas al despertar, podría padecer insomnio, apnea del sueño o síndrome de piernas inquietas.

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Determinar en qué momento aparece el cansancio aporta información relevante: quienes despiertan sintiéndose agotados probablemente no están descansando bien, mientras que aquellos que inician el día con energía pero experimentan fatiga progresiva pueden tener causas distintas.

Mujer adulta tocándose la sien y mirándose al espejo del baño con expresión de cansancio.
La combinación de medicamentos y suplementos puede causar fatiga, por lo que se recomienda revisar su uso con profesionales de la salud (Imagen Ilustrativa Infobae)

Algunas personas experimentan baja energía sin sensación de sueño. En muchos casos, presentan enfermedades como depresión, cardiopatías, diabetes, trastornos de la tiroides o COVID persistente. Además, deficiencias vitamínicas o de nutrientes como la anemia pueden provocar fatiga.

El componente emocional y psicológico también influye. El duelo, la ansiedad, el llamado síndrome del nido vacío, el síndrome de desgaste profesional o el agotamiento emocional pueden causar fatiga. Señales como la pérdida de apetito, la falta de motivación o el olvido de actividades cotidianas deben analizarse junto al estado físico.

El rol de la medicación

El equipo de la Mayo Clinic advierte sobre una causa frecuente y a menudo ignorada: la medicación. El uso combinado de diversos medicamentos y suplementos puede desencadenar efectos secundarios como la fatiga, especialmente al modificar dosis o tratamientos.

Revisar la lista de fármacos y suplementos con el médico o el farmacéutico puede ayudar a esclarecer la causa del malestar.

Ante la persistencia del cansancio, la Mayo Clinic insiste en la consulta con el equipo de salud para identificar la causa subyacente. El Dr. Aakre recomienda: “Si experimenta fatiga constante, mi consejo es hablar con su equipo médico para intentar descubrir la causa raíz”.

Mujer consulta a una médica en un consultorio, ambas sentadas, con documentos y un vaso de agua en la mesa.
Consultas médicas tempranas ante la fatiga se tornan esenciales para descartar trastornos subyacentes y mejorar la calidad de vida (Imagen Ilustrativa Infobae)

Mientras se determina el origen, existen estrategias caseras para aliviar la fatiga. Mejorar la higiene del sueño es una medida clave: dormir al menos siete horas, evitar pantallas una hora antes de acostarse, procurar ambientes oscuros y frescos, y evitar comidas copiosas o alcohol antes de dormir. Mantener horarios regulares de sueño, tanto para acostarse como para levantarse, favorece la calidad del descanso.

El ejercicio adaptado resulta fundamental. Realizar actividades diarias como caminar o ejercicios con pesas ligeras estimula la función muscular y mejora la energía. El Dr. Aakre destaca la utilidad de prácticas como el yoga, el qigong y el tai chi para reducir la fatiga, en especial en adultos mayores. Es importante evitar el sobreesfuerzo y suspender la rutina si los síntomas se agravan.

Suplementos, remedios naturales y otras opciones

La evaluación cuidadosa de suplementos y remedios naturales constituye otra recomendación habitual. El ginseng ha mostrado utilidad como energizante para quienes padecen fatiga relacionada con el cáncer. Sin embargo, la Academia Americana de Medicina del Sueño desaconseja la melatonina para el insomnio crónico.

Antes de consumir cualquier suplemento, es necesario consultar al equipo médico, ya que su uso puede implicar riesgos de efectos adversos o interacciones peligrosas.

El cansancio persistente puede deberse a insomnio, depresión, enfermedades crónicas o efectos secundarios de fármacos, según expertos en salud (crédito Freepik)
El cansancio persistente puede deberse a insomnio, depresión, enfermedades crónicas o efectos secundarios de fármacos, según expertos en salud (crédito Freepik)

Opciones como la aromaterapia también han arrojado resultados alentadores. Estudios preliminares de la Mayo Clinic indican que el aceite esencial de lavanda podría mejorar la calidad del sueño en adultos mayores, incrementando los niveles naturales de melatonina. Incorporar técnicas de relajación y meditación, como la respiración guiada, contribuye al equilibrio emocional y favorece un descanso profundo.

Antes de iniciar tratamientos con suplementos, medicamentos o remedios caseros, la Mayo Clinic recomienda consultar todo con los especialistas. La automedicación puede ser perjudicial y los efectos suelen variar según la persona. Ninguna intervención debe reemplazar el diagnóstico profesional, ya que identificar la causa subyacente resulta indispensable para recuperar el bienestar.

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