Suelos que guardan carbono: la textura marca el rumbo productivo del Chaco Seco

Un estudio demostró que adaptar las prácticas a la textura de cada suelo es clave para almacenar carbono orgánico

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Primer plano hiperrealista de suelo agrícola en corte con capas de tierra, raíces de pasto visibles y materia orgánica, sobre un fondo de campo rural desenfocado.
Un estudio demostró que adaptar las prácticas a la textura de cada suelo es clave para almacenar carbono orgánico (Imagen Ilustrativa Infobae)

Definitivamente no todos los suelos son iguales. Dos campos vecinos pueden recibir el mismo manejo y responder de maneras opuestas. ¿A qué se debe ese compartamiento aleatorio? ¿O es tan solo una conclusión intuitiva de cualquier productor?

No, esa “intuición” de cualquier productor acaba de encontrar respaldo científico: un equipo del INTA Salta, junto al Instituto de Investigación Animal del Chaco Semiárido (IIACS-INTA), estudió cómo los distintos usos del suelo influyen en el almacenamiento de carbono orgánico (COS), una reserva silenciosa que sostiene la productividad y la estabilidad de todo el sistema agropecuario.

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La investigación comparó agricultura extensiva, pasturas implantadas y bosques nativos con ganadería. Y dejó una idea que reordena prioridades: lo que un suelo puede guardar depende menos del uso que se le dé que del manejo aplicado y de cómo ese manejo dialoga con el ambiente y con las propiedades del propio terreno.

La investigación comparó agricultura extensiva, pasturas implantadas y bosques nativos con ganadería. 
REUTERS/Kaylee Greenlee
La investigación comparó agricultura extensiva, pasturas implantadas y bosques nativos con ganadería. REUTERS/Kaylee Greenlee

La física manda

La clave está bajo la superficie. “La textura del suelo resultó determinante en la capacidad de almacenamiento de COS: los suelos finos almacenan más carbono. Las texturas gruesas evidencian mayor vulnerabilidad a determinados usos y manejos”, explicó Carlos López Morillo, autor principal del estudio.

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La diferencia se traduce en el campo. Los suelos finos, trabajados con pasturas implantadas y cargas animales adecuadas, mostraron un alto potencial para almacenar carbono. Los más arenosos, en cambio, son terreno frágil: bajo producción extensiva de secano o bosques con ganadería, el sobrepastoreo, la compactación y la pérdida de cobertura vegetal aceleran las pérdidas de COS y empujan hacia la desertificación.

Medir sin engañarse

Hubo una trampa que el equipo tuvo que sortear. Los sistemas agrícolas y las pasturas implantadas mostraron los mayores niveles de compactación, algo que no solo afecta el crecimiento de las raíces y la infiltración del agua, sino que puede inflar las cifras: muestrear a profundidad fija hace parecer que hay más carbono del que realmente hay.

La respuesta fue una corrección por masa de suelo equivalente, que permitió comparar los sistemas con mucha mayor precisión. “La producción agropecuaria en el Chaco Seco depende menos del tipo de uso del suelo que de la interacción entre las prácticas de manejo y su intensidad en cada ambiente”, concluyó López Morillo.

La receta, entonces, no es única para toda la región. Prácticas conservacionistas ajustadas a la textura de cada suelo y un monitoreo periódico son, según el investigador, el camino para frenar la degradación, favorecer el secuestro de carbono y darle estabilidad de largo plazo a los sistemas productivos del Chaco Seco.

Fuente: Inta

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