
El silaje de maíz, pilar esencial en la alimentación animal, enfrentó un panorama complicado durante la campaña 2023/24. Plagas persistentes y condiciones climáticas adversas pusieron a prueba tanto la resistencia de los cultivos como la creatividad de los productores para optimizar su rendimiento. ¿El resultado? Una serie de aprendizajes valiosos sobre cómo garantizar la calidad nutricional en tiempos difíciles.
Especialistas del INTA Rafaela, en Santa Fe, analizaron el efecto de la chicharrita (Dalbulus maidis), el pequeño insecto con tremenda capacidad de dañar, que dejó huellas visibles en los campos de maíz. Además, propusieron estrategias clave para superar los desafíos que enfrentaron los productores en un contexto marcado por el fenómeno de “La Niña”.
Adaptarse al achaparramiento: un reto para el 2023/24
El achaparramiento provocado por la chicharrita se destacó como uno de los principales problemas en la última campaña. Este fenómeno, exacerbado por las condiciones climáticas asociadas al fenómeno de “La Niña”, impactó directamente en la calidad del silaje. Las siembras, que suelen realizarse en septiembre, se retrasaron hasta octubre, lo que afectó el período crítico del maíz, ubicado en enero, justo cuando el clima jugaba en contra.
“El éxito del silaje comienza mucho antes de la cosecha. Planificar, monitorear y ejecutar en el momento justo es crucial para proteger tanto el rendimiento como la calidad del cultivo”, destacó Ainalén Carassai, especialista del INTA Rafaela.

Más allá de la planificación: cuidar cada etapa del cultivo
El monitoreo constante, desde la siembra hasta el almacenamiento, es un factor determinante para detectar y manejar a tiempo amenazas como la chicharrita. Federico Massoni, otro especialista del INTA, subrayó la importancia de implementar medidas de control en etapas tempranas, lo que ayuda a reducir pérdidas de materia seca y energía en el forraje.
El corte en el momento óptimo también es decisivo. Según Carassai, cosechar en el punto justo permite maximizar el retorno de los recursos invertidos y conservar adecuadamente el material almacenado.
Datos que hablan de una campaña agitada
En 2023/24, las hectáreas ensiladas alcanzaron las 2.396.000 en Argentina, distribuidas entre la producción lechera (45%) y ganadera (55%). El maíz representó el 59,9% de los cultivos destinados a silaje, superando ampliamente al sorgo (10,1%) y a los verdeos y pasturas (30%).
Lorena Iacopini, también del INTA Rafaela, enfatizó: “El silaje de maíz garantiza forraje de alta calidad para los sistemas ganaderos. Pero para aprovechar esta técnica al máximo, el manejo agronómico debe ser impecable”.
La amenaza de los hongos y cómo enfrentarlos
Otro desafío clave radica en la fermentación del silaje. Calor, malos olores y hongos son señales de alerta que comprometen el rendimiento del forraje y la salud animal. En estos casos, Pablo Roskof, especialista en nutrición animal, recomendó reducir la proporción de silaje contaminado en la dieta o utilizar secuestrantes de micotoxinas, una estrategia efectiva para mitigar daños.
Un año para aprender y crecer
La campaña pasada dejó una lección clara: el éxito del silaje no depende solo de la genética del maíz, sino de un manejo integral que contemple los imprevistos climáticos y las plagas. La planificación, el monitoreo y las acciones preventivas son claves para superar desafíos y garantizar un recurso de alta calidad para la alimentación animal.
El silaje de maíz sigue siendo una columna fundamental en los sistemas productivos argentinos. Adaptarse y perfeccionar las prácticas no solo fortalece la producción, sino que también asegura su sostenibilidad a largo plazo.
Fuente: Inta
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