
“Estén seguros de que el plan de Javier va a salir… En lo que a mí se refiere, no hay chance de que yo termine bien”, les dijo Santiago Caputo a los periodistas Manuel Jove y Maia Jastreblansky, según consta en la biografía del consultor presidencial escrita por ambos.
Es difícil predecir el final, más allá de algunos cuantos indicios, pero el asesor suele coquetear con el abismo, y cuando lo hace, pareciera disfrutarlo. Acaba de suceder con la salida de Flavio Bolsonaro de Brasil hacia los Estados Unidos a través de Misiones, un operativo cinematográfico que Caputo supervisó dentro de la Argentina en contacto con la familia del ex candidato investigado por la Justicia brasilera e interlocutores de la administración norteamericana, que garantizaron la operación.
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Javier Milei sabía del plan desde el lunes: esa garantía fue una de las razones por la que definió que no reconocería el triunfo de Lula da Silva mientras todos los presidentes de la región, sin excepciones ideológicas, saludaban al veterano líder del PT que en el verano iniciará su cuarto mandato.
Existe, más allá de los matices y de la profundidad del vínculo que cosecharon en estos años con el círculo rojo –a pesar de su rebeldía pública, el consultor construyó y mantiene, a diferencia del presidente, relaciones muy aceitadas con el establishment político y empresarial-, un hilo rojo entre ambos: cierta fascinación por la espectacularidad, por jugar muchas veces al límite y por un ejercicio del poder poco convencional. Casi siempre, a todo o nada.
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Fuentes oficiales aseguran que la semana anterior al balotaje brasilero, los enviados de la administración republicana, encabezados por Christopher Landau, que visitaron la Argentina dieron señales de que la elección en el país vecino no marchaba, como suele decir Caputo, acorde al plan. Fue en el contexto de la reunión que se desarrolló en Economía con Luis y Santiago Caputo, y que el ministro se encargó de difundir por los canales oficiales del ministerio con un video cuidadosamente editado para resaltar la presencia del estratega libertario. Una semana de puro show que siguió con la cena de la Fundación Faro y terminó con el operativo de Puerto Iguazú.
“Toto” y el consultor estrella de Milei se han encargado en los últimos tiempos de instalar que la relación con el gobierno norteamericano depende en buena medida de ellos. En lo económico, y en lo político.
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Eso explica, en parte, que el operativo en Puerto Iguazú, que estaba previsto para la madrugada del martes y que se demoró 24 horas –esa primera alteración del plan original desató una paranoia inusual en Las Fuerzas del Cielo-, haya sido supervisado en persona por el consultor. Se montó para eso una fenomenal maniobra de distracción ejecutada por colaboradores que incluyó un alto nivel de secretismo –funcionarios de primera línea se enteraron con el hecho casi consumado- y el servicio full time de funcionarios del ente Yacyretá, como Orlando Palacios y Jorge Waisman, que quedaron al descubierto cuando fueron demorados por un control provincial junto al principal asesor de Milei. Por ese operativo policial, hubo cortocircuitos con el gobernador Hugo Passalaqcua.
Sin embargo, tal vez uno de los mayores impactos de la operación Bolsonaro y la decisión presidencial de desconocer la victoria de Lula, que exhibió el alineamiento irrestricto del gobierno con la administración Trump, esté asociado al nuevo deterioro en la relación entre la Casa Rosada y Patricia Bullrich. En desacuerdo con la posición oficial, la senadora homologó el triunfo del líder del PT el miércoles en sus redes sociales: tuvo tiempo de sobra para procesar la operación Bolsonaro y conocer el nivel de colaboración del Gobierno con el ex candidato presidencial.
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Esa publicación pudo haber sido un parteaguas en la relación con los hermanos Milei, cada vez más fastidiados con la ex ministra. Fuentes oficiales confían en que ya no es solo Karina Milei la que está furiosa con la senadora, sino también el presidente. Ahora se sumó Caputo, que hasta el momento había funcionado internamente como un aliado de Bullrich frente a la “guerra santa” –así la califican en su entorno- desatada entre la jefa del bloque libertario en el Senado y los Menem. El viernes, Martín Menem dijo públicamente que en La Libertad Avanza no hay espacio para dos liderazgos: Milei reposteó mensajes en sus redes con esas declaraciones.
Hasta qué punto Bullrich es capaz de tensionar con Milei es la pregunta más recurrente del círculo rojo, que sigue fantaseando con una ruptura que propicie una candidatura de la senadora. “Hasta la Presidencia”, respondió un integrante de su entorno consultado por esa inquietud que atraviesa al establishment. “Se están precipitando las cosas”, desparramaron desde ese entorno a mediados de semana. Ese interrogante alcanza también a los representantes de la administración norteamericana, que regaron al círculo rojo con un mensaje unívoco: “Hay que trabajar por la reelección de Milei”. Cerca de la senadora aún recuerdan algunos chispazos en la campaña del 2023 con el entonces embajador estadounidense, Mark Stanley.
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Hace poco más de quince días, Bullrich recibió en sus oficinas a un grupo de economistas afines -al menos tres- para analizar el rumbo del programa económico. Se compartió un diagnóstico pesimista. La senadora no cree que todo esté marchando acorde al plan, más bien lo contrario. Y suele machacar públicamente. Quiere resguardar su capital político: para eso reproduce spots de campaña que tienen horas de edición y que suelen contener un mensaje cada vez más explícito a la Casa Rosada. Su última pieza de TikTok tuvo 4.8 millones de reproducciones.
