
Para Javier Milei, el Mundial no terminó el domingo con la derrota frente a España en Nueva York. Apenas concluyó la final comenzó a consolidarse, entre dirigentes, funcionarios, empresarios, intelectuales y comunicadores del universo libertario, una convicción que con el correr de las horas también haría propia el Presidente: la Argentina había sido convertida en el “villano” del torneo mediante una campaña internacional que excedía ampliamente el fútbol. Y que el ecosistema libertario incorporó a la batalla cultural, que Milei convirtió en uno de los ejes de su proyecto político, tanto dentro como fuera del país.
Este miércoles, el jefe de Estado publicó varios mensajes sobre el tema. En uno de ellos se hizo eco de una frase de Winston Churchill: “¿Tenés enemigos? Bien. Eso significa que alguna vez en tu vida defendiste algo”. Fue el último de una serie de expresiones vinculadas a la campaña antiargentina, en la que se terminó metiendo la grieta y el kirchnerismo.
PUBLICIDAD
La lectura que terminó imponiéndose en el oficialismo sostuvo que, durante las seis semanas de competencia, se conformó una narrativa internacional destinada a instalar una imagen negativa de la Argentina y de sus principales figuras deportivas. Las acusaciones de racismo, los cuestionamientos por supuestos favoritismos arbitrales, la viralización de jugadas polémicas, la proliferación de las expresiones “ArgenFIFA” y “Mundial amañado”, las referencias a la relación del país con Israel y la transformación de Lionel Messi —el héroe de Qatar 2022— en objeto de críticas y burlas fueron agrupadas como expresiones de un mismo fenómeno.
No se trató de una posición institucional del Poder Ejecutivo ni de una decisión formal asumida por el Gobierno. No hubo un comunicado oficial, una intervención de la Cancillería ni una declaración ministerial. Fue una construcción política y cultural más amplia, elaborada en el ecosistema que rodea al Presidente y convalidada luego por Milei mediante uno de los mecanismos que utiliza habitualmente para fijar posición: los reposteos en su cuenta personal de X.
PUBLICIDAD

La medición de Ad Hoc y las cuatro narrativas
Antes de que esa explicación adquiriera volumen político, una medición de la consultora Ad Hoc Digital aportó una dimensión cuantitativa al fenómeno. El trabajo, que monitoreó las conversaciones en redes sociales entre el 11 de junio y el 20 de julio, identificó cuatro narrativas principales vinculadas con la Argentina durante el Mundial.
La caracterización del país como racista acumuló 826.000 menciones. La vinculación entre la Argentina e Israel reunió 764.000. Las publicaciones que utilizaron las expresiones “ArgenFIFA” y “Mundial amañado” llegaron a 688.000, mientras que las referencias explícitas a la existencia de una campaña antiargentina alcanzaron 379.000 menciones.
PUBLICIDAD
Los cuatro universos analizados rozaron, en conjunto, 2,7 millones de publicaciones, aunque las cifras no deben considerarse como conversaciones completamente independientes porque pudieron existir superposiciones entre las distintas categorías. Tampoco permiten probar, por sí solas, la existencia de una operación coordinada ni establecer si detrás de ellas hubo una conducción centralizada. Sí muestran que, durante el torneo, se desarrolló una conversación digital de enorme magnitud alrededor de una serie de atributos negativos asociados con la Argentina.
El comportamiento temporal fue otro de los aspectos destacados por Ad Hoc Digital. Las publicaciones no se distribuyeron de manera uniforme a lo largo del Mundial, sino que aumentaron antes y después de los partidos de la Selección y se intensificaron a medida que el equipo dirigido por Lionel Scaloni avanzó hacia las instancias decisivas.
PUBLICIDAD

Picos, partidos y contenidos recortados
Las menciones relacionadas con la definición de la Argentina como un país racista registraron sus primeros incrementos durante la fase de grupos, pero crecieron de manera mucho más pronunciada en los cruces contra Cabo Verde, Egipto, Suiza e Inglaterra. El punto máximo coincidió con la semifinal frente al seleccionado inglés, cuando la conversación se acercó a 80.000 publicaciones en una sola jornada. Después de la final contra España se produjo otro crecimiento relevante.
Un comportamiento similar mostraron las acusaciones de supuestos favoritismos de la FIFA y los árbitros. Las expresiones “ArgenFIFA” y “Mundial amañado” tuvieron uno de sus mayores picos durante el partido ante Egipto, cuando superaron las 110.000 menciones diarias. La conversación volvió a acelerarse en la semifinal y en las horas previas y posteriores al encuentro decisivo.
