
Duró varios minutos el último aplauso, que fue la suma de todos los aplausos anteriores. Duró varios minutos y, mientras aplaudían, cientos de personas reunidas en el salón de actos de la Facultad de Derecho de la UBA se levantaron para que el aplauso, además de largo, fuera de pie, que es la forma más contundente de aplaudir.
El reconocimiento del público fue directamente proporcional al que, formalmente, trajo a toda esta gente al salón. La Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA) otorgó este viernes el doctorado Honoris Causa a los seis jueces del Juicio a las Juntas y al fiscal que encabezó la acusación, Julio César Strassera. Se trata del máximo honor entregado por la universidad mejor puntuada de la Argentina a aquellas personas que no ejercen regularmente la docencia allí.
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Los ex jueces León Carlos Arslanian, Ricardo Gil Lavedra, Guillermo Ledesma y Jorge Valerga Aráoz se sentaron en el escenario del enorme salón de actos y allí escucharon los motivos por los cuales la UBA, que es también la universidad en la que se formaron y en la que fueron profesores, decidió reconocerlos.
El otorgamiento del Honoris Causa también alcanzó, aunque de forma póstuma, a los ex jueces Andrés DAlessio y Jorge Torlasco, y al fiscal Strassera. Los hijos y algún nieto de aquellos funcionarios judiciales que partieron en dos la historia de la democracia argentina fueron los que recibieron el diploma y la medalla en el acto de este viernes.
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“El Juicio a las Juntas fue el más importante de toda la historia jurídica de nuestro país. Fue el juzgamiento de tres de las cuatro juntas militares de la última dictadura cívico-militar que hubo en nuestro país. Nunca antes los argentinos habíamos visto a presidentes de facto respondiendo frente a los jueces de la Constitución”, dijo, ante un auditorio atento, Mónica Pinto. La doctora en Derecho y especialista en Derechos Humanos fue la representante del Consejo Superior de la Facultad de Derecho encargada de leer la laudatio que acompañó el reconocimiento a los ex jueces y al fiscal.
“Cual artesanos, estos hombres comunes cumplieron con una responsabilidad extraordinaria y tallaron la democracia argentina con este ADN: el de una sociedad de derecho y el de un país en el que se asumen las responsabilidades por los actos de gobierno”, siguió Pinto, que insistió en que tanto los jueces como el fiscal fueron “hombres comunes que hicieron tareas extraordinarias y que tuvieron una enorme audacia y valentía”.
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“El juicio y la sentencia son parte de la democracia de derechos que se empieza a construir desde el 10 de diciembre de 1983. Con la sentencia, los argentinos empezamos a recuperar la dignidad. Ese día, en esa sala”, destacó Pinto. En el salón de actos, hubo en ese momento uno de todos los aplausos que sonaron durante la ceremonia. Los cuatro jueces que aún están con vida escuchaban atentos -y, por momentos, muy conmovidos- las palabras con las que se argumentaba la distinción otorgada.
Pinto no dudó en destacar la importancia que tuvo el Juicio a las Juntas al interior de la Facultad de Derecho de la UBA. “A partir de los años noventa esta fue una facultad con una formación integral en Derechos Humanos, y el juicio fue el punto de partida de eso”, aseguró.
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Ricardo Gelpi, el rector de la UBA, también tomó la palabra. Lo escuchaban, en primera fila del salón de actos, el senador Martín Lousteau, el vicerrector de la universidad Emiliano Yacobitti, y Roy Cortina, presidente del Partido Socialista de la Ciudad, entre otros. Estaban también la escritora Claudia Piñeiro, pareja de Gil Lavedra, y el juez de Casación Mariano Borinsky, entre otros.
“Estos hombres fueron hacedores de grandeza. ¿Por qué la universidad los homenajea? Para mantener vivo el recuerdo del horror que vivió nuestro país y no olvidarlo nunca más“, sostuvo el rector universitario, que pidió un aplauso para el Presidente de la recuperación democrática, Raúl Alfonsín.
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El apellido del mandatario que impulsó el trabajo de la Conadep y el Juicio a las Juntas se volvió coro en boca de algunos militantes de Franja Morada, la histórica representación de la Unión Cívica Radical en el mundo universitario.
Los ex jueces desplegaron su diploma de doctores Honoris Causa y sus sonrisas a medida que los llamaron, uno por uno, para recibir la distinción. Se abrazaron entre ellos, abrazaron a los familiares de sus compañeros que ya no están, recibieron, junto a esos familiares, el aplauso más largo de un acto cargado de emoción y de reivindicación histórica.
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Gil Lavedra resumió el sentir de los cuatro exjueces presentes: “Es muy grato y muy emocionante haber recibido esta distinción en nuestra casa, que es nuestra facultad y nuestra universidad. Es una distinción que nos excede a título personal porque apunta a la justicia y a la democracia”, sostuvo.
“Cualquier transición democrática tiene una primera tarea que es lograr que la democracia subsista. El juicio representó la posibilidad de juzgar a los máximos responsables de crímenes gravísimos cuando las Fuerzas Armadas aún tenían un poder considerable y cuando buena parte de la sociedad no creía que hubieran ocurrido esos crímenes”.
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Sobre ese clima de época, el ex juez Ledesma definió: “Después del juicio nunca más se discutieron los hechos. Dejaron de ser una duda para pasar a ser una certeza absoluta. Los que decían que en la guerra vale todo fueron refutados por la sentencia y por el juicio”.
Valerga Aráoz, agradecido y emocionado como sus compañeros y amigos, remató: “La democracia no podría haber sido estable sin la realización de este juicio”. Cuarenta años después de aquel hito jurídico que sirvió de ejemplo al mundo y que torció la historia institucional de la Argentina, los hombres comunes que lo llevaron a cabo fueron reconocidos. Hubo aplauso, medalla, diploma y muchos abrazos.
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