
El síndrome de Dravet es una enfermedad neurodegenerativa descrita por primera vez hace 45 años. Forma parte del grupo de epilepsias de mala evolución, que se caracterizan por el deterioro cognitivo y los trastornos de la conducta que provocan.
Según datos internacionales, representa entre 1 y 3 de cada 100 casos de epilepsias detectados en el primer año de vida. Si bien los pacientes no suelen responder a los tratamientos habituales para los cuadros de epilepsia, en los últimos años la aparición de nuevas terapias y medicaciones, como el cannabis farmacéutico, comienzan a aportar mejoras en su calidad de vida.
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“Se presenta principalmente entre los 5 y 8 meses de edad en niños previamente sanos y se caracteriza por crisis epilépticas (convulsiones) generalizadas o focales, que en las primeras etapas a menudo son prolongadas y asociadas a fiebre, con una duración mayor a 15 minutos”, explicó el neurólogo infantil Alberto Espeche (MN 91050), vicepresidente de la Liga Argentina contra la Epilepsia (LACE).
El experto señaló que, cuando un lactante atraviesa crisis febriles prolongadas o crisis afebriles focales clónicas recurrentes de uno y otro lado (alternantes), debe sospecharse de la presencia de este trastorno e iniciar el estudio genético rápidamente, a fin de obtener un diagnóstico temprano y poder comenzar una estrategia terapéutica.
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El nombre de “síndrome de Dravet” fue propuesto por el neurólogo infantil argentino Natalio Fejerman, en reconocimiento a la doctora Charlotte Dravet, quien describió esta forma de epilepsia en 1978. La iniciativa fue aceptada por la Liga Internacional de Epilepsia en 2001, durante el Congreso Mundial de Epilepsia en Buenos Aires. Además, en 2014, se instauró el Día Internacional del Síndrome de Dravet, que se conmemora cada 23 de junio para informar y sensibilizar sobre esta enfermedad, además de recaudar fondos para su investigación.
Alrededor del 85% de los casos se vincula a una mutación o deleción en el gen SCNI1A (cromosoma 2q24.3), que codifica un canal de sodio esencial para la excitabilidad neuronal. En su mayoría son mutaciones de novo, es decir, un cambio en el ADN de un gen que aparece en una persona sin antecedentes previos. Menos del 10% de los casos se atribuye a una herencia familiar, formando parte de un espectro de epilepsias generalizadas asociadas a fiebre.
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“Es un trastorno infrecuente, con una incidencia estimada en 1 de cada 40.000 nacidos vivos en los Estados Unidos. Un estudio poblacional en Gran Bretaña reportó una incidencia similar. Otros autores refieren que representan entre el 1% y el 3% de las epilepsias que se inician en el primer año de vida. En la Argentina no tenemos datos confiables de incidencia de síndrome de Dravet, pero en un estudio que realizamos en el Hospital Materno Infantil de Salta, en 2018, representó el 3% de las epilepsias de inicio en los dos primeros años de vida”, detalló el doctor Espeche, quien además es Jefe del Servicio de Neurología del centro de salud salteño.
El impacto del síndrome de Dravet en la vida cotidiana

El síndrome de Dravet afecta sustancialmente la vida de los niños y de su entorno cercano debido a la severidad del cuadro clínico y la falta de respuesta al tratamiento. Repercute en diferentes aspectos de la rutina diaria, con un impacto directo a nivel personal, emocional, social y económico en las familias que transitan esta enfermedad.
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“Durante los primeros años, la recurrencia de crisis epilépticas, frecuentemente prolongadas y asociadas a fiebre, requieren una gran cantidad de internaciones. Por la refractariedad al tratamiento, las familias realizan muchas consultas en busca de una respuesta de lo que está sucediendo a su bebe. Se requiere la utilización de múltiples fármacos con alteración de la dinámica familiar y del niño y en muchos casos hay efectos adversos secundarios a la medicación”, explicó Espeche.
Después del primer año de vida, tanto la alteración genética como la epilepsia producen en el niño retraso del lenguaje e inestabilidad de la marcha y posteriormente en el inicio de la edad escolar trastorno del aprendizaje, discapacidad intelectual y trastornos de la conducta. “Este cuadro requiere una asistencia y tratamiento específico, que priorice la calidad de vida del niño y de la familia, el aprendizaje en el ámbito escolar y la búsqueda de la mayor independencia posible en la adolescencia y la adultez. Por eso es importante un diagnóstico temprano, un tratamiento adecuado para reducir las complicaciones y acompañar a la familia en la discapacidad que esta enfermedad produce”, agrega el experto.
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En este contexto, las terapias de rehabilitación, como la estimulación temprana, que traten el desarrollo del lenguaje, la interacción social y los aspectos intelectuales y motores, son una herramienta importante cuando la intervención se realiza en los primeros años de vida.
Cómo son los tratamientos

