
“Fumar es un placer, genial, sensual”, cantaba Sara Montiel en la película “El último Cuplé” estrenada en el año 1957, bajo la dictadura de Francisco Franco, quien censuró las estrofas siguientes referidas al placer relajante del cigarrillo luego de una relación sexual.
El fumar está asociado a muchos actos placenteros, por ejemplo: después de la comida, con las infusiones, las charlas con amigos, luego de una situación de tensión psíquica. Su poder persuasivo, como toda sustancia adictiva, está ligada a esa vivencia de placer que se asocia con hábitos de la vida cotidiana.
A lo largo de la historia ha sufrido reveses, sobre todo en esas últimas décadas, gracias a las campañas de difusión, a la prohibición de fumar en lugares públicos y a la concientización de los daños que provoca. Y como toda sustancia adictiva que circula por el cuerpo tiene su efecto en distintos sistemas, incluida la fisiología sexual. Muchos de sus efectos indeseables sobre los genitales pueden volver atrás cuando se deja el hábito/adicción, excepto que el consumo crónico haya provocado lesiones irreversibles.

¿Cuáles son los efectos sobre la función sexual?
Problemas en la erección
Según los resultados de un estudio presentado en una de las conferencias anuales sobre epidemiología y prevención de enfermedades cardiovasculares de la American Heart Association (julio 2020), se evidencia que “los hombres que fumaban más de 20 cigarrillos al día tenían un 60 % más de riesgo de disfunción eréctil que los hombres que nunca habían fumado”.
Afortunadamente, la función eréctil puede mejorar cuando una persona deja de fumar. Un estudio prospectivo mostró una mejora del 25 % en la disfunción eréctil para los exfumadores un año después de dejar de fumar en comparación con ninguna mejora en los fumadores actuales”.

Las sustancias patógenas del cigarrillo afectan los vasos sanguíneos que llevan la sangre al pene. La erección es un complejo proceso fisiológico que necesita de vasos que dejen pasar el flujo de sangre para que se dilaten los cuerpos cavernosos del pene provocando la erección. Los vasos, por la acción de los tóxicos, se contraen y no dejar pasar un volumen de sangre suficiente.
Problemas en la excitación sexual femenina
El mismo proceso fisiológico de vasodilatación ocurre en la excitación femenina. La llegada de sangre a la pelvis y a los genitales aumenta la turgencia de los mismo y desemboca en la lubricación. “Un ensayo cruzado, aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo demostró que las mujeres que consumieron 6 mg de nicotina 40 minutos antes de ver una película erótica experimentaron una disminución del 30 % en la excitación sexual fisiológica.

Fumar es perjudicial para las hormonas sexuales (andrógenos y estrógenos), que también pueden tener el efecto de mitigar la respuesta sexual y, en el caso de las mujeres, disminuir la lubricación vaginal. Finalmente, el flujo sanguíneo reducido a los genitales causado por vasos sanguíneos dañados puede disminuir su sensibilidad y afectar aún más la respuesta sexual” (Diario de Medicina Sexual. 2008).
Problemas en la fertilidad
Los efectos del cigarrillo sobre las hormonas y las gónadas (testículos y ovario) ha sido corroborada por diferentes estudios (Revista de Biología reproductiva y Endocrinología. Año 2020). Se sabe que la acción de las sustancias contenidas en los cigarrillos baja el número y la motilidad de los espermatozoides y reduce el número de óvulos y acelera la menopausia.

Problemas en la respiración y la resistencia al ejercicio
Sabemos que todo acto erótico/sexual requiere de movimientos y de un esfuerzo físico a la hora del coito. Para los fumadores este ejercicio aeróbico puede resultar difícil por la falta de aire y por el cansancio rápido que aparece. Además, se suman otros factores que alejan los cuerpos: el mal aliento, los dientes manchados, o el olor a tabaco de la sudoración.
Problemas en la relación
Cuando en una pareja es uno el que fuma pueden aparecer problemas que se agravan con la convivencia. Al principio se puede aceptar como una acción individual, pero a lo largo del tiempo molesta y pone al que no fuma en una situación de impotencia. Se ponen límites para fumar adentro de la casa, delante de los hijos, en reuniones familiares, pero esto no es suficiente para calmar la preocupación que aparece en el miembro de la pareja que no fuma.

Por un lado se piensa en la responsabilidad individual, en la decisión personal para dejar de fumar, pero por otro, la otra parte de la relación se cuestiona su capacidad para convencer a su amado/a, sufre por los problemas de salud que pudieran aparecer, no sabe cómo actuar, sigue la vida de relación a sabiendas de que algún momento esa aparente armonía familiar puede sufrir un revés por los efectos dañinos del cigarrillo, más aún, si el fumador ya ha tenido algún síntoma o enfermedad asociada al consumo.
*Walter Ghedin, (MN 74.794), es médico psiquiatra y sexólogo
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