
(Ernie Mundel) Los padres frustrados con los niños que aparentemente están pegados a sus teléfonos, se animen: una nueva investigación encuentra que puede separarlos de sus dispositivos.
Dos enfoques parecen funcionar mejor: limitar las pantallas durante las comidas o la hora de acostarse, y modelar las buenas conductas frente a las pantallas, según un equipo de la Universidad de California, San Francisco (UCSF).
“Estos resultados son alentadores porque ofrecen a los padres algunas estrategias concretas que pueden usar con sus preadolescentes y adolescentes pequeños: establecer límites de tiempo frente a las pantallas, hacer un seguimiento del uso de las pantallas de sus hijos y evitar las pantallas en los dormitorios y a la hora de las comidas”, señaló el primer autor del estudio, el Dr. Jason Nagata.
“Además, trata de poner en práctica lo que predicas”, añadió Nagata, pediatra de los Hospitales Pediátricos Benioff de la UCSF.

Su equipo publicó sus hallazgos en la edición del 5 de junio de la revista Pediatric Research. El estudio se enfocó en preadolescentes, niños de 12 y 13 años de edad.
“Queríamos observar a los adolescentes jóvenes, en particular, porque se encuentran en una etapa en la que el uso de los teléfonos móviles y las redes sociales con frecuencia aumenta y establece el rumbo de los hábitos futuros”, explicó Nagata en un comunicado de prensa de la UCSF.
Recurrieron a una cohorte de más de 10,000 personas que participaron en el estudio Adolescent Brain Cognitive Development (ABCD). Se pidió a los padres del estudio que estuvieran de acuerdo o en desacuerdo con afirmaciones como “Mi hijo se queda dormido usando un dispositivo basado en pantalla”.

Las respuestas a preguntas como esa fueron clave, encontraron los investigadores, porque si los padres estaban de acuerdo en que su hijo a menudo se quedaba dormido con un teléfono u otra pantalla cerca, el uso diario de la pantalla de ese niño aumentaba en un promedio de 1.6 horas.
Y si los padres dijeron que sus hijos a menudo revisaban los teléfonos a la hora de las comidas familiares, el uso diario de las pantallas del niño también aumentó en un promedio de casi 1.3 horas, encontró el estudio.
Por otro lado, establecer reglas que prohibieran el uso del teléfono en la mesa y/o en el dormitorio redujo el uso diario de un preadolescente en un promedio de 1.29 horas, reportó el grupo de Nagata.
Incluso "monitorear" el uso de un teléfono por parte de un niño en las comidas o antes de acostarse tuvo un impacto, reduciendo el uso diario de la pantalla en 0.83 horas, en promedio.
Lo que mamá y papá hacían con sus dispositivos también importaba.

Lo que los investigadores llamaron "modelado deficiente" por parte de los padres añadió 0.66 horas al día al tiempo de pantalla de los adolescentes, en comparación con los hijos de padres que eran más selectivos sobre cuándo usaban teléfonos u otras pantallas.
Una táctica que no funcionó: repartir tiempo adicional frente a la pantalla a los niños como “recompensa” por el buen comportamiento, o restringirlo como castigo.
Los preadolescentes de padres que participaron en ese tipo de tácticas en realidad pasaron un promedio de 0.36 horas más al día viendo pantallas, encontró el estudio.
De todas las medidas que los padres pueden tomar para reducir el uso de los medios por parte de los niños, prohibir las pantallas en el dormitorio podría ser la más importante, dijo Nagata.
"El tiempo frente a la pantalla a la hora de acostarse desplaza el tiempo de sueño, que es esencial para la salud y el desarrollo de los adolescentes jóvenes", explicó. "Los padres pueden considerar mantener las pantallas fuera de la habitación de sus hijos y apagar los dispositivos y las notificaciones durante la noche".
Para más información y obtener la recomendación más reciente sobre el uso de los medios de comunicación por parte de los niños, diríjase a la Academia Estadounidense de Pediatría.
FUENTE: Universidad de California, San Francisco, comunicado de prensa, 5 de junio de 2024
©The New York Times 2024
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