
La escena se repite una y otra vez en gimnasios y parques: deportistas que, antes de lanzarse a su rutina, caminan en círculos, pedalean suavemente o dedican unos minutos a estirar y mover el cuerpo. Esta secuencia previa, que para muchos es casi un ritual, tiene ahora un respaldo científico contundente.
Elevar la temperatura de los músculos antes del ejercicio no solo mejora la sensación de movilidad o energía, sino que impacta directamente en la velocidad y la potencia con la que el cuerpo responde al entrenamiento. Atrás quedan las dudas sobre la verdadera utilidad del calentamiento: un nuevo estudio explica por qué su rol puede ser decisivo en el rendimiento físico.
El impacto del aumento de temperatura muscular
Investigadores de la Edith Cowan University, liderados por el Dr. Cody Wilson, han cuantificado los efectos que produce la subida de temperatura en los músculos antes de ejercitarse.
Los resultados, publicados en el Journal of Sport and Health Science, muestran que por cada grado que se eleva la temperatura muscular, el rendimiento mejora cerca de un 3,5%. El hallazgo es particularmente relevante en ejercicios que requieren velocidad y potencia, como los sprints o levantamientos explosivos, mientras que la fuerza máxima permanece sin grandes variaciones.

Wilson explicó que los mayores beneficios se observan en “las propiedades musculares dependientes de la velocidad, como rapidez y potencia, pero no en la fuerza máxima”. Esta precisión ayuda a entender por qué muchos atletas de disciplinas veloces dedican tanta atención a la entrada en calor, buscando justamente potenciar estos aspectos.
El mensaje es claro: preparar el cuerpo antes del esfuerzo no es solo una cuestión de evitar lesiones, sino una estrategia concreta para incrementar el rendimiento allí donde la velocidad y la explosividad resultan claves.
Métodos de calentamiento: activos, pasivos y la importancia de la especificidad
El estudio comparó dos formas principales de preparar los músculos: el calentamiento activo y el pasivo. El primero consiste en moverse suavemente, como pedalear en una bicicleta estática o realizar ejercicios parecidos a los del entrenamiento principal pero en versión ligera. El segundo método eleva la temperatura utilizando fuentes externas de calor, como almohadillas térmicas o duchas calientes, sin necesidad de realizar actividad física previa. Ambos caminos, según los datos recogidos, consiguieron mejorar la capacidad de los músculos para contraerse con mayor rapidez y potencia.

Sin embargo, la diferencia fundamental no estuvo en el método, sino en la adecuación del calentamiento al tipo de esfuerzo que vendría después. “El calentamiento debe ser similar al ejercicio que se va a realizar para activar mejor los músculos y optimizar los patrones de movimiento. La práctica ayuda a que el sistema nervioso aprenda en el momento”, resaltó JP Nunes, coautor del estudio.
Esto significa que simular los movimientos que se realizarán en la sesión principal favorece una mejor transferencia de beneficios y maximiza los resultados. La especificidad se revela así como el verdadero secreto de un calentamiento efectivo.
Señales del cuerpo y el momento ideal para iniciar la rutina
Una pregunta frecuente entre quienes entrenan es cómo saber cuándo el cuerpo está listo para pasar del calentamiento a la fase más intensa. El profesor Tony Blazevich, especialista en biomecánica de la Edith Cowan University, señala que no existen reglas universales, pero sí pistas claras: un ligero sudor, mayor coordinación, movimientos más fluidos y la sensación de que el cuerpo responde con naturalidad indican que la temperatura muscular ha alcanzado el nivel adecuado.

Confiar en estas señales internas resulta más efectivo que seguir un tiempo fijo para todos. Así, cada deportista puede ajustar su entrada en calor en función de cómo se siente y del tipo de ejercicio que realizará. Esta flexibilidad permite adaptar el calentamiento a las necesidades individuales y a las particularidades del entrenamiento, mejorando aún más el potencial de rendimiento.
Sin fórmula única, pero con recomendaciones prácticas
Aunque existe consenso sobre los beneficios de calentar los músculos, la comunidad científica todavía debate cuál es el mejor protocolo. La variedad de métodos, combinaciones y criterios de evaluación dificulta la existencia de una recomendación única para todos los casos. Factores como el sexo, el estado físico o la técnica para medir la temperatura no alteran significativamente los resultados observados.
Por eso, los especialistas de la Edith Cowan University sugieren adoptar una estrategia progresiva: iniciar la actividad con movimientos sencillos y graduales, como caminar o subir escaleras, para que el cuerpo alcance el nivel óptimo de temperatura. De ese modo, el calentamiento se convierte en un aliado imprescindible, no solo para prevenir lesiones, sino para lograr que la velocidad y la potencia estén en su máximo nivel cuando realmente importa.
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