
Un estudio reciente de la Universidad de Pittsburgh advirtió que la reducción del descanso nocturno vinculada al uso excesivo de dispositivos electrónicos podría incrementar el riesgo de síntomas depresivos en adolescentes.
Según Mayo Clinic, “la depresión en adolescentes es un problema de salud mental grave que provoca un sentimiento de tristeza constante y una pérdida de interés en realizar diferentes actividades. No es una debilidad o algo que se pueda superar con fuerza de voluntad, puede tener consecuencias graves y requiere tratamientos a largo plazo”.
La investigación fue publicada en JAMA Pediatrics y fue liderada por el doctor João Paulo Lima Santos, junto a un equipo de especialistas de la Universidad de Pittsburgh, entre enero y junio de 2024.

El estudio analizó los datos de 976 niños y adolescentes de 21 ciudades de Estados Unidos, con una edad promedio de 9,9 años en la infancia tardía y 11,9 años en la adolescencia temprana. Ninguno presentaba antecedentes de trastornos psiquiátricos al inicio del análisis.
Para explorar la relación entre el uso de dispositivos y la salud mental, se emplearon encuestas de autoinforme, cuestionarios de sueño y escáneres cerebrales. Los participantes estimaron el tiempo diario dedicado a pantallas y el promedio de horas dormidas por noche.
También se aplicó un cuestionario para evaluar el patrón de sueño y la Lista de Verificación del Comportamiento Infantil para identificar síntomas depresivos. Los escáneres cerebrales permitieron observar la organización de la materia blanca en tres tractos asociados con la depresión, el haz cingulado, el fórceps menor y el fascículo uncinado.

De acuerdo con la Universidad de Pittsburgh, el análisis estadístico se realizó en 2024 y concluyó en febrero de 2025, lo que permitió un seguimiento longitudinal a través de la transición de la infancia a la adolescencia.
Principales hallazgos
Los resultados indicaron que cada hora adicional frente a pantallas en la infancia tardía se asoció con un aumento de 0,12 puntos en la puntuación de depresión en la adolescencia temprana, según la Lista de Verificación del Comportamiento Infantil. Aunque este incremento pueda parecer leve, es estadísticamente importante en el contexto de la salud mental adolescente, siempre según los expertos.
Además, el análisis detalló que un sueño más corto y una organización cerebral menos eficiente explicaron el 36,4% del vínculo entre el uso de pantallas y los síntomas depresivos. Además, la reducción del sueño representó el 37,5% de la relación entre el tiempo frente a pantallas y el deterioro en la estructura de la materia blanca.
Los escáneres cerebrales mostraron que los adolescentes con menor tiempo de descanso y mayor exposición a pantallas presentaban una conectividad más débil en áreas responsables de la memoria, la atención y la regulación emocional.
Según los autores, estas conexiones cerebrales eran comparables a “senderos sinuosos en un bosque”, en contraste con “autopistas bien mantenidas”, lo que sugiere una menor eficiencia en la comunicación neuronal.

La materia blanca cerebral facilita la transmisión de señales entre distintas regiones del cerebro. Lima Santos explicó que estas conexiones son como “autopistas” que conectan ciudades. Si no reciben mantenimiento, el viaje entre ellas puede ser lento o verse comprometido.
Esta metáfora busca ilustrar cómo una organización deficiente de la materia blanca puede dificultar la regulación emocional y cognitiva, aumentando el riesgo de desarrollar síntomas depresivos.
El estudio utilizó técnicas avanzadas de neuroimagen para medir la dispersión de la orientación en los tractos de materia blanca, observando que una mayor dispersión se relaciona con peor organización y mayor vulnerabilidad emocional.
Lima Santos destacó que es necesario evaluar con más detalle el tipo y momento de uso de los dispositivos electrónicos. “Nuestro estudio consideró el tiempo frente a pantallas como una categoría amplia, pero el contenido y el momento del día también importan”, afirmó.

El equipo investigador, que incluyó a Adriane Soehner, Candice Biernesser, Cecile Ladouceur y Amelia Versace, sostuvo que no se trata de eliminar por completo los medios digitales, sino de usarlos con criterio.
“Pueden ser beneficiosos, pero cuando afectan el sueño, debemos actuar con mayor cautela”, indicó Lima Santos.
Cabe recordar que entre los factores de riesgo de depresión juvenil, según Mayo Clinic, se encuentran la presión social, problemas familiares o escolares, antecedentes personales o familiares de trastornos afectivos, y el uso inadecuado de tecnologías. La Universidad de Pittsburgh recordó que esto no debe entenderse como una debilidad, sino como una condición que requiere diagnóstico profesional y, frecuentemente, tratamiento especializado.
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