
El entrenamiento intenso no implica necesariamente un mayor riesgo de artrosis. La práctica deportiva adecuada fortalece músculos, huesos, tendones y ligamentos, lo que favorece la resistencia articular frente al desgaste. Estas afirmaciones están respaldadas por un estudio reciente, citado por SportLife, que analizó el impacto del deporte sobre la salud articular a largo plazo.
Las articulaciones pueden adaptarse a cargas crecientes si se acompañan de nutrición preventiva y planificación, desarrollando estructuras óseas y tejidos de soporte más robustos que en personas sedentarias.
Sin embargo, la capacidad de adaptación articular tiene un límite individual. Este rango puede ampliarse mediante entrenamiento progresivo y nutrición, pero superar ese umbral incrementa el riesgo de lesiones musculares y acelera la aparición de artrosis. Este límite varía en cada persona y puede modificarse con hábitos saludables.
Factores de riesgo y señales de alerta

El desarrollo de la artrosis no depende solo de la edad o el sexo. La sobrecarga articular, lesiones previas, mala nutrición, exceso de peso o el uso de material inadecuado incrementan la probabilidad de padecer la enfermedad, asegura el estudio.
Las estrategias de prevención de la artrosis en personas activas incluyen mantener un peso saludable, realizar ejercicios de fortalecimiento muscular, evitar la sobrecarga articular, calentar antes de la actividad física, utilizar el equipo adecuado y respetar los tiempos de recuperación. La Escuela de Medicina de Harvard subraya la importancia de una nutrición equilibrada, la hidratación, el chequeo médico regular y la adaptación progresiva de la intensidad de entrenamiento como medidas clave para proteger las articulaciones y reducir el riesgo de lesiones crónicas y artrosis.
Reconocer los signos de alerta resulta esencial, señalan los expertos. Dolor persistente, rigidez, crujidos o fricción pueden indicar el inicio del daño articular. El avance suele ser progresivo: el cartílago pierde elasticidad y grosor, el hueso queda expuesto y el movimiento se limita.

El autocuidado y la adaptación consciente de los entrenamientos permiten disfrutar los beneficios del ejercicio físico minimizando riesgos. Si el cartílago no protege el hueso y este entra en contacto con otro hueso, el ciclo de dolor y pérdida de movilidad subraya la importancia de anticipar la lesión y preservar la funcionalidad articular.
El caso de los exfutbolistas y la artrosis de tobillo
Un estudio con más de 400 exfutbolistas retirados confirmó que el 73% de quienes presentaban artrosis habían sufrido lesiones en el pie o tobillo durante su carrera, y el 75% recibió infiltraciones de corticoides. Incluso los deportistas profesionales que no tuvieron lesiones presentan articulaciones más deterioradas que quienes no practicaron deporte de alta exigencia.
El fútbol profesional, al ser un deporte de contacto y alta velocidad, implica un riesgo elevado de lesiones en pie y tobillo, sobre todo esguinces y fracturas de metatarsianos. La reiteración de esguinces provoca laxitud en los ligamentos, lo que incrementa el desgaste articular y el riesgo de artrosis. Por eso resulta esencial tratar bien estas lesiones desde el principio para evitar secuelas a largo plazo.

El uso reiterado de inyecciones de corticoides para tratar lesiones articulares puede aliviar el dolor y acelerar la reincorporación a la competición, pero su administración frecuente puede empeorar el daño del cartílago, detallaron los investigadores.
No es la infiltración puntual la que produce artrosis, sino su uso abusivo para seguir compitiendo. El deporte profesional exige una curación rápida, lo que puede traducirse en artrosis y dolor crónico: el ejercicio es salud, pero el deporte de élite conlleva riesgos a largo plazo.
Mantenerse informado sobre las mejores prácticas de prevención y recuperación es clave para quienes practican actividad física con frecuencia. Consultar a especialistas en medicina deportiva, realizar chequeos periódicos y adaptar la intensidad del entrenamiento según la condición física individual permite reducir complicaciones.

Así, es posible aprovechar los beneficios del deporte y minimizar los efectos negativos asociados con el desgaste articular, logrando una vida activa y saludable en el tiempo.
Además, la constancia en el cuidado personal y la conciencia sobre los propios límites resultan fundamentales para prolongar la salud osteoarticular y mantener la movilidad funcional a lo largo de los años.
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