
La historia real que inspiró a Rabo de Peixe, la serie de siete episodios estrenada en Netflix, es la clase de relato que cualquier guionista del mundo sueña. Tiene todos los ingredientes para funcionar y atrapar, y basta con agregarle algunos detalles para que termine siendo una gran ficción, como de hecho ocurre aquí en esta producción realizada en Portugal, justamente en el lugar donde ocurrieron los hechos y que dan título a la serie.
Todo empieza en el pueblo de Rabo de Peixe, en la isla de San Miguel, parte del archipiélago de Azores. Una embarcación de narcotraficantes naufraga y sus tripulantes se ven obligados a esconder el cargamento en un lugar que creen seguro, pero la marea termina llevando toda la cocaína transportada a la costa, donde es encontrada por la población de la isla.

Quinientos kilos de cocaína de máxima pureza, por un valor mayor que todo lo que los habitantes de la isla poseen o sueñan. Una mezcla rara de regalo del cielo con maldición demoledora. Porque, si bien el valor de la mercancía los puede hacer millonarios, no deja al mismo tiempo de ser un delito tenerla y también la puerta de entrada a un mundo de peligro. Los policías van a empezar una investigación y los traficantes van a buscar recuperar el cargamento sin importarles en nada el método para lograrlo.
Los protagonistas son cuatro jóvenes frustrados que han esperado por una oportunidad de salir de su vida gris y la pobreza de su pequeño pueblo. Eduardo (José Condessa), Sílvia (Helena Caldeira), Rafael (Rodrigo Tomás) y Carlinhos (André Leitão) deciden no denunciar la cocaína y sueñan con comerciarla. No tienen ni la experiencia ni los contactos, pero poco a poco buscarán a los marginales y los adictos del lugar para empezar con el negocio. Eduardo, el joven pescador, es el líder de este cuarteto que se mete en problemas rápidamente. Pronto llegan los policías y los dos traficantes, que ya están en el pueblo, no tardan en descubrir el destino de su cargamento. Ellos deberán responder frente a su jefe, porque a una mercancía de ese valor nadie quiere perderla.

La historia real es más terrible y menos divertida que esta adaptación muy bien escrita. Los verdaderos habitantes fueron y siguen siendo víctimas de los estragos producidos por la cocaína en la isla. Pero acá no falta acción, ni muertes, ni escenas de suspenso. El gran hallazgo de Rabo de Peixe consiste justamente es hacer pie en los más inverosímil, que irónicamente ocurrió, y luego armar un relato de ciudadanos comunes metidos en una historia extraordinaria, el comienzo perfecto para cualquier buena narración. La serie funciona y tiene, si lo desea, material para seguir otra temporada, aunque con lo logrado aquí ya alcanza.
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