
*Grupo INECO es una organización dedicada a la prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades mentales. A través de su Fundación INECO, investiga el cerebro humano.
La deglución es un proceso complejo que se produce al ingerir líquidos y alimentos, requiriendo la coordinación de los músculos de la boca, que también están implicados en el habla; como así también la lengua, la laringe y la faringe, llegando hasta el esófago para poder transportar los alimentos hacia el estómago.
Existen 4 etapas a lo largo del proceso de deglución, el cual comienza con la primera etapa, la colocación del alimento en la boca, donde se mastica y forma el bolo alimenticio con ayuda de la saliva.
Durante la etapa oral, algunas personas pueden presentar problemas en este proceso, tales como dificultades para llevar la comida a la boca (por ejemplo, temblores en la mano o falta de fuerza de prensión); para mantener el bolo durante la masticación (debido a falta de cierre labial por debilidad de los labios), o dificultades en la masticación y trituración de los alimentos por falta de piezas dentarias.
La falta de saliva, posiblemente causada por ciertos medicamentos, puede afectar la lubricación del bolo alimenticio. A su vez, signos tales como la presencia de degluciones fraccionadas (necesidad de tragar varias veces el mismo alimento), o de restos de comida en la boca después de tragar, dan cuenta de un funcionamiento deficitario del proceso.

“Además, existe el riesgo de que el alimento caiga hacia la faringe y laringe antes de ser tragado correctamente, producto de un proceso de deglución lentificado. Este retraso aumenta el riesgo de atragantamiento y la posibilidad de aspiraciones, donde el alimento puede pasar a los pulmones, lo que representa un grave riesgo para la salud respiratoria”, comentó la licenciada Francisca María Bourdieu, integrante del departamento de Fonoaudiología para Adultos de INECO.
La fase faríngea, involuntaria, comienza con el reflejo de deglución, donde la lengua transporta el alimento hacia la faringe. Aquí, se protege la vía aérea mediante la acción de varios esfínteres laríngeos para prevenir aspiraciones hacia los pulmones. Problemas tales como movimientos faríngeos y laríngeos reducidos pueden llevar a la acumulación de comida en la laringe, aumentando el riesgo de aspiración y causando diferentes síntomas como: carraspeo, tos, atragantamiento, voz húmeda, pérdida de peso corporal no explicada y neumonías recurrentes, que son indicativos de este riesgo.
En línea con ello, la profesional de INECO dio a conocer: “Posibles alteraciones en la etapa faríngea que incluyen debilidad muscular faríngea y falta de protección de la vía aérea (entrada de los pulmones), puede provocar la acumulación de restos de comida en la faringe, con dificultad para eliminarlos o limpiarlos, aumentando así el riesgo de aspiración.”
En la etapa esofágica, se relaja el esfínter cricofaríngeo (boca del esófago) para que la comida pase al esófago para luego llegar al estómago por medio de movimientos peristálticos de los músculos que lo recubren. Problemas con los movimientos esofágicos pueden causar síntomas como reflujo gastroesofágico y regurgitaciones.

“Cuando se produce una alteración en algunas de las etapas descritas anteriormente, y existe riesgo de que la comida pase a los pulmones (aspiraciones), estamos ante la llamada ‘disfagia’, que se define como un trastorno para tragar alimentos sólidos, semisólidos y/o líquidos. Es de suma importancia su diagnóstico y tratamiento efectivo, ya que dicha patología puede causar desnutrición en el paciente y aumentar el riesgo de contraer neumonías por aspiración e infecciones respiratorias”, agregó la licenciada Bourdieu.
Entre las causas más frecuentes de disfagia se encuentran los accidentes cerebro-vasculares (ACV), el traumatismo encéfalo craneano (TEC), tumores encefálicos, enfermedades inflamatorias del encéfalo (por ejemplo, encefalitis, enfermedades desmielinizantes), y enfermedades degenerativas del Sistema Nervioso Central, como el Parkinson, el Alzheimer y la esclerosis lateral amiotrófica. En pacientes con enfermedades neurológicas, adultos mayores o personas institucionalizadas en geriátricos, su prevalencia puede oscilar entre un 30-60%, con grados de severidad variables. Estos pacientes pueden llegar a necesitar un modo de alimentación alternativo (vía enteral) en casos de extrema gravedad.
Por lo tanto, es crucial que, ante la sospecha de disfagia por la presencia de la sintomatología descrita previamente, se consulte con el médico clínico o de cabecera para que realice los estudios pertinentes y ponga en marcha tratamientos eficaces que ayuden a prevenir complicaciones tanto nutricionales como respiratorias. Es importante destacar que el profesional responsable del tratamiento de pacientes con disfagia es el fonoaudiólogo.
A continuación, la licenciada en Fonoaudiología de INECO brindó algunas sugerencias para llevar a cabo al momento de la alimentación:









Evitar preparaciones secas o con granos pequeños dado que suelen dificultar la deglución. La presencia de migas o partículas pequeñas puede provocar ahogos.
En caso de que se detecten dificultades para comer o beber, tragar, ahogos o accesos de tos durante la comida, se sugiere consultar con el médico de cabecera.
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