
Pese a que son conocidas las consecuencias de la automedicación y los médicos desaconsejan a las personas que tomen medicamentos sin indicación de un profesional, los analgésicos podría decirse que se ubican a la cabeza de los que se consumen sin que un profesional de la salud lo aconseje.
Incluso las publicidades televisivas muestran gente común yendo a la farmacia por algo que alivie su dolor de espalda, de cabeza, o de cuello, por citar algunos ejemplos.
Ahora, especialistas del Instituto Nacional de Excelencia en Salud y Atención (Nice, por sus siglas en inglés) aseguran que hay “poca o ninguna evidencia” de que los medicamentos comúnmente utilizados para el dolor primario crónico hayan hecho alguna diferencia en la calidad de vida, el dolor o la angustia psicológica de las personas.
Los analgésicos como el paracetamol, el ibuprofeno, la aspirina y los opioides pueden hacer “más daño que bien” y no se deben recetar para tratar el dolor primario crónico, coincidieron los expertos. Incluso el borrador de la guía, publicado ayer lunes, dice que hay evidencia de que pueden causar daño, incluida la adicción.
El dolor primario crónico es una condición en sí misma que no puede explicarse por otro diagnóstico o como síntoma de una condición subyacente, describieron desde Nice. Se caracteriza por angustia emocional significativa y discapacidad funcional con ejemplos que incluyen dolor crónico generalizado y dolor musculoesquelético crónico.

El presidente del comité de orientación, Nick Kosky, aseguró que si bien los pacientes esperaban un diagnóstico claro y un tratamiento efectivo, la complejidad de la afección lleva a que los médicos de cabecera y los especialistas pueden encontrarlo muy difícil de manejar.
El consultor psiquiatra de la fundación de Dorset Healthcare NHS University agregó: “Este desajuste entre las expectativas del paciente y los resultados del tratamiento puede afectar la relación entre los profesionales de la salud y los pacientes, una posible consecuencia de lo cual es la prescripción de medicamentos ineficaces pero dañinos”.
"Esta guía, al fomentar una comprensión más clara de la evidencia de la efectividad de los tratamientos para el dolor crónico, ayudará a mejorar la confianza de los profesionales de la salud en sus conversaciones con los pacientes -amplió-. Al hacerlo, les ayudará a gestionar mejor las expectativas propias y de sus pacientes".
Nice aseguró que aproximadamente un tercio a la mitad de la población puede verse afectada por el dolor crónico, mientras que casi la mitad de las personas con la afección tienen un diagnóstico de depresión y dos tercios no pueden trabajar debido a eso.

El borrador de la guía, que está abierto a consulta pública hasta el 14 de agosto, dice que a las personas con dolor primario crónico se les debe ofrecer programas de ejercicio grupales supervisados, algunos tipos de terapia psicológica o acupuntura.
También recomienda que se consideren algunos antidepresivos para personas con dolor primario crónico.
Pero insistieron en que el paracetamol, los medicamentos antiinflamatorios no esteroideos como la aspirina y el ibuprofeno, las benzodiacepinas u opioides no deberían ofrecerse porque hay “poca o ninguna evidencia de que tuvieran alguna diferencia en la calidad de vida, el dolor o la angustia psicológica de las personas”.
Asimismo, el borrador de la directriz también dice que los fármacos antiepilépticos, incluidos los gabapentinoides, los anestésicos locales, la ketamina, los corticosteroides y los antipsicóticos, no deberían ofrecerse a las personas para controlar el dolor primario crónico porque, una vez más, “hay poca o ninguna evidencia de que estos tratamientos funcionen, pero podrían tener posibles daños”.
Según el director del centro de directrices de Nice, Paul Chrisp, “cuando muchos tratamientos son ineficaces o no se toleran bien, es importante comprender cómo el dolor está afectando la vida de una persona y de quienes lo rodean porque saber qué es. Lo importante para la persona es el primer paso para desarrollar un plan de atención eficaz”.
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