
Los vecinos de la localidad bonaerense de Lincoln se vieron precupados por estos días ante la aparición de un caracol gigante que fue confundido con el peligroso Caracol Gigante Africano.
Pero agentes del Centro Regional Buenos Aires Norte del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) aseguraron que se trata de un caracol conocido vulgarmente con el nombre de “caracol blanco” (Megalobulimus sp.), del cual existen, en nuestro país, al menos tres especies dentro del género Megalobulimus.
Dentro de la fauna de moluscos nativos de Argentina, esta especie es una de las de mayor tamaño, alcanzando los 10,5 cms de longitud y suele confundirse frecuentemente con el Caracol Gigante Africano (Lissachatina fulica) principalmente por su similitud de forma y tamaño de la conchilla.
Es importante saber que esta especie posee características biológicas muy distintas al caracol gigante africano, principalmente en cuanto a su potencial reproductivo ya que el caracol blanco ovipone en promedio 2-3 huevos por año, en comparación con el caracol africano que puede llegar a oviponer hasta 1000 huevos al año. Este último dato es sumamente clave, ya que su preservación y conservación son fundamentalel para reducir el impacto en esta especie.

El peligro del caracol gigante africano (mide hasta 20 centímetros y tiene el borde de su caparazón partido, de forma helicoidal y de color violeta oscuro), es que puede transmitir parásitos causantes de enfermedades por lo que se recomienda lavar bien la verdura si se está en una zona donde frecuenten.
En la Argentina, el caracol gigante africano fue registrado por primera vez en 2010 en Puerto Iguazú, Misiones, y años más tarde fue detectado en la ciudad de Corrientes, siendo éstos los únicos dos focos reconocidos hasta el momento. Esta especie exótica oriunda del este de África fue declarada por el Ministerio de Ambiente como dañino y perjudicial para la conservación de la biodiversidad, las actividades productivas y la salud humana por ser una especie invasora y hospedadora de ciertos tipos de gusanos, potenciales causantes de enfermedades zoonóticas.
Hace una semana se conoció que personal de Senasa acudió al municipio de Eldoraro en Misiones luego de recibir denuncias sobre ejemplares de este tipo. Tras recorrer la zona, se capturaron 15 ejemplares de la plaga para prevenir su dispersión, el pasado 22 de diciembre, en un arroyito ubicado sobre la calle San Luis en el km. 9 de la ciudad, tras un aviso de un ciudadano. En Eldorado el primer foco se detectó a fines de abril de 2019, donde el personal del Senasa junto al municipio llevaron a cabo actividades de erradicación, monitoreo e información a la comunidad.

Cómo llegó al país
El caracol “Achatina fulica”, originario del este de África, se introdujo en América, Asia, Oceanía y Europa a causa de la acción del hombre, quien facilitó su rápida dispersión, fundamentalmente para su cría como alimento. La dispersión también se debió al traslado involuntario adherido a vehículos y a camiones usados en cosechas, a su uso como carnada, al comercio de plantas en macetas, donde se alojan los huevos, y a su tráfico como mascota.
El caracol gigante africano es considerado una plaga gracias a su capacidad de reproducción y porque puede llegar a producir graves daños en ecosistemas y cultivos tropicales. Además del impacto que puede ocasionar sobre la agricultura y la fauna de caracoles de la zona, también puede transmitir parásitos perjudiciales para la salud humana y la de otros animales.
Dichos parásitos están presentes en la baba del caracol y pueden contaminar frutas y verduras, que en el caso de no ser lavadas correctamente pueden causar enfermedades de origen zoonótico a las personas. “Este tipo de caracol puede ser portador de nematodos (parásitos) que son perjudiciales para la salud humana. Por eso se recomienda no tocarlos y manipularlos con precaución. Desde el punto de vista del medio ambiente también son muy nocivos porque debido a su velocidad de reproducción y su falta de predadores naturales pueden constituirse en una plaga en muy poco tiempo. Y como tienen un crecimiento muy rápido y comen cualquier cosa pueden constituirse en un peligro para los cultivos”, explicó Emilio Rey, del Senasa.
A diferencia del caracol nativo conocido vulgarmente con el nombre de “caracol blanco”, el africano puede medir hasta 20 centímetros y tiene el borde de su caparazón partido, de forma helicoidal y de color violeta oscuro.
Recomendaciones del Senasa
• No tocar caracoles.
• Evitar el contacto con la baba del caracol ( Achatina fulica ), especialmente con ojos, nariz y boca.
• Lavar con agua potable las verduras.
• Si tocó el caracol, lavar inmediatamente las manos. También hacerlo luego de tocar las superficies que puedan haber estado en contacto con la baba de caracol.
• No comer caracoles.
• No utilizarlos como carnada, mascota o adorno.
• No utilizar venenos contra el caracol, ya que pueden afectar a niños, mascotas o fauna nativa.
• Elimine del jardín restos de madera, materiales de construcción, tejas o cualquier elemento que pueda ser utilizado como refugio por el caracol.
• En caso de ser necesario, tomar los caracoles con guantes impermeables, colocarlos en una bolsa, aplastarlos y enterrarlos. Los guantes también deben ser enterrados o quemados.
• No permitir que los niños participen de la captura de los caracoles.
• No trasladar caracoles hacia otras zonas. Tener precaución al trasladar plantas u otros elementos del hogar donde los caracoles o sus huevos podrían alojarse.
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