En el Gobierno están convencidos, además, de que Bullrich no trabaja activamente para lograr la suspensión de las PASO, un objetivo prioritario de la Casa Rosada dentro de la reforma política. Incluso creen que negoció con el peronismo la citación del jefe de Gabinete para finales de noviembre. Diego Santilli ya no sabe cómo sostener la impaciencia de los gobernadores aliados que están dispuestos a cerrar un acuerdo con el Gobierno a cambio de reglas de juego claras en sus distritos: básicamente, que no les instalen competidores. Ya ni siquiera es cuestión de plata. El tiempo se agota a medida que se acerca el fin de año. Puertas adentro atribuyen la demora a los Menem, que insisten con la instalación de dirigentes en varias provincias. Karina Milei duda. Santilli espera: no pudo todavía garantizarle a ningún gobernador que sus superiores validen sus promesas.
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Esa posición de Eduardo y Martín Menem expone una de las diferencias con Caputo, que volvió a relacionarse activamente con algunos gobernadores tras el confinamiento al que se sometió cuando perdió la interna con la hermana presidencial y fue despojado del control de la estrategia política y del vínculo con la Justicia. En los últimos tiempos, se ha reunido con varios jefes provinciales en Buenos Aires, en extrema reserva. “Hay por lo menos media docena de ellos que quieren cerrar el acuerdo a través de él”, aseguró una fuente que tiene intereses en ese sector.
El consultor se delató públicamente en Iguazú, durante el operativo Bolsonaro, en una exhibición de poder y de su aparente cercanía con un sector del Partido Republicano, y para mostrar que todavía presta servicios valiosos en nombre de la la batalla cultural del Presidente, una variable de la gestión a la que Milei le dedica la mayoría de su tiempo. “Es más un canciller de las ideas que un presidente”, lo definió un operador libertario.
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Caputo, de todos modos, presta mucho más que servicios para Milei. El Presidente no pareciera conocer el alcance ni la magnitud de las áreas que controla su consultor estrella. En ese universo tomó mayor protagonista en los últimos tiempos Macarena Alifraco, una colaboradora premium del asesor que pasó a monitorear la Aduana y el PAMI. Hubo movimientos recientes en Ezeiza. Francisco, hermano del estratega, tiene un rol clave. Las relaciones por fuera de ese grupo empezaron a modificarse de un tiempo a esta parte. Hay nombres que empiezan a tomar cada vez más notoriedad. Por ejemplo, el de Juan Pablo Mazzola.
Ninguno tiene cargo oficial.

Es la economía… Milei está en otra sintonía. La última semana la dedicó, casi con exclusividad, a seguir los pormenores de la operación Bolsonaro y sus implicancias regionales. En el plano local, está enfocado solo en la gestión del programa económico, que decidió mantener a rajatabla a través de una firme disciplina fiscal que el ministro de Economía ejecutó al pie de la letra. Tanto que, varios meses atrás, se llegó a cortar –por error- la provisión de comida de Olivos para sostener la política de ajuste. Los más memoriosos recordaron cuando, en la previa de la crisis del 2001, se recortó –no por error- el servicio de catering del avión presidencial.
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“Toto” Caputo está preocupado. Lo manifestó en diversos encuentros privados con economistas o dirigentes afines, a los que le preguntó, uno por uno, qué hacer frente a los magros resultados del programa. Esa preocupación se trasladó a los encargados de la misión argentina del Fondo Monetario, que también plantearon inquietudes por la sostenibilidad futura del programa en reuniones reservadas con economistas y consultores. Por ejemplo, en torno a la política monetaria. Uno de esos economistas patentó el concepto de “Argen-RIGI” en referencia al “20%” de la actividad que vive una expansión por el boom de la minería, el agro y el oil & gas concentrada en esos sectores, y que le proporcionará al Banco Central una lluvia de dólares el próximo año. Son los ganadores indiscutidos del modelo. El problema es la incertidumbre electoral, que llevó por ejemplo a una suba del Riesgo País hasta los 790 puntos básicos, y la cobertura que busquen los ahorristas frente a esa volatilidad: en el 2025, año eleccionario, la dolarización de carteras por parte de los argentinos alcanzó los USD 32 billones.

Fueron toda una novedad, en ese sentido, las declaraciones de Karina Milei del jueves en Rosario, cuando planteó la necesidad de que esas inversiones converjan en mayor empleo para las pymes locales. Es la discusión que los industriales llevaron al Senado en la discusión por el Súper RIGI.
La industria está castigada, y el Gobierno parece haber tomado conciencia de la seriedad de ese castigo. Por eso esta semana “Toto” Caputo y Santilli darán el presente en un encuentro de la UIA, a diferencia de lo sucedido meses atrás, cuando el oficialismo vació la reunión anual de la entidad en el Gran Buenos Aires.
El conurbano es el más castigado por la política económica del Gobierno. El miércoles, en Infobae al mediodía, el obispo de San Justo, Eduardo García, dijo que era la primera vez que habían tenido que espaciar el servicio de comedores populares por falta de fondos a través del programa PNUD que administra Capital Humano. Aseguró que la asistencia a esos comedores volvió en el último tiempo a niveles de la pandemia. Intendentes del Gran Buenos Aires empezaron a notar, en ese contexto, un nivel mayor de malestar en los sectores más postergados.
Son malas noticias para Santilli, que sigue aparentemente decidido a postularse en la provincia de Buenos Aires. No cree, como algunos de la cúpula libertaria -¿incluido el Presidente?-, que es mejor dejar librada al peronismo la suerte de los bonaerenses y no gastar un peso en ese distrito.
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