
Era entre obvio e inevitable. La imparcialidad o neutralidad que Mauricio Macri pretendió ejecutar en la interna de Juntos por el Cambio quedó pulverizada con las declaraciones que hizo esta mañana en una radio de Córdoba. La embestida del ex presidente contra Horacio Rodríguez Larreta y su rechazo al intento de sumar al gobernador peronista Juan Schiaretti a la coalición opositora cristalizó diferencias que se remontan a años de desconfianza y desencuentros.
Más allá que sus últimas acciones políticas confirmaban su preferencia clara por Patricia Bullrich, Macri trazó hoy una línea definitiva entre los propios y los ajenos. El caso Schiaretti fue apenas una excusa para dejar, de manera explícita, a Larreta, el radicalismo de Gerardo Morales, Elisa Carrió y Miguel Pichetto, del otro lado. Así, quedaron definidos dos bandos que están dispuestos a una batalla final para conquistar la supremacía en Juntos por el Cambio.
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Era previsible. Desde hace semanas, desde esta columna se alertaba de una pulsión autodestructiva en la coalición opositora que perjudicaba sus chances de ser gobierno. Un comportamiento lesivo que mostraba en los números en las encuestas y que se superponía con otros dos fenómenos simultáneos: el crecimiento imparable de Javier Milei y la estabilización, aun con números bajos, del Frente de Todos de Cristina Kirchner y Sergio Massa (con Alberto Fernández, ya en segundo plano, fuera de foco).
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Ese telón de fondo precipitó los últimos episodios que están siendo festejados por el líder libertario y las distintas estirpes peronistas. Si el consenso es que el prolongado proceso electoral -que empieza en agosto y termina en el balotaje de noviembre- se definirá por la suerte de esos tres tercios, Juntos por el Cambio viene haciendo esfuerzos denodados por ensombrecer su competitividad. Hace menos de un año, los sondeos más serios les daban en torno al 40% de intención de voto. Hoy, con suerte, celebran 30%.
En este desorden, fue sugestiva la pregunta que le hicieron, pero más aún su respuesta: “¡Qué pregunta Petete!”, le dijo a Jorge “Petete” Martínez, el conductor que lo entrevistó. Y contestó: “Yo no me arrepiento pero he recibido muchos mensajes de muchos petetes (sic) diciendo que tendría que haber seguido; lo que ordenaba era eso”.
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Quid pro quo
¿En concreto qué se discute en Juntos por el Cambio? ¿Un acuerdo? ¿La marca? ¿El rumbo? ¿La identidad del frente opositor? Claramente no. Se discute quién es el o la que manda en la coalición que parecía tener todo encaminado para asumir a partir del 10 de diciembre el gobierno después del fracaso ruidoso y ruinoso de la última experiencia peronista.
Habíamos contado ayer que lo de Schiaretti -el apresurado intento de sumarlo a JxC- era al fin y al cabo una excusa para blanquear los protagonistas y los términos del conflicto. “La Real Academia Española define casus belli de una manera simple y, acaso, pertinente para explicar la actualidad de Juntos por el Cambio. ‘Caso o motivo de guerra. Motivo que origina o puede originar cualquier conflicto o enfrentamiento’”.
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Y Macri no desentonó con ese registro: “Los que proponen esto no nos conocen a los cordobeses, no nos conocen a nosotros, porque yo me considero un cordobés más. ¿Qué compromiso hay sobre el futuro? ¿Sobre qué valores? Lo he dicho y lo sigo ratificando: ‘Somos el cambio o no somos nada’”, le dijo a Jorge “Petete” Martínez, en la Radio Mitre de esa provincia.
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¿Qué significa “nada”?, se preguntaban cerca del jefe de Gobierno. Pero no era la única frase inquietante que remarcaban:
- “Pone en crisis a todo el sistema de la coalición. Tienen que parar”.
- “Hay que animarse a romper el status quo, todo esto que se está hablando suena a un amontonamiento que desperfila a Juntos por el Cambio y la vocación de renovación. No entiendo. Honestamente, debería volver a esa mesa que creamos hace 15 días, donde quedamos claramente que los dos responsables dentro del PRO iban a sentarse a resolver cada problema. Tiene que sentarse él con Patricia y acordar qué modificaciones se quieren hacer, sobre todo cuando alguien quiere cambiar las reglas de juego, no pueden cambiarse reglas de juego unilateralmente”.
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- “No se pueden hacer estas cosas dando un mensaje tan confuso a los queridos cordobeses. Si hace dos años hubiesen planteado que se querían sumar, ese era otro camino, era virtuoso, de crecimiento, planificado, aprobado. No una cosa improvisada ocho días antes, que realmente pone en crisis todo el sistema de la coalición”.
Son frases que ubican a la coalición opositora en el umbral de una batalla final o, incluso, el abismo de una ruptura. En diálogo con Leonardo Tagliabúe, Gerardo Morales blanqueó la lectura de los que observan con preocupación cómo se disuelve la unidad opositora: “No hay otra persona en Juntos por el Cambio que tenga mejor relación política y personal con Schiaretti que Macri, pero ahora adopta esta postura para beneficiar a Patricia Bullrich en la interna”.
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Pero hay un dato que pone en discusión la movida entera de este fin de semana: la reacción de los candidatos de Córdoba, que bramaron por no haber sido, siquiera, consultados. Patricia Bullrich dijo que en la provincia “explotó una bomba” y Luis Juez, el candidato que enfrenta a los alfiles de Schiaretti, pataleó en el Comité Nacional de la UCR y se fue sin ser tampoco contenidos por quienes parecían sus verdugos.

“El problema que tenemos es que el 14 de junio es el último plazo para anotar los frentes electorales. El 24 de junio es el cierre de listas. Y el 25 tenemos la elección de Córdoba. Si hubiera sido una semana después, no hubiéramos tenido apuro ni se hubiera armado este lío”, confesaba uno de los que trabajó en Juntos por el Cambio para ampliarlo.
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La definición de Larreta de incorporar a Schiaretti y también a José Luis Espert, por derecha; y a Margarita Stolbizer, del ámbito “progresista”, apuntó -dicen- no a la coyuntura electoral, ni siquiera a sumar votos. Apuntó a empezar a rediseñar un sistema político que viene fatigado por una grieta kirchnerismo antikirchnerismo que lo enchastra todo y que paralizó la gestión de los últimos gobiernos.
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