
El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, ya no media en la interna entre el gobierno nacional y el kirchnerismo. Sin los resultados esperados en ciertos temas de coyuntura, el mandatario provincial dejó de lado el lugar del medio que solía tener y decididamente recostado en el ala cristinista avanzó discursivamente con advertencias hacia el gobierno nacional, puntualmente por la situación económica que atraviesa el país; además de algunas señales políticas que también incomodaron en Casa Rosada.
Kicillof coincide con el planteo que por ejemplo hicieron los intendentes del conurbano semanas atrás cuando le pidieron al presidente Alberto Fernández que garantice la mesa de los argentinos. También coincide con las sendas cartas que diputados y senadores nacionales del Frente de Todos redactaron para justificar el rechazo en lo que fue la votación en el Congreso al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
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El gobernador, que además mantiene una agenda de trabajo continua con la vicepresidenta Cristina Kirchner, advirtió ayer que “en el conurbano y el interior de la Provincia no da más la situación social”. Horas más tarde lo ratificó.
“Está muy bien que el gobierno tome medidas, nosotros desde la provincia vamos a apoyar todo lo que podamos y todo lo que falta lo vamos a pedir también”, agregó tras un acto de entrega de escrituras que encabezó en la localidad de Arrecifes el martes. También dijo que “falta la distribución, faltan los ingresos, faltan los salarios y eso implica que los precios dejen de subir”.
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En el tramo político, la semana pasada Kicillof participó del Consejo de Seguridad Interior que se realizó en el Centro Cultural Kirchner y contó con la presencia del presidente Alberto Fernández. También tuvo la participación, claro, del ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, quien sostiene una férrea crítica a la gestión del gobierno nacional. Kicillof y Berni llegaron caminando juntos, luego de haber pasado por la sede del Banco de la Provincia de Buenos Aires, ubicado a unas pocas cuadras del CCK. Cruzó la avenida Alem, habló con algunos medios e ingresó al edificio. El gesto y el respaldo es total, pese a los dardos que su ministro de Seguridad lanza contra la figura presidencial. “Hay que corregir el rumbo económico del país, no hemos hecho todo lo que hicimos para recuperar el Gobierno y que sea tomado por un juego de cinco amigos del Presidente que no han arriesgado nada para llegar hasta acá. Esos cinco o seis alcahuetes que le escriben el diario de Yrigoyen todos los días son los responsables de que estemos donde estamos”, había dicho Berni. Puntualmente sobre esta declaración, Kicillof dijo que las palabras de Berni eran de Berni.
Pero este miércoles, Kicillof y su ministro de Seguridad compartieron otra actividad considerada clave para la gestión provincial como fue el lanzamiento de la Policía Rural, un nuevo cuerpo de seguridad dentro de la fuerza provincial para atender a las necesidades de seguridad del sector agropecuario, en un gesto de acercamiento con un sector refractario a las políticas del Frente de Todos. En esta primera camada, serán más de mil efectivos desplegados por regiones productivas que estarán al cuidado del agro.
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El martes, sin mayores estridencias ni preanuncios -de hecho la actividad no se incluyó dentro de la agenda oficial-, Kicillof fue uno de los protagonistas del acto que llevó adelante la CGT de la Regional Oeste que incluye los municipios de Moreno, Merlo y Marcos Paz. En el acto estuvo junto al presidente del PJ bonaerense, diputado nacional por el FdT y líder de La Cámpora, Máximo Kirchner, otro invitado protagónico del encuentro que fue capitaneado por el flamante titular de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), Abel Furlán. Un sindicalista también posicionado en el kirchnerismo que semanas atrás logró desbancar al albertista Antonio Caló de la conducción general del gremio de metalúrgicos, tras 18 años de conducción de Caló.

En ese acto, Kirchner también mandó señales concretas y contundentes al gobierno nacional. “Fuimos la base de la construcción de la unidad en 2019 y también en 2017 cuando nos miraban de costado y pensaban que era historia terminada”, dijo Kirchner en uno de los pasajes de su discurso. Va en línea con lo dicho por el ministro de Desarrollo de la Comunidad bonaerense, Andrés Larroque, quien directamente dijo que el presidente Fernández fue el jefe de campaña de un sector que sacó 4 puntos en las elecciones de 2017 y que fue contra Cristina Kirchner.
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Durante el acto con gremialistas, Kirchner también habló -como Kicillof lo había hecho horas antes- de la cuestión económica y la devaluación aplicada en 2013. “Sabíamos que no había que retroceder ni un centímetro. La presión de los mercados que deben ser los mismos que lo hicieron con el gobierno para que tome decisiones con respecto al FMI nos hicieron devaluar pero luego lo recuperamos. Estaba Axel en el Ministerio y Augusto Costa en una Secretaría de Comercio potente apoyada por la Presidenta”.
Este miércoles Kicillof volvió a dar señales sobre cuál es el rumbo a tomar. En una entrevista con Radio 10, el gobernador aseguró: “Los que tenemos responsabilidad no tenemos que tener miedo a enfrentar intereses de ciertos sectores”. Algo similar a lo que había dicho el 24 de marzo en el marco de la movilización por el Día de la Memoria por la Verdad y Justicia. En una charla con la presidenta de las Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini sostuvo que al que no le interesaba pelearse con nadie “que sepa que no lo necesitamos”.
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Pese a ello, no cortará relaciones con Casa Rosada. Incluso sostiene el diálogo por diversos motivos de gestión. El principal son los recursos: la provincia de Buenos Aires sigue por debajo en lo que hace a la coparticipación federal si se lo compara con su aporte al Producto Bruto Interno (PBI).
Asimismo, el rumbo que imagina Kicillof para la política económica como norte dista de lo proyectable debido al acuerdo con el FMI. Su jefe de asesores, Carlos Bianco, lo remarcó días atrás en una entrevista con Infobae. Sostuvo que el objetivo es tener un proyecto “que privilegie la producción, la soberanía política”, y que las políticas económicas “no estén determinadas externamente sino que sean decisiones soberanas del pueblo argentino a través de sus representantes”. Reconoció que choca con las metas que propone el acuerdo que el equipo económico del gobierno nacional terminó cerrando con el FMI.
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