
La elección entre un desayuno dulce o salado puede influir significativamente en nuestra salud y bienestar. La decisión depende de varios factores, incluidas las necesidades nutricionales individuales y las preferencias personales. A
Los desayunos dulces, como cereales, pastelería o frutas, proporcionan una rápida fuente de energía gracias a los azúcares naturales y los carbohidratos. Sin embargo, un exceso de azúcar puede llevar a picos de glucosa y, eventualmente, a una caída de energía durante el día.
En cmabio, los desayunos salados, como huevos, palta y tostadas integrales, suelen ofrecer proteínas y grasas saludables que contribuyen a una sensación de saciedad más duradera y un suministro de energía constante. Estos alimentos suelen estar más equilibrados y pueden ayudar a estabilizar los niveles de glucosa en sangre.

La alimentación al inicio del día ha generado siempre controversias. Tradicionalmente, los desayunos dulces, como la pastelería y los cereales azucarados, han sido los más comunes en muchas generaciones. Sin embargo, las tendencias alimentarias han cambiado significativamente, variando entre opciones dulces y ensaladas.
Paula Serrano, dietista-nutricionista y miembro de la Academia Española de Nutrición y Dietética, explica que ningún alimento específico debe considerarse esencial en cada comida. Aclara que no hay una comida más importante que otra, y lo crucial es el aporte de nutrientes global y la calidad nutricional de los alimentos. “No hay ninguna comida obligatoria al día”, aseguró al suplemento de salud de El Confidencial Serrano, aunque sugiere desayunar en casos de antojo o para evitar llegar con demasiada hambre al mediodía.
Los desayunos dulces tradicionales como café con leche y azúcar, acompañados de tostadas con mantequilla y mermelada, galletas o magdalenas, están siendo reemplazados por opciones más saludables. Esto incluye alimentos como tostadas con palta, queso fresco, jamón o huevos revueltos, que han ganado popularidad especialmente entre los milenials, señaló Serrano.

Un desayuno rico en grasas saludables, como el aguacate, y en proteínas de calidad, como el huevo, puede resultar más saciante y energético. Estos nuevos hábitos ayudan a evitar el consumo entre horas y a mantener la energía de manera constante.
Serrano enfatiza en que no hay necesidad de demonizar el consumo de dulces en el desayuno siempre y cuando éstos sean saludables. Algunos ejemplos recomendados incluyen yogur con fruta, tostadas con pasta de maní y plátano, o avena con frutas y canela.
La experta también desaconseja el consumo diario de cereales azucarados o pastelería industrial debido a su alto contenido de azúcar, que puede desregular los niveles de glucosa y reducir la energía durante el día. Además, los estudios indican que quienes desayunan dulces pueden consumir una media de 300 kilocalorías adicionales diarias.
En cuanto al café, Serrano advierte sobre la adición de azúcar, ya que esta práctica puede alterar la microbiota intestinal. Se recomienda consumir café o té sin azúcar ni edulcorantes, excepto en casos de patologías específicas donde esté contraindicado.
En conclusión, un desayuno salado tiende a ser más saludable que uno dulce debido a su capacidad para proporcionar proteínas y grasas saludables que contribuyen a una mayor saciedad y estabilidad en los niveles de glucosa en sangre. Sin embargo, es fundamental prestar atención a la moderación y la calidad de los alimentos elegidos en ambos tipos de desayuno. Optar por opciones integrales y naturales, evitando excesos de azúcar y grasas saturadas, puede ayudar a mantener una dieta equilibrada y favorecer una mejor salud a largo plazo.
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