
En la calle Sanabria al 3700, a una cuadra de la estación de tren de Villa Devoto, cinco integrantes de una familia fueron hallados sin vida en el interior de una vivienda de dos plantas.
Las víctimas fueron identificadas como Demetrio De Nastchokine (79), su esposa Graciela Just (73), su hijo Andrés De Nastchokine (43), su pareja Marie Camille Lalanne (40) y su hija de cuatro años, que habían llegado al país de visita desde Italia, donde vivían junto a su otro hijo, un bebé de un año, que fue el único sobreviviente de la tragedia.
Los cuerpos fueron hallados tras un llamado al 911 de un familiar. Personal de Bomberos ventiló el lugar para permitir el ingreso del SAME, que constató los fallecimientos. Según informaron fuentes policiales, las pericias indican que la causa de las muertes fue “en un 99%” intoxicación por monóxido de carbono.
¿Una habitación y una puerta cerrada fueron una oportunidad de vida?

El bebé fue hallado con vida en otra habitación del primer piso, en buen estado general, aunque con signos de exposición al gas. Fue trasladado al Hospital Zubizarreta y luego derivado al Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, donde permanece en terapia intensiva bajo observación.
Según el último parte médico al que tuvo acceso Infobae, el niño evoluciona de forma favorable. Se encuentra bajo monitoreo estricto y con apoyo farmacológico para mantener sus funciones cardíaca y respiratoria.
El equipo evaluaba la posibilidad de trasladarlo a una cámara hiperbárica, una estrategia empleada para acelerar la eliminación del monóxido del cuerpo en pacientes vulnerables.
“El menor estaba en otra habitación y lejos de la familia, por eso se salvó. Pienso que el ambiente debía tener otro tipo de ventilación”, analizó Alberto Crescenti, titular del SAME en declaraciones radiales. Esa diferencia parece haber sido clave.

Ante la consulta de Infobae, el médico especialista en Toxicología del Hospital Durand Francisco Dadic (MN 125795) opinó en la misma línea: “Probablemente el bebé se salvó porque estaba en un dormitorio cerrado. Puede haber estado más lejos de la fuente o con mejor ventilación. El monóxido no mata a todos igual: su efecto depende de muchas variables”. Entre ellas, mencionó “la concentración del gas, el tiempo de exposición, la cercanía a la fuente y la frecuencia respiratoria del paciente”.
En ese sentido, agregó que es frecuente observar cuadros distintos en una misma escena, incluso dentro de un solo ambiente.
“Puede haber una persona con náuseas y otra con convulsiones o que haya muerto. Las diferencias se explican por múltiples factores, como el volumen minuto —es decir, cuánto aire respira cada persona por minuto—, la proximidad a la fuente emisora y el tiempo total de exposición”, detalló. También influye la edad, la condición física y la respuesta individual al gas. En este caso, esas variables podrían haber favorecido la sobrevida del niño.
“Respecto del bebé, probablemente se salvó porque estaría, supongo, la puerta cerrada, es una casa de dos pisos, habría que ver dónde estaba el bebé. Evidentemente la concentración de monóxido fue en distintos lados y ahí no, y por eso se salvó, no es por otra cosa seguramente”, coincidió consultado por este medio el médico toxicólogo Héctor Berzel (MN 83577).
A ese cuadro se suma una explicación adicional brindada por el jefe de toxicología del Hospital Fernández, Carlos Damin (MN 81870): “Definitivamente el bebé se salvó porque estaba en una habitación separada. Además, seguramente estaba acostado, y el monóxido de carbono tiende a acumularse en las capas superiores del ambiente. Eso hace que el aire más cercano al suelo se contamine más lentamente. En esos casos, quien está acostado tarda más en inhalar una dosis letal del gas”.
También remarcó que “el monóxido se difunde muy rápidamente en el aire, por eso el tamaño de la casa no importa. Si hay una fuente emisora, se va a distribuir igual”.
El gas invisible que reemplaza al oxígeno

