
El resfriado de verano, a menudo eclipsado por los más frecuentes del invierno, es un fenómeno que recuerda que los virus no discriminan entre estaciones. Un día soleado y caluroso no garantiza inmunidad.
Las causas subyacentes de los resfriados en verano son similares a las de cualquier resfriado tradicional. Según Cleveland Clinic, estos son provocados por más de 200 virus diferentes que se propagan fácilmente a través de estornudos, tos o contacto cercano con una persona infectada.
Los rhinovirus, conocidos por afectar predominantemente durante el invierno, son los más frecuentes para causar síntomas respiratorios superiores. Tal y como explica el Dr. Matthew Badgett, de Cleveland Clinic, son responsables de síntomas típicamente invernales, como el moqueo o congestión nasal.
Sin embargo, cuando se trata de resfriados de verano, los enterovirus son los principales responsables. Además de causar síntomas respiratorios, también pueden afectar el sistema digestivo, provocando así síntomas adicionales más allá de los habituales de un resfriado.

La distinción entre un resfriado de verano y otras enfermedades similares, como las alergias estacionales u otras afecciones respiratorias, puede ser un desafío. Las alergias se manifiestan con síntomas como nariz que moquea o garganta irritada, pero no causan trastornos digestivos como muchos resfriados de verano.
Como explica el estadounidense Instituto Nacional de Salud (NIH), al revisar los virus responsables del resfriado, los enterovirus, a diferencia de los rhinovirus, existen ampliamente y causan entre 10 a 15 millones de enfermedades cada año en Estados Unidos, principalmente durante los meses de junio a octubre. Un dato interesante proporcionado por el NIH es que aproximadamente la mitad de las personas infectadas no presentan síntomas.

Los síntomas específicos del resfriado de verano incluyen tanto manifestaciones respiratorias como digestivas. Respiratoriamente, puede manifestarse a través de tos, fiebre, malestar general, dolor de cabeza, congestión nasal, y dolor de garganta. Digestivamente, se presentan síntomas como diarrea, náuseas, vómitos y malestar estomacal.
Según el NIH, los enterovirus pueden llevar a una fiebre repentina, con temperaturas que oscilan entre 38 y 40 grados, y afectan la garganta, los ojos, y el sistema digestivo, además de eventualmente causar otras infecciones secundarias menos comunes como la conjuntivitis o enfermedades que vienen acompañadas de erupciones en la piel.
Las medidas para aliviar los síntomas de un resfriado de verano son similares a las de cualquier resfriado en otras estaciones. Cleveland Clinic sugiere seguir la dieta BRAT (bananas, arroz, compota de manzana y tostadas) para aliviar problemas estomacales, naúseas y diarreas.
Gárgaras con agua salada o remedios caseros para aliviar el dolor de garganta, beber mucha agua, tés y bebidas con electrolitos para prevenir la deshidratación son también medidas comunes. Para el alivio de la tos nocturna, sugieren medicación específica o baños calientes antes de dormir.
Se recomienda también el uso de miel, tomar siestas para descansar lo suficiente, y sprays nasales salinos y humidificadores para eliminar flemas o moco.
Cleveland Clinic aconseja evitar tocar la cara, ojos, nariz y boca para impedir la infección; desinfectar los espacios del hogar y superficies que se tocan frecuentemente; aislarse hasta que la fiebre cese; cubrir estornudos o toses en el codo en lugar de las manos; lavarse las manos con agua tibia y jabón o usar desinfectantes; y, cuando sea necesario, usar una máscara facial para proteger a otros.
El NIH enfatiza que el bloqueo de la transmisión viral es clave para prevenir infecciones por enterovirus y otros virus similares, mencionando que estos se propagan a través de secreciones respiratorias como la saliva o el moco, o mediante el contacto directo con superficies contaminadas. Para disminuir el riesgo de contagio, se sugiere lavarse las manos frecuentemente y evitar la exposición a personas enfermas.
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