
La idea de que las gafas pueden empeorar la visión persiste, a pesar de los avances en la ciencia oftalmológica y la amplia disponibilidad de información confiable. Este mito, arraigado en la cultura popular, genera dudas sobre el uso de lentes correctores y lleva a muchas personas a posponer exámenes oculares o evitar el uso de anteojos, incluso cuando su calidad de vida se ve afectada.
Sin embargo, los especialistas insisten en que las gafas bien prescritas no solo no dañan la visión, sino que contribuyen a preservar la salud ocular y el bienestar general.
Lentes y salud visual: desmitificando creencias
La creencia de que el uso de anteojos puede provocar dependencia o deterioro visual carece de sustento científico. Especialistas de la Cleveland Clinic indican que utilizar lentes correctores no daña los ojos ni causa dependencia.
La doctora Heather Cimino, optometrista de la institución, sostiene que la prescripción de anteojos se orienta a corregir problemas visuales como miopía, hipermetropía o dificultades para leer de cerca. “Las gafas mejoran la visión al modificar la forma en que la luz incide en los ojos”, explicó Cimino. El objetivo principal es lograr mayor claridad y comodidad en las actividades cotidianas.
La visión experimenta cambios naturales con el paso de los años. Según Cimino, la capacidad de enfoque es óptima en la juventud, pero esta habilidad comienza a disminuir de manera gradual desde finales de los 30 hasta mediados de los 40. En ese periodo, muchas personas detectan la necesidad de ayuda adicional para enfocar de cerca.

Durante la niñez y la adolescencia, los cambios en el ojo pueden ser más pronunciados, por lo que se recomienda realizar exámenes oculares periódicos. En la adultez, aunque la forma del ojo se estabiliza, el cristalino pierde flexibilidad y disminuye la producción de lágrimas. Con el envejecimiento aparecen condiciones como cataratas, glaucoma o degeneración macular relacionada con la edad.
Estas alteraciones están vinculadas al proceso de envejecimiento, y no al uso de gafas, según la Cleveland Clinic. Tanto quienes utilizan lentes como quienes no, experimentan modificaciones en su visión a lo largo del tiempo. El avance de los años explica la aparición de estas patologías, no el empleo de un accesorio óptico.
Adaptación, síntomas y percepciones erróneas
Utilizar una prescripción de anteojos desactualizada o incorrecta puede provocar molestias significativas. Entre los síntomas más habituales se encuentran fatiga visual, dolores de cabeza, visión borrosa o distorsionada y, en ocasiones, sensación de mareo.
La Cleveland Clinic recomienda consultar a un oftalmólogo si estos síntomas persisten o si la visión no mejora luego de cambiar de gafas, para confirmar que la prescripción sea la adecuada.
El proceso de adaptación a una nueva graduación puede generar incomodidad temporal, como dificultad para enfocar o molestias visuales, sobre todo durante las dos primeras semanas de uso. Estos síntomas suelen desaparecer conforme el cerebro se ajusta a los nuevos lentes. No representa una señal de daño, sino una fase de ajuste natural.

Una percepción común es que la visión empeora al quitarse las gafas, lo que refuerza la idea errónea de que las lentes provocan daño ocular. La Cleveland Clinic aclara que, en realidad, el cerebro se ha adaptado a la percepción clara lograda con los anteojos y compensa los errores ópticos.
Al retirar las gafas, la comparación inmediata puede generar la impresión de una disminución súbita de la visión, aunque la capacidad visual real no haya cambiado. “La costumbre de ver bien con las gafas hace que, al quitárselas, el cerebro note con mayor claridad la diferencia”, señaló Cimino.
La sensación de dependencia responde principalmente a la adaptación visual, no a una afectación negativa de la salud ocular.
Hábitos que favorecen la salud ocular
Para mantener una buena salud visual, la Cleveland Clinic sugiere prácticas sencillas: limitar el tiempo frente a pantallas y realizar pausas frecuentes, preferentemente cada 20 minutos, contribuye a reducir la fatiga ocular.
El uso de gafas con filtro de luz azul puede ofrecer protección adicional frente a la exposición prolongada a dispositivos electrónicos. Además, resulta fundamental contar con una prescripción adecuada, mantener una dieta equilibrada y buscar atención médica inmediata ante cambios abruptos en la visión.

Frente a dudas o alteraciones visuales, la consulta con un oftalmólogo es esencial. Solo un especialista puede confirmar si las gafas o los lentes de contacto son apropiados y ofrecer orientación precisa para el cuidado de la visión. Aunque el envejecimiento produce cambios inevitables en los ojos, el uso de gafas sigue siendo una herramienta eficaz para mantener la claridad visual y favorecer una mejor calidad de vida.
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