PUBLICIDAD
El patrón observado por la consultora indicó que cada partido funcionó como un catalizador. Una decisión arbitral discutida, un gesto de un futbolista, un cruce entre jugadores o una imagen aislada podían transformarse rápidamente en videos y publicaciones con millones de visualizaciones. Con frecuencia, esos contenidos eran recortados, editados o presentados sin el contexto completo de la jugada.
La investigación también detectó que más de 451.000 usuarios relacionaron a la Argentina con Israel durante la Copa del Mundo. La cifra de usuarios derivó en un total de 764.000 menciones, lo que indica que muchas cuentas publicaron más de una vez sobre el tema.
PUBLICIDAD
Los principales picos estuvieron vinculados con tres episodios: el pedido público de un ministro israelí a Milei para que la Selección “trajera la cuarta Copa”, la exhibición de una bandera de Israel durante el partido contra Egipto y las manifestaciones israelíes de respaldo a la posición argentina sobre la soberanía de las Islas Malvinas.
El informe de Ad Hoc Digital marcó, además, una evolución dentro de la conversación sobre racismo. El debate comenzó con comentarios acerca de la composición étnica del plantel argentino, pero luego dejó de concentrarse exclusivamente en la Selección y avanzó hacia una caracterización más amplia de la sociedad argentina. En ese proceso intervinieron figuras internacionales con audiencias masivas, entre ellas el actor estadounidense Samuel L. Jackson, que amplificaron el tema fuera del ámbito deportivo.
PUBLICIDAD
Las métricas permitieron dimensionar lo que había sucedido, pero no explicaron sus causas ni determinaron quiénes impulsaron cada una de las conversaciones. Sobre esa base, el mileísmo comenzó a construir su propio diagnóstico.
Los reposts presidenciales como señal política

La intervención de Javier Milei fue decisiva para conferirle densidad política. El Presidente no escribió una argumentación propia ni publicó una explicación ordenada sobre lo ocurrido. Optó, en cambio, por republicar mensajes de personas vinculadas con distintos sectores del universo libertario: funcionarios de su administración, empresarios que respaldan el rumbo económico oficial, comunicadores cercanos al Gobierno y periodistas cuyas opiniones encuentran resonancia entre sus seguidores.
PUBLICIDAD
Cada uno puso el foco sobre un aspecto diferente, pero todos coincidieron en una premisa: la hostilidad que recibió la Argentina durante el Mundial no podía explicarse solamente por las rivalidades deportivas.
Entre las publicaciones que Milei eligió amplificar hubo varias del empresario y emprendedor tecnológico Martín Varsavsky, quien respalda públicamente el programa político y económico del Gobierno. Su participación resultó significativa porque mostró que esa lectura no circulaba únicamente entre funcionarios o militantes libertarios, sino también entre referentes del sector privado identificados con el rumbo de la gestión.
Varsavsky sostuvo que existía una operación para presentar a la Argentina como una sociedad racista y relacionó esa narrativa con la reacción de sectores de la izquierda internacional frente al cambio político impulsado por Milei. En uno de los mensajes reposteados por el Presidente habló de una “cancelación” contra el país y sintetizó su interpretación con una frase: “No quieren que la Argentina salga adelante”.
La lectura de Varsavsky vinculó directamente el fenómeno deportivo con la política. Según su planteo, las críticas contra la Selección no respondieron solo a lo sucedido dentro de las canchas, sino que estuvieron condicionadas por la imagen internacional del gobierno libertario y por la resistencia que, a su juicio, genera el programa de Milei en sectores progresistas de Europa y otras regiones.
El Presidente también amplificó publicaciones de Felipe Núñez, asesor económico e integrante del equipo que trabaja junto al ministro de Economía, Luis Caputo. Núñez planteó que las acusaciones contra la Argentina debían analizarse como parte de una dinámica política más amplia y sostuvo que el país se había convertido en un blanco atractivo para quienes cuestionan el rumbo adoptado por el Gobierno.
Otro de los mensajes reposteados fue el del periodista argentino Diego Laje, cuyas opiniones suelen ser amplificadas por Milei y tienen repercusión dentro del ámbito libertario. Laje utilizó el concepto de “guerra híbrida” para definir lo que, según su diagnóstico, estaba ocurriendo contra la Argentina.
La expresión, frecuente en los estudios estratégicos y de seguridad, suele describir acciones en las que se combinan herramientas políticas, tecnológicas, comunicacionales, económicas y culturales para influir sobre una sociedad sin recurrir a una confrontación militar convencional. Ningún integrante del Gobierno adoptó oficialmente esa definición, pero la decisión de Milei de republicarla fue entendida como una señal de coincidencia con el sentido general del planteo.