La terapia cetogénica
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El tratamiento inicialmente se basa en drogas anticrisis epilépticas (anticonvulsivantes) y el resultado suele ser desalentador. “Hay medicamentos como la difenilhidantoina, la carbamazepina y la lamotrigina que deben evitarse porque empeoran el cuadro clínico”, advirtió el mismo experto.
En la Argentina, desde el Servicio de Neurología Infantil del Hospital Garrahan, se ha investigado intensamente este síndrome epiléptico y los especialistas han publicado varios estudios referidos al tema. El centro de salud porteño se convirtió en el primero en el mundo en ofrecer a sus pacientes la terapia cetogénica como alternativa no farmacológica en el síndrome de Dravet con respuesta favorable.
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La introducción de nuevos medicamentos y de estos tratamientos no farmacológicos permitió una reducción en el número de crisis y una mejoría clínica de los niños. “No obstante, el pronóstico a largo plazo sigue siendo grave y es común que los afectados presenten discapacidad intelectual y epilepsia intratable en la adolescencia y la vida adulta. La frecuencia de las crisis disminuye con el tiempo, pero en la mayoría de los casos continúan con crisis epilépticas de frecuencia semanal o mensual durante su evolución”, puntualizó el médico.

Cannabis medicinal
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En 2013, una niña llamada Charlotte respondió al tratamiento con cannabis medicinal en los Estados Unidos y su caso despertó el interés de la comunidad científica global, que impulsó múltiples estudios. En los últimos años, el cannabidiol ha sido utilizado en el tratamiento de las epilepsias refractarias y en especial en el síndrome de Dravet.
“Debemos destacar la importancia del cannabidiol como medicamento, resaltando la necesidad de que sea realizado con buenas prácticas de elaboración, cumpliendo una serie de procesos de fabricación que permitan alcanzar índices de calidad y seguridad óptimos en su manufactura. Conocer la materia prima y los excipientes con los que se realizan es importante para indicar una dosis correcta priorizando la seguridad del niño que recibe el tratamiento. Hoy en la Argentina contamos con productos con buena calidad de elaboración, aprobados por ANMAT, y que son los que deben utilizarse en estos casos”, destacó Espeche.
El primer derivado del cannabis aprobado como producto farmacéutico en Argentina por ANMAT fue el Convupidiol, el único hasta el momento en utilizar CBD farmacéutico y no fitoterapéutico, con trazabilidad y buenas prácticas de manufactura. Es el único equivalente a Epidiolex aprobado en los Estados Unidos por la FDA para el tratamiento de la misma patología.
Un ensayo realizado recientemente en Argentina aportó nuevas evidencias que confirmaron los beneficios del cannabidiol. Tras un año de seguimiento a 158 pacientes con diagnóstico de epilepsia refractaria, se detectó que el 81% redujo la cantidad de convulsiones y la mayoría de ellos lo hizo en un 50% o más.
En el marco del Día Internacional de esta enfermedad, el doctor Espeche resumió los desafíos para su abordaje en la importancia del diagnóstico temprano y un adecuado y responsable manejo de los fármacos anticrisis epilépticas (anticonvulsivantes).
“También, hay que enseñar a la familia el manejo del evento convulsivo, capacitar a las unidades de emergencia en el tratamiento del estado de mal convulsivo tanto en el domicilio, durante el traslado en las ambulancias y el arribo a los servicios de emergencia en los hospitales. Debemos acompañar a las familias explicándoles el trastorno neurológico que presenta su hijo y las consecuencias en la vida cotidiana, las posibilidades de respuesta de los medicamentos y sus efectos adversos, y los derechos que estas tienen de recibir todos los tratamientos médicos como está estipulado en la Ley Nacional de Epilepsia”, concluyó.
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