
Con la cosecha finalizada, la campaña 2023/24 dejó números clave para el maíz argentino. A pesar de un inicio complicado por la falta de lluvias y la presencia del Dalbulus maidis, conocido como la chicharrita del maíz, el cultivo logró un rendimiento promedio de 65,7 quintales por hectárea, lo que significó un incremento de 14,3 qq/ha en comparación con el ciclo anterior.
En total, se sembraron 7,9 millones de hectáreas, un 3,8% más que en 2022/23, confirmando el protagonismo del maíz dentro del esquema agrícola del país. Pero más allá de la expansión del área cultivada, los avances tecnológicos, el manejo de insumos y el impacto de las adversidades climáticas marcaron el pulso de una campaña que dejó mucho para analizar.
Tecnología en el campo: avances y puntos críticos
La adopción tecnológica siguió en ascenso. En esta última campaña, el 62% de los lotes se manejaron con un nivel tecnológico medio, mientras que un 34% implementó estrategias de alta tecnología. Sin embargo, el maíz sembrado tardíamente mostró una leve menor adopción de tecnología avanzada, con un 33% frente al 35% de los lotes tempranos.
La siembra directa, una práctica clave para la conservación del suelo, alcanzó el 94% del área sembrada, consolidándose como la técnica predominante en el cultivo de maíz. Esta tendencia, que se mantiene desde hace años, contribuye a reducir la erosión y mejorar la capacidad de retención de agua en el suelo. También se observó un aumento en la densidad de siembra, que promedió 62,3 mil plantas por hectárea, volviendo a niveles similares a los de la campaña 2021/22.

Nutrición y fertilización: estabilidad y algunas señales de alerta
El manejo de fertilizantes se mantuvo en niveles similares a campañas previas en cuanto a la aplicación de nitrógeno. No obstante, la cantidad de fósforo utilizado mostró una disminución en comparación con el año anterior. Este ajuste coincidió con una caída del 8% en la cantidad de análisis de suelo realizados antes de la siembra, una tendencia que podría impactar en la eficiencia del uso de insumos a futuro.
Solo el 24% de los productores realizó análisis de suelo antes de fertilizar, el nivel más bajo de los últimos años. Esta herramienta es clave para optimizar la nutrición del cultivo y evitar gastos innecesarios en insumos.
La chicharrita del maíz y el aumento del uso de insecticidas
Si hubo un actor inesperado en la campaña 2023/24, fue el Dalbulus maidis. Este insecto, vector de enfermedades como el achaparramiento del maíz, provocó un aumento del 99% en la aplicación de insecticidas respecto a la campaña previa. Aunque las siembras tardías registraron menos aplicaciones por hectárea, el volumen total de insecticida utilizado fue mayor debido a la extensión del problema.
Geográficamente, el 72% del total de insecticidas aplicados se concentró en el centro del país, mientras que el 25% correspondió a la región norte y solo el 3% a la zona sur. Este fenómeno obligó a los productores a replantear estrategias de manejo de plagas para las próximas campañas.
Rotación de cultivos: el maíz sigue firme
El maíz mantuvo su lugar central en la rotación de cultivos, con una participación del 22% entre las gramíneas, un porcentaje que se mantiene estable en las últimas tres campañas. Su incorporación en los esquemas productivos sigue siendo clave para mejorar la estructura del suelo, optimizar la utilización de nutrientes y reducir la presión de plagas y enfermedades.
La mencionada siembra directa, que aumentó dos puntos porcentuales respecto al ciclo anterior, refuerza la tendencia hacia prácticas más sustentables en el agro. Sin embargo, factores como el clima y los costos de producción siguen siendo desafíos que los productores deberán afrontar en el corto plazo.
Perspectivas para las próximas campañas
El balance de la campaña 2023/24 deja un mensaje claro: el maíz sigue siendo un cultivo clave para la producción argentina, pero enfrenta desafíos crecientes. La incorporación de tecnología ha permitido sostener y mejorar los rendimientos, pero factores como la gestión de plagas y la eficiencia en el uso de insumos serán determinantes en los próximos años.
Con el análisis de los resultados en mano, el sector agrícola ya mira hacia el futuro, buscando estrategias que le permitan seguir creciendo y enfrentando los desafíos que plantea el clima, la economía y las condiciones del mercado.
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