República Dominicana: niña de 3 años muere asfixiada al cuidado de su hermana de 11, autoridades investigan el caso

La muerte de Mari Santana, una niña de tres años asfixiada bajo el cuidado de su hermana de 11 en Los Girasoles III, ha reabierto el debate sobre la seguridad infantil y la práctica de dejar el cuidado de menores en manos de otros niños

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Varias personas trasladan el ataúd de Mari Santana, de tres años, durante su sepelio en la comunidad de Los Girasoles III, en el Distrito Nacional (Foto cortesía Primer Impacto).
Varias personas trasladan el ataúd de Mari Santana, de tres años, durante su sepelio en la comunidad de Los Girasoles III, en el Distrito Nacional (Foto cortesía Primer Impacto).

La comunidad de Los Girasoles III, en el Distrito Nacional, permanece sumida en un silencio sepulcral tras el sepelio de la pequeña Mari Santana, de apenas tres años. Lo que inició como una tarde rutinaria en la calle Primera terminó en una tragedia que no solo ha movilizado a las autoridades policiales y judiciales, sino que ha reabierto un debate urgente en la sociedad dominicana: la seguridad de los menores de edad y el riesgo latente de dejar el cuidado de infantes en manos de otros niños.

Hasta el momento, el Ministerio Público y la Policía Nacional mantienen abierta una investigación exhaustiva para esclarecer las circunstancias exactas que rodearon la asfixia de la menor. Según los informes preliminares, la tragedia ocurrió el 14 de abril, mientras Mari se encontraba bajo la única supervisión de su hermana de 11 años.

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Las autoridades intentan determinar si hubo negligencia extrema o si se trató de un accidente doméstico derivado de la falta de criterio de una preadolescente que, por su edad, no posee las facultades emocionales ni físicas para responder ante una emergencia. Mientras el entorno familiar es interrogado, la sociedad observa con dolor una realidad que se repite en los sectores más vulnerables de la República Dominicana.

Este reportaje de noticias de Primer Impacto cubre la tragedia de la muerte de una niña por descuido en la República Dominicana.

La peligrosa cultura del “niño cuidador”

Uno de los puntos más críticos que este caso pone sobre la mesa es la práctica común de delegar el cuidado de bebés a hermanos mayores que aún son niños. Expertos en psicología infantil y derechos humanos coinciden en que un niño de 11 años no es un adulto miniatura.

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“Un menor de edad carece del control de impulsos y de la capacidad de reacción necesaria para gestionar la seguridad de un tercero. Exigirles que actúen como cuidadores es someterlos a una carga de estrés que puede derivar en accidentes fatales o traumas psicológicos irreparables”, señalan especialistas.

En el caso de Los Girasoles, los testimonios de los vecinos son desgarradores: ver a una niña de 11 años correr desesperada con su hermanita en brazos buscando ayuda es la imagen viva de una responsabilidad que nunca debió recaer sobre sus hombros.

Este video es una cobertura noticiosa del sepelio de la niña en Los Girasoles.

Es imperativo reconocer que esta problemática no nace únicamente del descuido, sino de una precariedad económica estructural. Muchos padres dominicanos, como en el caso de la familia Santana, se ven obligados a trabajar jornadas extensas para garantizar el sustento básico. Ante la falta de estancias infantiles accesibles o de una red de apoyo familiar, la opción “menos mala” suele ser dejar a los hijos bajo llave en el hogar.

Sin embargo, la ley dominicana y el sentido común dictan que la responsabilidad parental es indelegable hacia otros menores. El Código para el Sistema de Protección y los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (Ley 136-03) es claro en cuanto al deber de cuidado. Un padre que sale a trabajar enfrenta el dilema moral y legal de proteger la vida de sus hijos por encima de la necesidad económica.

Mientras las autoridades continúan con las pesquisas para determinar responsabilidades legales, queda en la conciencia ciudadana el deber de proteger a los más pequeños, entendiendo que la infancia no puede cuidar de la infancia.

El recuerdo de la pequeña y el dolor de su familia refuerzan el llamado a evitar que situaciones similares se repitan y a comprender que la infancia necesita de adultos responsables para su protección.

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