
Clínicamente, hay descritas, al menos, 8000 enfermedades poco frecuentes o raras, las cuales están definidas por la prevalencia que tienen en la población. Estas patologías presentan una prevalencia “menor a cinco personas por cada 10.000 habitantes o dicho de otro modo, una cada 2000″, según la Sociedad Argentina de Pediatría.
Estas patologías son condiciones de salud con patrones específicos de signos, síntomas y hallazgos clínicos definidos, que afectan a un escaso número de personas en una población determinada. Según datos de la Federación Argentina de Enfermedades Poco Frecuentes (FADEPOF), unas 3.6 millones de argentinos viven con, al menos, una enfermedad poco frecuente, siendo que el 72%, es decir 7 de cada 10, son de origen genético, y de ellas, el 70% se manifiestan al nacer o durante la niñez. Esta cifra que representa a “1 de cada 13 personas y, en promedio, 1 de cada 4 familias”.
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El pasado 29 de febrero, se conmemoró el Día Mundial de las Enfermedades Poco Frecuentes (EPOF), que tiene por objetivo concientizar y promover el desarrollo de políticas que garanticen el acceso a la salud y otros derechos de las personas que las padecen. Una de estas patologías es la PAF-TTR (Polineuropatía Amiloidótica Familiar por TTR), también conocida como hATTR (Amiloidosis Hereditaria por Transtiretina), la cual es progresiva y forma parte de un grupo de enfermedades llamadas Amiloidosis.

“Las EPOF tienen una baja prevalencia en la población, siendo menor o igual a uno cada dos mil habitantes, pero que en su conjunto son muy frecuentes”, explicó a Infobae el médico Esteban Calabrese (MP 15724), Médico Neurólogo especialista en Enfermedades Neuromusculares en Ineco Neurociencias Grupo Oroño, Rosario.
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En ese sentido, el experto señaló: “La amiloidosis hereditaria asociada a transtiretina o polineuropatía amiloidótica familiar, es una de estas enfermedades poco frecuentes donde lo que se produce es un plegamiento anormal de una proteína, la transtiretina o TTR, que tenemos todos en nuestro cuerpo y es la encargada de transportar la vitamina A y la tiroxina (en la hormona tiroides) y ese plegamiento anormal lleva el depósito de amiloide en diferentes órganos de nuestro cuerpo con el consiguiente mal funcionamiento de los mismos. Los principales órganos afectados son el corazón y el sistema nervioso periférico, pero es una enfermedad multiorgánica puede estar afectada la meninge puede afectar el ojo puede afectar el riñón”
Lo cierto es que las EPOF son enfermedades crónicas, complejas, progresivas, discapacitantes y, en ciertos casos, potencialmente mortales. Se estima que 3 de cada 10 niños con estas patologías morirán antes de cumplir los 5 años. Pese a que se calcula que estas condiciones afectan entre el 4 y el 8% de la población mundial, publicaciones recientes refieren que constituyen hasta el 10% de la población mundial, con un estimado de más de 300 millones de personas en todo el planeta.
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Según los expertos, el mayor desafío es llegar a un diagnóstico certero. En promedio, puede tardar entre 5 y 10 años, y hasta ocho visitas a distintos especialistas, para lograr identificar la patología, siendo que más de cuatro de cada diez personas reciben al menos un diagnóstico errado durante el proceso.
Qué es la Amiloidosis Hereditaria por Transtiretina (Polineuropatía Amiloidótica Familiar)
Esta patología poco frecuente, hereditaria y progresiva afecta el sistema nervioso y distintos órganos del cuerpo. El nombre polineuropatía sugiere una enfermedad que afecta muchos nervios. Se llama amiloidótica porque su daño está asociado al depósito de fibras proteicas denominadas amiloides, que tiene impacto en la estructura y en la función de los tejidos afectados.
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“Los principales síntomas son dolor de tipo urente y alteraciones de la sensibilidad a nivel de las extremidades, que comienza en los pies con mayor frecuencia, y tienen una respuesta parcial a los tratamientos sintomáticos indicados”, señaló Calabrese. Pese a esta enumeración, lo cierto es que el principal obstáculo para diagnosticar la enfermedad radica en que sus síntomas son inespecíficos. Además de los postulados por el experto, los más frecuentes incluyen mareos, diarrea, constipación, dificultades para caminar, hormigueos en las piernas, siendo que la afección clínica aparece alrededor de los 30 años o incluso después de los 60 años, en algunos fenotipos.

