
“Fui a hacerme un chequeo general y me encontraron insuficiencia cardíaca y renal”, afirmó Elián Valenzuela, más conocido como L-Gante, en la mesa de Mirtha Legrand. Según el cantante, de 25 años, su “corazón tiene una válvula con un problema, la sangre marcha, pero vuelve un poco para atrás”. Estas patologías, que aparentemente podrían no tener ninguna relación, en realidad, cuentan con un estrecho vínculo.
La insuficiencia cardíaca y renal comparte una relación clínica estrecha. Según la American Heart Association, más de 64 millones de personas conviven con insuficiencia cardíaca en el mundo, y las muertes por enfermedad renal crónica aumentaron un 24 % entre 1990 y 2021.
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Estas patologías suelen manifestarse de manera simultánea y complican el pronóstico cuando no se detectan de forma temprana. Este cuadro, conocido como síndrome cardiorrenal, ocurre cuando el corazón no bombea con eficacia y reduce el flujo sanguíneo hacia los riñones, los cuales pierden capacidad de filtrado.
Cuando el riñón detecta un descenso en el flujo de sangre, pone en marcha mecanismos hormonales para conservar agua y sodio. Esa respuesta incrementa la presión arterial, fuerza aún más al corazón y alimenta un círculo de deterioro progresivo. El British Heart Foundation compara este vínculo con una red de autopistas entre ciudades: cuando una ruta principal colapsa, otras vías también se congestionan. En el cuerpo humano, corazón y riñones funcionan como un sistema interconectado. La falla de uno compromete al otro.
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Asimismo, los factores de riesgo de ambas enfermedades coinciden en varios puntos, como son la hipertensión, la diabetes y el consumo excesivo de alcohol. Y a medida que los estilos de vida poco saludables se incrementan, la prevalencia de estas afecciones aumenta, lo que hace que más personas sufran de enfermedades cardiovasculares y renales simultáneamente.
¿Qué causa la insuficiencia cardíaca y cómo se relaciona con los riñones?

“La insuficiencia cardíaca se produce cuando el músculo cardíaco no bombea sangre de la manera que debería. Cuando esto sucede, la sangre a menudo retrocede y el líquido se acumula en los pulmones”, señala Mayo Clinic, ya que el corazón puede debilitarse por enfermedad coronaria, hipertensión o trastornos valvulares.
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Esa pérdida de eficacia reduce el volumen de sangre que llega a los riñones, lo que altera su capacidad de filtrado y, “si no se trata, puede causar insuficiencia renal”, advierten desde Mayo Clinic. En tanto, la American Heart Association considera que tratar la enfermedad renal “reduce la morbilidad y la mortalidad por enfermedades cardiovasculares”, ya que ambas afecciones progresan juntas.
Para decirlo de manera sencilla, el vínculo funciona como un sistema de riego en una finca: si la bomba principal pierde presión, el agua no llega con fuerza suficiente a los cultivos más alejados. Esto provoca que la tierra comience a secarse y que los sistemas secundarios intenten compensar. Sin embargo, se saturan.
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Lo mismo ocurre con los riñones cuando el corazón pierde fuerza: reciben menos sangre, no filtran bien y activan mecanismos que terminan dañando más al corazón.
En ese tono, el British Heart Foundation agregó: “Cuando el corazón deja de bombear sangre eficazmente, se congestiona, lo que aumenta la presión en la vena principal conectada a los riñones y también provoca congestión renal”. En paralelo, el sistema hormonal se sobrecarga, eleva la presión arterial y agrava la carga del corazón.
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¿Cuáles son los factores de riesgo comunes para la insuficiencia cardíaca y renal?

