
En la actualidad nos enfrentamos a una problemática que ha ido en aumento en los últimos años y que afecta a personas de todas las edades y géneros: las autolesiones.
Aunque se producen en distintos rangos etarios estas formas de autoagresión se dan mayormente en púberes y adolescentes. La autolesión no suicida es el daño deliberado del propio tejido corporal en ausencia de cualquier intención de morir. Aunque los informes de este comportamiento abarcan siglos, los casos informados han aumentado drásticamente en los últimos 20 años.
Las autolesiones son acciones autoinfligidas deliberadas que una persona realiza para hacerse daño a sí misma, sin la intención de suicidarse. Pueden manifestarse de diversas maneras como cortarse, quemarse, golpearse, arañarse o morderse.

Los pacientes refieren que proporcionan un alivio temporal a la angustia y aunque no resuelven el problema ese desahogo lo sienten como necesario. Esta práctica inmersiona al adolescente en un ciclo asfixiante de remordimiento, culpa y vergüenza. Algunos pacientes refieren también hacerlo por odio a sí mismos, pero son la minoría.
El dolor detrás de las autolesiones
Detrás de este comportamiento, existe un dolor emocional profundo que resulta muy difícil de expresar de otra manera, son un síntoma de un problema subyacente que merece ser atendido. Las autolesiones no son un intento de llamar la atención, sino una expresión del dolor psíquico profundo que la o el adolescente no logran manejar de otra manera y una práctica privada.
Muchas veces, aquellos que se autolesionan pueden sentir que es la única forma de liberar la tensión emocional o una manera de expresar emociones que son difíciles de comunicar con palabras.

Los adolescentes pueden recurrir a las autolesiones como una forma de sobreponerse a emociones abrumadoras, estrés, ansiedad o estados depresivos. También cuando han sido víctimas de violencia y no se sienten en condiciones de contarlo porque se encuentran amenazados o deben convivir con las personas que los agreden.
Las autolesiones pueden estar relacionadas con diversos factores de riesgo, como trastornos de salud mental, experiencias traumáticas, abuso, bullying o dificultades emocionales, expectativas o presiones académicas o mandatos familiares y sociales excesivas o no acordes al sentir del adolescente.
Algunas señales de advertencia pueden incluir:
- Cortes, quemaduras u otras marcas inexplicables en el cuerpo.
- Uso frecuente de mangas largas o ropa que cubra la piel, incluso en climas cálidos.
- Aislamiento social y retirarse de amigos y familiares.

- Cambios llamativos en el estado de ánimo o comportamiento.
- Hablar de sentimientos de desesperanza, inutilidad o querer desaparecer.
Dentro de las investigaciones realizadas se encontró que en una muestra de adolescentes que asistieron a servicios médicos de emergencia después de una autolesión, estas eran más comunes en adolescentes que en niños y en la mayoría de los casos eran el resultado de problemas emocionales y de salud mental, como depresión y ansiedad.
Con relación a presiones externas, un estudio de 2006 investigó la relación entre el acoso escolar y las autolesiones en adolescentes. Encontraron que los que eran víctimas de acoso escolar tenían un mayor riesgo de involucrarse en autolesiones como una forma de hacer frente al estrés y la angustia.

Algunos estudios han explorado la relación entre la identidad de género y las autolesiones en adolescentes, y aunque la investigación en este campo es limitada, algunos hallazgos sugieren que los adolescentes que experimentan una discordancia entre su identidad de género y el sexo asignado al nacer pueden enfrentar un mayor riesgo de autolesiones.
Los y las adolescentes transgénero pueden enfrentar discriminación, rechazo social y violencia debido a su identidad de género, lo que también puede contribuir a su vulnerabilidad y a las autolesiones como una forma de hacer frente a estas experiencias traumáticas y angustiantes, según una investigación publicada en The Lancet Child & Adolescent Health, en 2020.
Las autolesiones y el uso redes sociales han sido temas de interés en la investigación psicológica. Algunos estudios han examinado la relación entre el uso de internet y las autolesiones en adolescentes. Aunque la conexión no es causal, se han identificado algunos posibles factores de riesgo asociados:

- Exposición a contenido perjudicial. Los adolescentes pueden encontrarse con contenido dañino en línea, como imágenes o foros que promueven o normalizan las autolesiones.
- Cyberbullying. El ciberacoso o la intimidación en línea pueden ser una fuente significativa de estrés y ansiedad para los adolescentes, lo que podría aumentar el riesgo de autolesiones.
- Uso de internet como escape. Algunos adolescentes pueden recurrir a internet como una forma de escapar de problemas emocionales o situaciones difíciles, lo que podría aumentar la vulnerabilidad a las autolesiones.
Un estudio de 2012 encontró que Internet juega un papel en la autolesión de los jóvenes, ya que pueden encontrar información y comunidades que normalizan o perpetúan estas conductas.
Algunos estudios también han demostrado que los adolescentes que se autolesionan tienen más probabilidades de tener pensamientos y comportamientos suicidas en comparación con aquellos que no se autolesionan. Además, la frecuencia y severidad de la autolesión también parecen estar relacionadas con un mayor riesgo suicida.

Es fundamental abordar las autolesiones desde una compresión profunda del fenómeno entendiendo que solo son la punta del iceberg. No se trata de prácticas caprichosas sino que esconden un serio entramado de dificultades emocionales.
Es importante evitar el estigma y el juicio de valor. Exponer a un adolescente a su conflicto de manera cruda o confrontativa no lo ayuda.
Los y las adolescentes que se autolesionan están soportando un dolor psíquico profundo y merecen ser escuchados y apoyados.
Los psicólogos y psicólogas especialistas en adolescencia pueden ofrecer apoyo y herramientas para abordar las causas subyacentes de este síntoma y lograr la recuperación y ayudar a las familias en el acompañamiento.
* Sonia Almada es licenciada en Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Magíster Internacional en Derechos Humanos para la mujer y el niño, violencia de género e intrafamiliar (UNESCO). Se especializó en infancias y juventudes en Latinoamérica (CLACSO). Fundó en 2003 la asociación civil Aralma que impulsa acciones para la erradicación de todo tipo de violencias hacia infancias y juventudes y familias. Es autora de tres libros: La niña deshilachada, Me gusta como soy y La niña del campanario.
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