
El asma es una de las principales enfermedades no transmisibles (ENT), que afecta a niños y adultos. Causada por la inflamación y el estrechamiento de las vías respiratorias finas en los pulmones, puede presentarse en forma de tos, sibilancias, disnea y opresión torácica.
Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el asma es una de las enfermedades más prevalentes en el mundo y se estima que un 10% de la población mundial la padece. Actualmente se calcula que 330 millones de personas en todo el mundo padecen la enfermedad, que causa aproximadamente 250.000 muertes anuales.
Y desde el organismo aseguran que el sub diagnóstico, la falta de adherencia al tratamiento y la creciente polución son factores que agravan la enfermedad, sus formas agudas y los decesos, año a año.

El primer Día Mundial del Asma, en 1998, se celebró en más de 35 países conjuntamente con la primera Reunión Mundial sobre el Asma celebrada en Barcelona, España. La participación aumentó con cada día mundial que se celebra desde entonces, y la efeméride se convirtió en uno de los eventos de educación y concienciación sobre el asma más importantes del mundo.
En su edición de este año la fecha está auspiciada por la Global Initiative for Asthma (GINA), y se celebra hoy 2 de mayo, como una iniciativa para concienciar a la población de las cargas que supone dicha enfermedad a quien la padece y de la posibilidad de tenerla bajo control, llevando una vida saludable sin limitaciones.
En la Argentina, la patología es más habitual en áreas urbanas que en la rural, y se cree que por efecto de la contaminación en el aire.
Según datos de la Primera Encuesta de Prevalencia de Asma (2015) realizada por la Asociación Argentina de Medicina Ambulatoria (AAMA), se estima que una de cada dos personas que padecen la enfermedad no lo saben. En Argentina, se cree que al menos cuatro millones de personas sufren de asma, lo que significa que se registran alrededor de 15.000 internaciones debidas a crisis asmáticas (casos agudos). Las muertes, en tanto, escalan a alrededor de 400 al año.

“El asma puede producirse por estímulos ambientales como la contaminación o el aire frío, pero también por alérgenos, infecciones respiratorias, estrés emocional, el humo del tabaco, y muchos desencadenantes más en individuos predispuestos. Habitualmente es variable a lo largo del día, y mejora al utilizar medicación inhalada”, explicó la médica especialista en Neumonología del Hospital Británico, Josefina Pascua Rigada.
Para la jefa de la División Neumonología del Hospital de Clínicas, Ana Putruele, “la alergia a los animales, la polución del aire en las grandes ciudades, el uso desmedido de perfumes, el consumo de antiinflamatorios, el ciclo menstrual en la mujer y el estrés constituyen algunas de las variables que pueden disparar la enfermedad”.
Y tras destacar que “cuando el paciente no se trata, su quehacer cotidiano va siendo más y más complicado”, la neumología sostuvo que “si bien no se puede hablar de cura en el asma es importante decir que con los tratamientos adecuados, la enfermedad es controlada y la calidad de vida de quien la padezca es como la de cualquier otro”.
“A pesar de que la mayoría de los asmáticos presentan una afección leve, las crisis -exacerbaciones- pueden llegar a ser muy severas con requerimiento de internación e incluso fatales. Por eso, la principal indicación que hacemos desde la especialidad en neumología es la consulta temprana ante cualquier sospecha, ya que es una enfermedad que presenta, en la mayoría de los casos, buena respuesta ante los tratamientos cuando estos se realizan a tiempo”, remarcó la especialista del Hospital Británico.

Los síntomas más frecuentes del asma son la disnea, que es la sensación de falta de aire, silbidos en el pecho, y tos o bien opresión torácica. Una vez que se diagnostica la patología, el tratamiento se basa en el uso de inhaladores con función anti inflamatoria y broncodilatador. En casos moderados o graves, que se diagnostican a tiempo, existe una amplia variedad de medicación, que permite que la persona lleve adelante una rutina normal, y que la enfermedad se mantenga controlada.
A la hora de prevenir la enfermedad, las especialistas coincidieron en recomendar dejar de fumar y controlar las exposiciones ocupacionales (es el asma que ocurre cuando se inhalan vapores químicos, gases, polvo u otras sustancias en el trabajo), que son dos puntos clave en la prevención primaria de la aparición del asma en adultos. En la infancia, la principal manera de prevenir la enfermedad es evitar el humo del tabaco en los ambientes o cercanías. La consulta temprana ante la aparición de síntomas permite evitar crisis severas.
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