Las mismas condiciones que afectan al corazón deterioran los riñones: la hipertensión, la diabetes, el sobrepeso y el tabaquismo figuran entre las principales. La Fundación Española del Corazón indica, en ese tono, que “la anemia, las enfermedades de tiroides y el aumento de la presión arterial provocan una mayor demanda de sangre corporal que, en ocasiones, un corazón sano tampoco es capaz de atender”.
Al tiempo que la American Heart Association advierte que “por cada 10 libras de aumento de peso (NdeR: unos 4,5 kilos) a lo largo del tiempo, puede haber un aumento de hasta un 30 % en el riesgo de disminución de la función renal”. Tres de cada cinco personas con daño renal temprano también presentan enfermedad cardiovascular.
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Cuáles son los síntomas de la insuficiencia cardiaca

De acuerdo con la Fundación Española de Corazón, la insuficiencia cardiaca puede ser una enfermedad que no presente síntomas durante mucho tiempo (asintomática). Sin embargo, cuando se manifiesta, estos signos son:
- Cansancio anormal por esfuerzos: antes no estaban presentes (incluso, con fatiga muscular)
- Respiración fatigosa: “Si al estar acostado se presenta una sensación de ahogo que obliga a levantarse y dormir sentado”, resaltan desde la entidad
- Sensación de plenitud del abdomen, con una consecuente anorexia (falta de apetito)
- Tos seca y persistente: aunque no es tan común, este síntoma puede aparecer debido a la retención de líquido en los pulmones o el uso de algunos fármacos.

- Sensaciones de mareo, confusión, mente en blanco y breves pérdidas de conciencia: es la consecuencia de una reducción del flujo sanguíneo al cerebro.
- Insuficiencia Renal relacionada con la Insuficiencia Cardíaca: como se explicó, al no contar con un flujo de sangre a los riñones suficiente y se produce una “reacción en cadena” que puede manifestarse con retención de líquidos, la cual se evidencia en piernas, tobillos o abdomen.
- Falta de aire (disnea) con el esfuerzo y mala tolerancia al ejercicio por fatiga.
Cuáles son los síntomas de la insuficiencia renal

“La enfermedad renal es una patología que puede evolucionar progresivamente. Se puede haber perdido hasta el 80% de la función renal, pero no se registran los síntomas”, había dicho a Infobae la presidenta de la Sociedad Argentina de Nefrología, la médica María Marina Papaginovic Leiva.
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“Como siguen orinando, los pacientes creen que los riñones funcionan bien. Pero esos órganos tienen diferentes funciones y una de ellas es la capacidad de generar orina. En casos de personas con la enfermedad, la filtración renal no es efectiva para eliminar toxinas por la orina”, agregó la experta.
Y completó: “Habitualmente la enfermedad renal no da síntomas. Por eso, muchos pacientes llegan al diagnóstico cuando ya se perdió más del 50% de la función renal. Lo más importante es la derivación a un profesional de la nefrología, quien está especializado en la patología y puede indicar el tipo de comidas y el tratamiento adecuados para cada paciente”.
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Algunos de los síntomas en el estadio más avanzado pueden ser:
- Falta de apetito
- Mucha sed
- Fatiga y anemia
- Calambres
- Hinchazón en la cara y las manos
- Insomnio
- Dolor de cabeza
¿Cómo se diagnostica y trata el síndrome cardiovascular-renal-metabólico?

El diagnóstico del síndrome cardiovascular-renal-metabólico se realiza a través de dos pruebas clave: La primera mide la cantidad de albúmina en la orina, una proteína que los riñones normalmente filtran (si no están funcionando correctamente, se filtra en exceso); y la segunda es la tasa de filtración glomerular estimada (eGFR), que mide qué tan bien los riñones filtran la sangre.
Una vez realizado el diagnóstico, “la enfermedad cardíaca y renal combinada suele tratarse con varios medicamentos. El control de la hipertensión arterial es fundamental”, señala la American Heart Association.
Los fármacos más comunes incluyen inhibidores de la ECA, diuréticos, betabloqueantes y bloqueantes de la aldosterona, los cuales ayudan a reducir la presión arterial y a proteger los riñones. Es importante tener en cuenta que el tratamiento requiere un monitoreo constante para evitar que los medicamentos afecten negativamente los riñones.
“Un medicamento que protege el corazón puede comprometer los riñones”, advierte la British Heart Foundation. Debido a esto, es necesario ajustar los fármacos según la respuesta del paciente y llevar un control estrecho para asegurarse de que ambos órganos estén funcionando correctamente.
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