Entre los reposts presidenciales también aparecieron mensajes de Juan Pablo Carreira, conocido en las redes como “Juan Doe”. Carreira es director nacional de Comunicación Digital de la Presidencia y sumó a sus responsabilidades el manejo de la cuenta de la Oficina de Respuesta Oficial. Sus publicaciones sostuvieron que buena parte de los contenidos más virales difundidos durante el Mundial respondían a una construcción destinada a deteriorar la imagen internacional del país.
Los reposts se sucedieron durante varios días. Ninguno, de manera aislada, podía ser considerado una declaración oficial. Leídos en conjunto, sin embargo, configuraron una posición inequívoca sobre la forma en que Milei procesó el fenómeno.
La lectura del mileísmo: del fútbol a la batalla cultural

Mientras el Presidente emitía esas señales, entre dirigentes, funcionarios, empresarios, comunicadores e influencers cercanos al oficialismo comenzó a consolidarse un diagnóstico bastante homogéneo. La Argentina, sostuvieron, dejó de ser cuestionada por episodios futbolísticos concretos para convertirse en el antagonista general del Mundial.
La explicación combinó diversos elementos: algoritmos que premiaban los contenidos capaces de generar indignación, recortes audiovisuales difundidos sin contexto, cuentas con gran capacidad de amplificación, videos editados para presentar a los jugadores como agresivos o tramposos, celebridades internacionales y usuarios coordinados que contribuyeron a expandir las publicaciones más negativas.
La primera etapa, según esa lectura, consistió en instalar etiquetas alrededor del país. Las acusaciones comenzaron con la composición étnica de la Selección y luego se extendieron hacia una condena más general de la sociedad argentina. A ese eje se sumaron las denuncias de beneficios arbitrales, la utilización recurrente del término “ArgenFIFA”, la idea de que el campeonato estaba organizado para favorecer a la Selección y las controversias vinculadas con Israel.
En los círculos libertarios se repitió otra idea: el cambio no se produjo necesariamente en el comportamiento de los jugadores, sino en el sistema de distribución de contenidos y en la forma en que las plataformas ordenaron la conversación pública.
El caso más citado fue el de Lionel Messi. En Qatar 2022, el capitán argentino había sido celebrado como un héroe global que finalmente alcanzaba el único título que le faltaba después de una carrera extraordinaria. Cuatro años más tarde, según el diagnóstico del mileísmo, comenzó a ser presentado como un villano, destinatario de críticas, burlas y cuestionamientos que excedían cualquier análisis sobre su desempeño deportivo.
Para quienes compartían esa mirada, Messi no cambió sustancialmente. Lo que se modificó fue el dispositivo que seleccionó y distribuyó los contenidos sobre él. La combinación entre algoritmos, influencers, celebridades, cuentas automatizadas y videos aislados habría construido una representación diferente no solo del futbolista, sino también de la Selección y de la Argentina.
Mientras esa explicación se extendía por el universo oficialista, todavía faltaba una elaboración conceptual que reuniera todas las piezas. Esa formulación llegó desde Agustín Laje, director ejecutivo de la Fundación Faro, un think tank afín al Gobierno que respalda al Presidente y en el que Milei brindó varios discursos, como una demostración de su cercanía política e ideológica.
Para Laje, la comparación con Qatar 2022 resultó determinante. Según su análisis, en aquel Mundial no existió un fenómeno semejante. La Selección fue celebrada internacionalmente y los intentos de acusar a la Argentina de racismo por la ausencia de jugadores negros en el plantel tuvieron una incidencia acotada y terminaron siendo objeto de burlas.
Esta vez, afirmó, la situación fue distinta. A las acusaciones de racismo se sumaron las definiciones de los argentinos como soberbios, arrogantes, violentos, tramposos y favorecidos por los árbitros. La multiplicación de descalificaciones, según su mirada, no puede atribuirse exclusivamente a la pasión futbolística ni a las dinámicas espontáneas de las redes.
Laje sostuvo que en esa campaña participaron distintos actores con gran capacidad de amplificación. Incluyó desde noticias falsas y granjas de bots hasta influencers, artistas reconocidos y medios internacionales. Entre los ejemplos mencionó a Samuel L. Jackson, el programa español El Chiringuito y la cantante Rosalía, cuyas intervenciones contribuyeron, a su juicio, a multiplicar los contenidos adversos a la Argentina.
Su análisis incorporó también una dimensión cultural. Para el titular de la Fundación Faro, la campaña despertó una reacción de odio ante la posibilidad de que a los argentinos les fuera bien. Para explicarlo recurrió a René Descartes y a la definición de la envidia que el filósofo formuló en Las pasiones del alma: una tristeza acompañada de odio frente al bien ajeno.
