
Resultó una sorpresa, sobre todo dando por buena la construcción del clima previo a la apertura de las urnas, con arrastre mediático del efecto PASO y la tonelada de encuestas que volvieron a circular. A contramano de ese cuadro, persistente desde agosto, y en medio de la crisis, Sergio Massa logró ganar la primera vuelta y relegó a Javier Milei, que se movía como oferta imbatible. Eso hizo más sonoro el resultado. Y de inmediato, los dos se lanzaron sobre el voto de Juntos por el Cambio, sacudido por la derrota. Fue apenas después de que Patricia Bullrich intentara dar una señal de cohesión en la caída, algo que en el peor momento de la coalición opositora asomó como reconocimiento del peligro de ruptura.
Massa consolidó el voto propio de las primarias y le añadió varios puntos, para redondear algo más del 36% de los votos. Está lejos de los mejores resultados del peronismo, aunque resulta llamativo en un grave cuadro económico y social, y en el contexto del escándalo de Martín Insaurralde y del caso “Chocolate”, que expusieron el tema de la corrupción sistémica en la política bonaerense. El oficialismo se impuso con comodidad en la provincia -Axel Kicillof rozó el 45%- y también en Lomas de Zamora. Otra señal del domingo de elecciones.
El candidato de UxP armó en la campaña y lo expuso en la celebración de anoche un discurso propio y una puesta en escena que apuntaron a exhibir la promesa de una etapa diferente a la de Alberto Fernández, aun en su condición de ministro de Economía. En esa dirección colaboró el silencio de Cristina Fernández de Kirchner, que dedicó una breve reaparición, después de votar, para una última estocada al Presidente. Ese juego de Massa fue un factor de peso, difícil de medir, que todo indica será profundizado en busca del voto para la disputa del 19 de noviembre.
No fue lo único. El frente oficialista apostó a mostrar un remedio de contención frente al precipicio de la crisis -una especie de reacción conservadora- por encima de responsabilidades propias. Se trató de alimentar el “temor” a Milei, en lugar de una competencia general con la oposición, relegando de paso a Bullrich. Pero además, quedó expuesto el peso de las estructuras del PJ: jefes provinciales, intendentes, el grueso de la CGT y algunos de los movimientos sociales. Fue notoria la remontada en el Gran Buenos Aires y la mayoría de las provincias en sus manos, particularmente las del “Norte Grande”. A diferencia de las primarias, no había margen para gestos al libertario.
En Buenos Aires, hubo coincidencia de intereses con el kirchnerismo duro. Para el círculo de CFK, siempre fue el objetivo estratégico, más allá de las tensiones y disputas entre Kicillof, figura destacada en el festejo oficialista, y Máximo Kirchner. La versión más allegada a La Cámpora se aseguró su núcleo duro en las cámaras de Diputados y Senadores nacionales. Es otro tema para lo que viene en el peronismo.
El crecimiento de UxP entre las PASO y la primera vuelta fue acompañado por los resultados de LLA y JxC. Ese despliegue y trabajo de las estructuras del PJ tradicional, sobre todo en el plano territorial, contuvo y redujo lo que se suponía un crecimiento de Milei, que había tenido resultados particularmente llamativos en distritos dominados por el peronismo. No se le regaló ni se facilitó nada esta vez. Y es posible que, en escala nacional, la apuesta frente a la hipótesis de un triunfo del libertario haya atraído voto “útil” de alguna línea más o menos atada a JxC. Colaboraron seguramente las idas y vueltas de Milei en temas sensibles como la dolarización, además de la falta de sustento político real -gobernadores, legisladores- combinados con un discurso cerrado y hasta fanático.

Como era previsible, Massa salió a trabajar sobre ese terreno en su primer discurso camino al balotaje. Anoche mismo, reiteró su consigna de un “gobierno de unidad” para el caso de llega a la presidencia, una convocatoria no a coaliciones o partidos, sino a integrantes individuales de otros espacios. El planteo genérico incluyó desde Juan Schiaretti hasta la izquierda, pero el foco central fue puesto en el radicalismo. Todo planteado como un corte casi exclusivo con Milei.
Apenas unos minutos antes del discurso de Massa, el candidato libertario había apuntado desde otra perspectiva sobre el electorado de JxC. Milei habló de los “dos tercios” de voto opositor, propuso dar por cerrada la disputa -con cruces muy duros en el tramo final de campaña- y armar una especie de acuerdo para “terminar con el kirchnerismo”.
Las primeras jugadas en el tablero para el balotaje fueron previsibles. Lo dicho: Massa con puentes hacia el radicalismo y Milei con llamado a los duros de JxC, en especial del PRO. En JxC, ese escenario que reclama de hecho definiciones para la segunda vuelta se combina, al mismo tiempo, con malestares conocidos y cruces por las responsabilidades de la derrota. Hacia adelante, definiría además la suerte de la coalición.
Por lo pronto, se verá si existe algún tipo de definición conjunta o una especie de libertad de acción para la elección de noviembre, más allá de que parece claro que los votos no responden mecánicamente a los gestos de los principales dirigentes. Eso gravita doblemente: en la perspectiva que supondría la rediscusión entre los principales socios de la coalición y, a la vez, en el interior del PRO y la UCR.
JxC enfrenta así un desafío llamativo. A pesar de los resultados de ayer, con caída en los bloques de diputados y senadores nacionales, mantiene un número nada desdeñable de bancas. Y sufre la peor caída electoral de su historia cuando logra su mayor peso territorial. El radicalismo suma ahora cinco provincias (Santa Fe, Mendoza, Jujuy, Chaco y Corrientes) y el PRO quedó ayer a un paso de retener la Ciudad de Buenos Aires, ganó en Entre Ríos y ya había logrado triunfos en San Juan, San Luis y Chubut.
En ese contexto, quedaron dañados en este lago camino nacional varias de sus principales figuras, desde Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta, además de Bullrich, hasta Gerardo Morales y Martín Lousteau. Tiene también, en el PRO y en la UCR, figuras emergentes, en especial gobernadores electos. Se verá entonces si la interna -que ya facturó algunos de sus costos en estas elecciones- y la urgencia del balotaje rompen o no la cuerda de la coalición.
Ese mismo vértigo de lo que viene y los reacomodamientos de campaña corren el foco a la disputa entre Massa y Milei para llegar a la mitad más uno de los votos. En el medio, parecen quedar en lugar secundario escándalos de corrupción o consignas temerarias. En menos de un mes, se volverá a votar.
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