El monóxido de carbono (CO) es un gas tóxico que se genera por la combustión incompleta de materiales que contienen carbono, como gas natural, leña, carbón o kerosene. Es incoloro, inodoro e insípido, lo que impide detectarlo sin sensores especiales.
“El monóxido de carbono tiene una afinidad por la hemoglobina 250 veces superior al oxígeno”, explicó Dadic. Esa propiedad le permite desplazar al oxígeno en la sangre y provocar asfixia celular. “Esto lo vuelve extremadamente peligroso, sobre todo porque los síntomas se confunden con cuadros gripales”, agregó.
Según el especialista, los efectos dependen de la concentración del gas en el aire —medida en partes por millón— y del tiempo de exposición. “Los síntomas pueden incluir cefalea, náuseas, vómitos, somnolencia, fatiga, convulsiones, insuficiencia respiratoria, infarto o incluso muerte”, detalló.
En su fase aguda, la intoxicación puede desencadenar pérdida de conciencia, coma o paro cardiorrespiratorio. Pero también existen formas crónicas, en las que la exposición prolongada causa alteraciones neurológicas, trastornos del aprendizaje o síntomas psiquiátricos.
El tamaño de la casa no protege

Uno de los aspectos más desconcertantes del caso de Devoto es que ocurrió en una vivienda amplia, de dos plantas, donde el aire debería circular con mayor facilidad.
Sin embargo, el monóxido se acumuló en distintos ambientes y alcanzó niveles mortales.
“La intoxicación con monóxido de carbono no solo ocurre en viviendas pequeñas o precarias. Puede presentarse en casas grandes si hay fallas en los sistemas de calefacción y los ambientes están mal ventilados”, sostuvo Berzel.
Y subrayó que el tamaño de una casa no garantiza seguridad si los conductos están obstruidos o los artefactos presentan fallas que no fueron detectadas.
En el caso de Villa Devoto, la hipótesis principal es que una acumulación progresiva de monóxido —potencialmente originada en un sistema de calefacción sin revisar— fue afectando a los habitantes por sectores.
“Primero se produce somnolencia, después pérdida de conciencia, y luego la muerte”, señaló Berzel. “La diferencia entre una puerta abierta o cerrada puede ser determinante”.
Más casos, más frío, más riesgos

La tragedia de Devoto se inscribe en una tendencia creciente de intoxicaciones por monóxido en los meses de invierno. Según el último Boletín Epidemiológico del Ministerio de Salud de la Nación, en lo que va del año ya se registraron 444 casos confirmados, un 75% más que la mediana histórica de los últimos cinco años.
El incremento se explica por el uso de artefactos de calefacción defectuosos, la falta de controles técnicos y el hábito de cerrar herméticamente los ambientes durante el frío. “La gente tapa rejillas, enciende hornallas o braseros, o usa el horno para calefaccionar sin saber que está generando un riesgo invisible”, advirtió Berzel.
En esa línea, Dadic destacó que todos los años, con el inicio del invierno, se repiten los mismos errores: “Encender estufas sin revisar, no ventilar, o confiar en que una llama azul indica seguridad, cuando no es garantía suficiente”.
Qué hacer para prevenir una intoxicación

Los especialistas coinciden en que todas las intoxicaciones por monóxido de carbono son 100% evitables. Las principales recomendaciones son:
- Hacer revisar todos los artefactos de gas por un gasista matriculado, al menos una vez al año.
- No usar hornallas ni hornos como método de calefacción.
- No tapar las rejillas de ventilación.
- Instalar detectores de monóxido de carbono en puntos estratégicos del hogar.
- Mantener al menos 10 cm de una ventana abierta, incluso en días fríos.
En caso de síntomas como dolor de cabeza, mareo o náuseas, ventilar de inmediato y acudir a emergencias.
“El monóxido no tiene olor. Si se siente olor a gas, es butano o propano con mercaptano añadido”, aclaró Dadic. “Pero si se sospecha una intoxicación, hay que actuar sin demora: abrir ventanas, apagar los artefactos y salir del ambiente”.
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