“Los primeros estudios neurológicos pueden ser normales ya que se afecta la fibra fina del nervio y con la evolución va afectando la parte motora. También es muy común el compromiso del sistema nervioso autónomo, es decir el sistema nervioso que no podemos controlar por nuestra voluntad y se encarga, por ejemplo, de la inervación del intestino lo que puede llevar a que el paciente presente constipación o diarreas en forma alternante; puede tener saciedad precoz, pérdida de peso”, destacó el especialista.
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Asimismo, agregó que “puede haber - si la afectación es del sistema cardiovascular - una variabilidad en la frecuencia cardíaca, signos de hipotensión ortostática y episodios sincopales; y si la afectación es a nivel del sistema genitourinario, puede haber impotencia sexual en el varón y episodios de retención urinaria o incontinencia”. Esta patología, según los expertos, afecta el cuerpo por goteo y los primeros síntomas pueden aparecer hasta 20 años antes de una manifestación más clara de la hATTR, ya que el depósito de amiloide se va generando lentamente.
“Es una enfermedad con retraso en el diagnóstico y creo que la principal causa de este retraso es la falta de antecedentes claros de la enfermedad en la familia y es muy importante el poder tener la sospecha para un diagnóstico precoz. El rol de los estudios genéticos mediante nuevas técnicas, permiten confirmar en forma rápida y segura desde el punto de vista genético la etiología de esta patología”, señaló Calabrese.
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Por su parte, César Crespi (MP 115.409 / MN 124.765), Médico Hepatólogo Centro de Referencia en Enfermedades Raras y de Dificultoso Diagnóstico (CERyD) del Hospital San Juan de Dios de La Plata, completó: “Si existe la sospecha, la confirmación patológica de depósito amiloide y el diagnóstico genético son altamente recomendados. Además, investigaciones adicionales como evaluación neurológica, cardíaca, autonómica y oftalmológica, pueden dar más seguridad para obtener el diagnóstico correcto”.
“Lo primero que se hace cuando llega un paciente es un buen examen físico y si tiene síntomas en los miembros inferiores, un electromiograma es uno de los estudios más importantes, el otro estudio de relevancia es el ecocardiograma (una ecografía del corazón), y también se puede solicitar un tilt test (poner al paciente en una camilla y cambiar de posición y ver cómo reacciona su sistema cardiovascular) si las manifestaciones clínicas lo ameritan. Básicamente sería eso y después según la sintomatología uno puede indagar en otros tejidos y órganos”, detalló Crespi.
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“Es de extrema importancia el diagnóstico precoz de esta patología, ya que permite poder instaurar un tratamiento específico que cambia el rumbo de la enfermedad, enlenteciéndola. Existen tratamientos con marcada eficacia y ya hay experiencia en su uso en nuestro medio”, aseguró Calabrese.

Al tiempo que Crespi concluyó: “El test genético es un componente crucial para determinar la enfermedad, más aún en pacientes con historia familiar o con un conjunto de síntomas que representen signos de alerta. En familias con una mutación conocida se pueden realizar test genéticos directos para esa mutación, pero cuando se desconoce la mutación o cuando no hay historia familiar se debe realizar secuenciación completa del gen TTR para la identificación de la variante genética correspondiente”.
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Cuáles son las señales de la Amiloidosis Hereditaria Asociada a la Transtiretina en el organismo
Los síntomas, pese a que son enumerados por los expertos, son denominados inespecíficos porque pueden corresponder a otras patologías. Es por eso que, cuando se manifiestan en conjunto, es necesario acudir a un experto, ya que la primera señal de alarma es un cuadro de neuropatía sensitivo-motora progresiva, a la cual se le puede sumar uno o más síntomas:

- Disfunción autonómica precoz (disfunción eréctil, hipotensión ortostática)
- Manifestaciones gastrointestinales (diarrea crónica, alternancia entre constipación y diarrea)
- Pérdida de peso no intencional
- Hipertrofia cardíaca, arritmias, bloqueos ventriculares o miocardiopatía
- Síndrome de túnel carpiano bilateral
- Insuficiencia renal (proteinuria o hiperazoemia leve)
- Opacidades vítreas
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