El análisis del Rosgan indica que las cuentas de la invernada muestran mejoras atractivas, producto de la interesante relación de precios que actualmente existe entre el ternero y el novillo o novillito. En el caso de la cría propiamente dicha y del ciclo completo, donde parte de los ingresos proviene del refugo de vacas, las cuentas se muestran más moderados, producto de los bajos precios que presenta actualmente esta categoría de hembras, que luego de la quita de retenciones prácticamente no ha crecido en pesos corrientes desde agosto a la fecha.
El punto es que cuando nos movemos a modelos de invernada o engorde, donde la relación de compra-venta de la hacienda adquiere mayor relevancia en la ecuación final, los márgenes mejoran, producto de los buenos precios del gordo; los $2.800 que se pagan resultan 14% superiores al promedio de la serie 2011-2014.
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Este valor, medido contra un ternero de invernada de $3.500 el kilo, lleva la relación de reposición a 1,25, es decir un 5% por debajo del promedio histórico. A su vez, en el engorde a corral el beneficio proviene no solo de esta relación de reposición favorable, sino también de un precio del maíz hasta el momento muy atractivo en relación al valor del novillo o novillito terminado. A pesar de la baja de retenciones, la relación insumo-producto se mantiene en torno a los 80 kilos de gordo por tonelada de grano, esto es un 20% por debajo del promedio de la serie.

Hay asimismo un incentivo para agregar más kilos en la producción a partir de la relación de precios entre un novillito liviano de 400 kilos ($2.800) y un novillo de más 460 kilos ($2.750). La diferencia es de solo un 2% a favor del liviano, menos de la mitad de la brecha vigente en los últimos cinco años. Rosgan atribuye este escenario a la escasez de novillos pesados, que se manifiesta en un mercado más demandante y dispuesto a enviar las señales de precio necesarias para incentivar su producción.
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Gran parte de estas conclusiones deviene de los resultados económicos del negocio ganadero, recientemente presentados por la Coordinación de Análisis Pecuario de la Secretaria de Agricultura y Ganadería, en su primer informe trimestral del año. Por cierto, reflejan un buen escenario general para los distintos eslabones de la cadena productiva.
El reporte provee un seguimiento de diferentes modelos ganaderos, cada uno de ellos ajustado a las características productivas de distintas zonas, conformando así una serie estadística de casi 15 años, desde junio de 2011 a febrero de 2025. Por supuesto, la comparación se realiza en moneda constante, utilizando como índice de ajuste el IPIM (INDEC) a febrero de 2025.
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Así, se observa que en el caso de la cría, tomando como referencia los márgenes calculados para una superficie de 450 hectáreas en la Cuenca del Salado, con una carga de 260 vacas y un porcentaje de destete del 72%, los resultados son comparativamente buenos. En febrero pasado, el Margen Bruto (MB) de la actividad arrojaba 186.981 $/ha, lo que equivale a un 6% por encima del promedio de la serie y un 12% superior al MB resultante un año atrás.
También muestra buenos números un modelo de ciclo completo planteado para el área subhúmeda pampeana -Córdoba, San Luis, y oeste de Buenos Aires-. Sobre una superficie de 2.100 hectáreas y 600 vacas, con unos 149 novillos gordos por año, el MB resultante es de 182.638 $/ha, esto es un 10% mayor que el promedio de la serie y un 11% superior al margen de febrero de 2024.
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Por último, si se analizan los márgenes para un modelo de invernada de alta producción (2,8 cabezas/ha), planteado para campos de La Pampa y oeste de Buenos Aires, su MB actual es de 456.898 $/ha. Comparativamente se encuentra un 35% por arriba del promedio de la serie y un 24% por arriba de igual mes del año anterior.

No todo es color de rosa. Uno de los principales desafíos que enfrentará en adelante el sector proviene de la propia estructura de cada explotación. Rosgan destaca el peso relativo que han adquirido en los últimos meses los costos fijos, lo que obliga al productor a poner énfasis en mejorar y sostener la eficiencia integral del negocio.
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Por caso, para el modelo de cría desarrollado en la Cuenca del Salado, sobre un ingreso neto de $213.969 por hectárea, los costos directos (Personal, Sanidad y Alimentación) absorben el 12,6%, mientras que los indirectos (estructura, impuestos y amortizaciones) se llevan otro 30,9% representando, en conjunto, un 43,5% de los ingresos netos del negocio. Estos mismos costos totales (directos e indirectos), un año atrás, demandaban el 40,6% de los ingresos netos generados por la cría.
Por supuesto, a medida que nos vamos a zonas y modelos de producción menos intensivos en carga animal y donde se logran menores índices de eficiencia productiva, el peso relativo de estos costos totales aumenta significativamente, llegando a representar entre el 75% y el 90% de los ingresos netos.
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Esto, sin duda, cambia sustancialmente el enfoque que debe mantener el productor, entendiendo que en adelante el negocio ganadero pasará por aumentar el volumen de producción, manteniendo rigurosos criterios de eficiencia en la gestión integral
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