
En Las Breñas, Chaco, la alfalfa ocupa un lugar clave en los sistemas productivos de la región. Reconocida por su calidad forrajera, esta leguminosa se utiliza tanto para consumo interno como para exportación.
En esa zona del sudoeste chaqueño, se logran entre seis y nueve cortes anuales, con rendimientos de hasta 120 fardos por hectárea. Cada unidad pesa en promedio 22 kilos.
Con la mirada puesta en optimizar la producción, un equipo de especialistas del INTA se dedica a evaluar distintas variedades de alfalfa en condiciones locales. El objetivo es identificar los cultivares con mejor rendimiento, persistencia y adaptación al ambiente chaqueño.

Ensayos comparativos
Estas tareas forman parte de la Red Nacional de Alfalfa, que coordina ensayos en 14 sitios distribuidos en diferentes regiones del país. Allí se estudian entre 16 y 24 cultivares sin reposo invernal. La evaluación se realiza bajo condiciones específicas de suelo y clima, lo que permite observar su desempeño real en cada zona.
En Las Breñas, los cultivares se estudian en parcelas experimentales. Los cortes se hacen en momentos fenológicos clave, lo que permite un seguimiento riguroso del crecimiento, la cobertura vegetal y la producción total de forraje.
Resultados destacados
En el último ciclo completo —la serie 2018— se evaluaron 22 cultivares durante cuatro años. El material EBC 909 Max alcanzó el mayor rendimiento acumulado: 51 toneladas de materia seca por hectárea, superando el promedio registrado en la zona, de 44. También sobresalieron Pro INTA Súper Monarca y PGW 931, con 49 toneladas cada uno, y Pro INTA Mora, con 48.
Uno de los aspectos más valorados en estas evaluaciones es la persistencia de la cobertura vegetal. En la serie 2018, la cobertura inicial fue del 92 %, y al cierre del ciclo se ubicó en 78 %. La caída más marcada se observó a partir del segundo año, un dato clave para estimar la durabilidad del cultivo bajo condiciones locales.
Nuevos materiales en estudio
Actualmente, se encuentran en evaluación materiales como Amaya, Traful y Limay, desarrollados por INTA Manfredi junto a la empresa Palo Verde. Se trata de cultivares multifoliados, tolerantes a suelos pesados y con buen comportamiento para henificación. Estas cualidades los convierten en opciones interesantes para los productores del norte del país.
Además del rendimiento, los estudios también consideran la tolerancia a enfermedades e insectos, un factor esencial para mantener la sanidad del cultivo y reducir el uso de insumos. La elección de un cultivar bien adaptado puede marcar una diferencia sustancial en la eficiencia del sistema forrajero.
Los avances obtenidos permiten seguir fortaleciendo la base técnica para una producción forrajera más eficiente y adaptada a cada región.
Fuente: Inta
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