
El país lidera el mercado internacional ocupando el quinto lugar en la exportación de aceite y otras preparaciones de maní.
La mayor parte del cultivo se concentra en Córdoba, que aporta el 75% de la superficie y alberga casi la totalidad de las plantas de procesamiento industrial. Sin embargo, en los últimos años también se expandió hacia el norte de Buenos Aires, San Luis, La Pampa y Santa Fe. “El suelo apto para el maní debe ser franco-arenoso y contar con condiciones climáticas adecuadas”, explicó Fracanzani al remarcar que más al sur los riesgos de heladas dificultan el ciclo del cultivo.
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Sólo en el primer semestre del año, las ventas al exterior crecieron casi 30% respecto del mismo período de 2024. Durante el año pasado, las exportaciones alcanzaron los 1.190 millones de dólares, el valor más alto de los últimos 22 años, según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca.
En materia comercial, la Unión Europea y el Reino Unido son los principales destinos del maní argentino, aunque el producto llega a más de 100 países en Asia, África y América. “Es un punto de orgullo del sector tener una cuota de mercado tan importante en los países más exigentes en términos de calidad y seguridad alimentaria”, señaló Fracanzani.
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A nivel mundial, China, India y Nigeria son los mayores productores de maní con cáscara, en tanto que la Argentina ocupa el 8° puesto en este ranking, con 1,48 millones de toneladas en 434 mil hectáreas sembradas por unos 900 productores. Se estima que la cadena es responsable de 12.000 puestos de trabajo directos e indirectos y que casi la totalidad de la producción de maní y sus derivados se destina a la exportación.

Los principales destinos de los productos de maní sin cáscara son los Países Bajos, seguidos por Reino Unido y Polonia; de aceite de maní en bruto, China y Estados Unidos; y de preparaciones de maní, el Reino Unido, Israel, Australia, Chile, Nigeria y Nueva Zelanda, entre otros.
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El escenario económico, sin embargo, plantea desafíos. Los costos de producción se mantienen elevados, en particular los vinculados al arrendamiento de la tierra, que se ubican por encima de los de otros cultivos como la soja. Al mismo tiempo, los precios internacionales muestran una tendencia a la baja.
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