
La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) es una enfermedad progresiva que afecta la mácula, la región de la retina esencial para la visión central.
Millones de personas en todo el mundo, principalmente mayores de 50 años, ven alteradas tareas como leer, conducir o reconocer rostros debido a esta afección. Aunque la DMAE no causa ceguera total, sí compromete de manera significativa la calidad de vida.
Datos de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW) proyectaron que, para 2040, la enfermedad podría afectar a 288 millones de personas a nivel global. Ante este panorama, la revista Very Well señaló que la detección temprana y el acceso a tratamientos efectivos resultan esenciales.

Formas de presentación y síntomas iniciales
Existen dos formas principales de DMAE: la seca y la húmeda. La forma seca, la más común, evoluciona lentamente y representa entre el 80% y el 90% de los casos. Se caracteriza por la muerte progresiva de células fotorreceptoras en la mácula, según explicó la investigadora Lisa Nivison-Smith de la UNSW.
Mientras que la variante húmeda, menos frecuente pero más agresiva, implica el crecimiento anómalo de vasos sanguíneos bajo la retina, lo que puede llevar a una pérdida rápida de la visión central.
Los síntomas iniciales suelen pasar desapercibidos, imposibilitando un diagnóstico precoz en muchos pacientes. Es común que los afectados no perciban alteraciones hasta etapas más avanzadas. Entre los primeros signos figuran la visión borrosa, dificultad para reconocer rostros, líneas que parecen onduladas y la aparición de manchas oscuras en el campo visual central.

Relevancia de un diagnóstico temprano
La insistencia de los expertos en la detección precoz es unánime. La oftalmóloga Yu Hyon Kim, del Montefiore Health System de Nueva York, resaltó que “lo más importante que las personas pueden hacer para detectar la DMAE a tiempo es realizarse exámenes oculares regulares y cumplir con las citas de seguimiento”. Las guías de la Academia Americana de Oftalmología recomiendan iniciar estos controles desde los 40 años, intensificándolos con la edad y los factores de riesgo.
Los exámenes consisten en la revisión minuciosa de la retina para identificar signos precoces de la enfermedad, incluso antes de que haya síntomas evidentes. El diagnóstico en fases tempranas permite intervenir a tiempo y ralentizar la progresión de la DMAE.
Factores de riesgo y medidas preventivas
La genética y los hábitos de vida influyen notablemente en el desarrollo de la DMAE. La doctora Nivison-Smith destacó que la herencia y el tabaquismo actúan como factores determinantes. Evitar el consumo de tabaco y llevar una vida saludable son recomendaciones clave para retrasar la aparición de la enfermedad.

El uso de suplementos nutricionales especificados en la fórmula AREDS (vitaminas C y E, luteína, zinc, cobre y zeaxantina) se mostró efectivo para ralentizar la progresión de algunas formas de DMAE en etapas concretas. Asimismo, existen investigaciones continuas sobre fármacos y terapias emergentes.
Tratamientos actuales y nuevas opciones
El tratamiento varía según el tipo y la gravedad de la DMAE. Para la variante seca, aún no existe una cura definitiva, aunque se evalúan terapias prometedoras, como un medicamento para la atrofia geográfica.
Su disponibilidad y eficacia a largo plazo todavía están en evaluación, conforme indicaron expertos de la UNSW. Para pacientes con afectación severa, dispositivos de baja visión —lupas o visores de realidad aumentada— ofrecen una mejora funcional para la vida diaria.

Por otra parte, la forma húmeda requiere la aplicación de inyecciones intraoculares de medicamentos anti-VEGF, que impiden el crecimiento de vasos sanguíneos anómalos y estabilizan la función visual.
Algunos pacientes, tras su diagnóstico temprano, incorporan inyecciones como un aspecto fundamental de su rutina médica; este tratamiento permite conservar cierta autonomía, aunque enfrenta limitaciones como la imposibilidad de leer señales de tráfico y patentes. Para él, herramientas como el GPS por voz resultan de gran valor en su día a día.
Perspectivas futuras con recomendaciones clave
Los especialistas coinciden en la necesidad de realizar controles oftalmológicos recurrentes, especialmente a partir de los 65 años o cuando existe historia familiar de DMAE. La doctora Kim insistió en la importancia de no posponer las visitas al oftalmólogo y de actuar ante cualquier alteración visual.

La especialista Nivison-Smith agregó que la mejor estrategia preventiva es una vigilancia sistemática y la adopción de hábitos saludables.
El futuro del manejo de la DMAE apunta hacia una atención más personalizada, gracias a los avances en imágenes de alta resolución de la retina y al descubrimiento de biomarcadores que permitirán adaptar tratamientos y seguimientos. El objetivo será mantener la mejor calidad de vida posible para cada paciente.
Asimismo, una intervención precoz y el cumplimiento de los seguimientos ofrecen la mayor posibilidad para conservar la visión central y atrasar el avance de la DMAE. El compromiso con los controles y el acceso oportuno a terapias permiten mantener la autonomía e independencia durante más años, brindando a quienes conviven con esta enfermedad la oportunidad de continuar con sus actividades cotidianas.
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