Laje agregó, además, un componente de política interna. Acusó al kirchnerismo de haber sido una pieza relevante en la consolidación de esa narrativa. Según su planteo, sectores kirchneristas validaron los discursos que presentaban a la Argentina como racista, promovieron la idea de que los jugadores eran “desclasados”, fomentaron críticas contra Messi y alimentaron la sospecha de que los triunfos de la Selección se explicaban por los árbitros y por los favores de la FIFA.
No todos los diagnósticos coincidieron con esa explicación. Tampoco la medición de Ad Hoc Digital permitió concluir que haya existido una única operación coordinada, con responsables definidos y una estrategia centralizada. Lo que sí demostraron las métricas es que durante poco más de un mes se desarrolló una conversación extraordinariamente intensa alrededor de la Argentina y que sus principales picos coincidieron con los partidos de la Selección y con la aparición de nuevas controversias.
Sobre esa combinación entre datos cuantitativos y lectura política, el mileísmo elaboró su explicación de lo ocurrido.
Para el oficialismo, el torneo confirmó una idea que Milei sostiene desde antes de asumir la Presidencia: que las disputas políticas contemporáneas ya no se libran solamente en los congresos, las elecciones, los gobiernos o los medios tradicionales, sino también en las plataformas digitales, los algoritmos, los movimientos culturales y la construcción de narrativas capaces de atravesar fronteras.
En esa concepción, las críticas contra la Selección pasaron a ser interpretadas como un episodio más de la batalla cultural. Las acusaciones de racismo, las denuncias de un campeonato amañado, los videos contra Messi, las publicaciones de celebridades y los recortes de jugadas dejaron de ser fenómenos dispersos para integrarse en una explicación común.
Eso permite entender por qué Milei no respondió mediante los canales institucionales. La discusión no se planteó como un asunto de Estado ni como un conflicto diplomático. El Presidente actuó como líder político del universo libertario: seleccionó y amplificó publicaciones de funcionarios, empresarios, periodistas e intelectuales que, desde lugares diferentes, construían una lectura convergente.
Desde esa perspectiva, el Mundial no quedó archivado junto con el subcampeonato conseguido por la Selección en Nueva York. En el oficialismo pasó a integrar otro repertorio: el de los episodios que Javier Milei y su entorno consideran parte de una disputa cultural global.
Los datos de Ad Hoc Digital sirvieron para medir el fenómeno. Los reposts presidenciales mostraron cómo decidió leerlo Milei. Y las intervenciones de dirigentes, empresarios, comunicadores e intelectuales cercanos al mileísmo terminaron de construir una explicación que hoy circula con naturalidad dentro del oficialismo.
La conclusión es conocida: para ese espacio político, durante seis semanas la Argentina no solo disputó una Copa del Mundo. También libró una batalla por su reputación internacional.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Protestas de la CGT, en vivo: hubo incidentes en Avellaneda y se espera una movilización hacia el Congreso
Manifestantes y efectivos policiales se enfrentaron en Avenida Hipólito Yrigoyen, en una jornada marcada por protestas de movimientos sociales. Por la tarde, las movilizaciones se trasladarán hacia el centro porteño. Se registran concentraciones en distintos puntos del país
La Justicia de los EEUU incautó los teléfonos de Claudio “Chiqui” Tapia y otros dirigentes de la AFA antes del regreso de la Selección: fueron citados a declarar
El operativo ocurrió en el aeropuerto de Nueva York, antes de que el equipo argentino emprendiera el regreso a Buenos Aires tras su participación en la Copa del Mundo. La investigación también comprende a Pablo Toviggino, Diego Lucero y Javier Faroni
Llegó a la Argentina el nuevo nuncio de la Santa Sede y comienza una etapa decisiva para la visita del papa León XIV
Michael Wallace Banach fue recibido en Ezeiza por las autoridades del Episcopado. Su acreditación ante Javier Milei abrirá la etapa formal de la organización de la visita de León XIV a la Argentina

El embajador argentino en España rechazó la existencia de una supuesta campaña antiargentina: “Somos dos países hermanos”
Wenceslao Bunge Saravia destacó la relación entre ambos países permanece sólida, con contactos permanentes. Y confirmó que no hay reportes formales de agresión hacia argentinos en territorio español

Los nuevos gestos que hace el Gobierno con las provincias para tratar de suspender las PASO del 2027
Diego Santilli viaja a dos provincias y está la posibilidad de que se sume el Presidente. Las nuevas transferencias y las lecturas al interior de la Casa Rosada, que apuesta a “quemar las naves”




