Alberto Fernández habló sobre el acuerdo con el FMI: “No queremos salir del mundo ni incumplir nuestras obligaciones”

Durante la extensa entrevista concedida a una influyente consultora internacional, el Presidente ratificó sus intenciones de pagar la deuda externa, elogió al Papa Francisco, exhibió su confianza política respecto a Joseph Biden y abogó para evitar una guerra fría entre Estados Unidos y China

Alberto Fernández durante la entrevista que concedió durante la cumbre anual de Eurasia Group
Alberto Fernández durante la entrevista que concedió durante la cumbre anual de Eurasia Group

Alberto Fernández apuesta a cerrar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y no pierde oportunidad de explicar en los foros globales su estrategia de refinanciación del crédito Stand-By que contrajo Mauricio Macri por 44.000 millones de dólares. Si Argentina no logra postergar los pagos de esa deuda externa, habrá default en marzo 2022.

“Tengo muchas esperanzas de que podamos encontrar un acuerdo y que el Fondo entienda la lógica de lo que estamos planteando. Nosotros no queremos salir del mundo ni incumplir nuestras obligaciones. Queremos cumplirlas, pero no a costa del desarrollo de los argentinos”, dijo el Presidente durante una entrevista que concedió a Ian Bremmer, fundador de Eurasia Group, una consultora global con llegada directa a la Casa Blanca, el Departamento de Estado y la Secretaría del Tesoro.

Alberto Fernández reconoce en la intimidad de Olivos que la negociación con el FMI está en su punto de inflexión, y por eso decidió ejecutar todos los gestos políticos a su alcance frente a la administración de Joseph Biden. En este contexto, el jefe de Estado aceptó la entrevista con Bremmer y desde mañana participará de la Cumbre por la Democracia que organiza Biden en Washington.

La influencia de Estados Unidos es clave en el board del FMI. Y el Presidente no quiere sorpresas políticas.

Durante el reportaje de cuarenta minutos, Alberto Fernández también analizó el crecimiento de China, la relación de la pandemia con la crisis global, el impacto del Cambio Climático, la nueva agenda que propone Biden y su método de convivencia política con Cristina Fernández de Kirchner.

A continuación, la entrevista completa entre el Presidente y el consultor Bremmer durante la Gzero Summit Latin America 2021:

-Se hizo cargo de la presidencia en una de las economías más desafiantes del mundo, por decirlo de algún modo, y casi inmediatamente tuvo que lidiar con una de las crisis globales más grandes de nuestro tiempo. ¿Cómo cambió esto su visión sobre el liderazgo?

-Argentina está en uno de sus peores momentos de la historia económica. Objetivamente era un país altamente endeudado, con una crisis social muy profunda y con una situación de enorme crisis de desarrollo. Era un país que hacía tres años venía con una caída del consumo interno. Nosotros tomamos el gobierno con la convicción de que podíamos, a través de políticas activas, darle un curso distinto a la economía argentina, pero al día 99 cayó la pandemia en nuestro país y eso alteró las cosas, porque las prioridades empezaron a ser otras. La primera prioridad era preservar la salud y la vida de los argentinos, con las consecuencias que la pandemia deparó en todo el mundo. La pandemia para el que le tocó gobernar ese tiempo fue un momento particularmente ingrato, porque la pandemia a uno lo obligó a trabajar en terreno desconocido. La pandemia es lo más parecido a caminar en un pantano: uno no sabía dónde pisaba y se hundía. Lo que a mí me parece que la pandemia dejó muy en claro es la desigualdad y la injusticia social en el mundo. Lo que quedó demostrado es que ese capitalismo financiero que se impuso en las últimas décadas en el mundo sólo hizo millonarios a muy pocos, pero hizo a millones padecer la pobreza. (...). Nosotros tenemos que volver al capitalismo productivo, el capitalismo del que invierte con riesgo, genera trabajo y genera empleo y de ese modo genera un desarrollo social más igualitario. Ese creo que es el gran desafío que tenemos por delante.

-¿A quién ve, en el mundo, como un líder más proclive a este tipo de capitalismo al que usted se refiere?

-No es fácil encontrarlo. Tengo acá en el continente algunas personas, algunos líderes, que no necesariamente son presidentes, pero que estoy seguro que tienen el mismo pensamiento que tengo yo. Hablo de Manuel López Obrador en México, hablo de Lula en Brasil, me parece que en Europa (Emmanuel) Macron cuando se animó a plantear que las licencias para las vacunas se conviertan en un bien global y todos puedan acceder a las licencias para producir vacunas dio un paso en ese sentido. Me parece que el presidente Biden también lo hizo cuando habló de eso, después de haber avanzado con la vacunación del pueblo norteamericano. Pero si me pregunta si hay un líder que exprese claramente esto que estoy diciendo, me animaría a decir que hay un líder moral en el mundo que sí claramente expresa lo que yo estoy diciendo que es el papa Francisco. Con él sí me siento absolutamente identificado con lo que dice. Ese planteo de revisar el capitalismo, de entender que nadie se salva solo, de decir que no se puede vivir en una sociedad que descarta, que deja a un costado a un grupo de la humanidad, que no podemos vivir en ese mundo.

-El Papa es una inspiración para líderes de todo el mundo. Es interesante que señala a un líder e incluso la institución, la Iglesia Católica, parece estar haciendo mucho más que los líderes políticos. Me pregunto, especialmente ahora con la nueva variante del coronavirus en todo el mundo, ¿hemos aprendido alguna lección en estos dos años luchando contra esta enfermedad, cree que la comunidad mundial ha aprendido algo de esta experiencia?

-Me parece que la pandemia ha afectado mucho a todas las comunidades del mundo, a la sociedad global. Me parece que los líderes políticos debemos entender que necesitamos cambiar el mundo, porque el mundo que teníamos era profundamente injusto. Está vista la injusticia, no hace falta que uno la remarque. Miremos lo que le pasa a África con el acceso a las vacunas y nos damos cuenta cuán injusta es la distribución en el mundo. Necesitamos lograr un mundo con mejores equilibrios, nadie se desarrolla solo en una sociedad que no se desarrolla. Cuando uno se desarrolla solo en una sociedad que no se desarrolla, uno se vuelve único y se volverá poderoso en esa sociedad, pero a costa del malvivir de millones. Creo que la pandemia nos tiene que haber enseñado. Y tenemos un imperativo ético de cambiar el mundo para hacerlo más igualitario, más equilibrado, más humano, que es lo que ha dejado de ser.

Alberto Fernández y el Papa Francisco durante su último encuentro en el Vaticano. (Presidencia)
Alberto Fernández y el Papa Francisco durante su último encuentro en el Vaticano. (Presidencia)

-¿Lo que usted dice es que la pandemia está agravando las iniquidades existentes?

-Definitivamente, porque lo que la pandemia generó es que gran parte de la economía se pare y consecuentemente esto aumenta el desempleo y el desempleo conduce a la pobreza. Esto que le pasa a la Argentina le pasa al mundo entero. Este año la Argentina se está recuperando a gran velocidad y con muy buenos resultados. Vamos a terminar creciendo más del 10 por ciento y prácticamente este año habremos recuperado la caída que tuvimos el año pasado. Pero en un país con enormes injusticias, donde la informalidad económica es muy grande. Esto se repite prácticamente en toda América latina. Es el continente más desigual del mundo y los latinoamericanos debemos tomar nota de esta realidad. Que un país crezca el 10 por ciento, pero tenga el 40 por ciento de pobreza no es un país que crece como todos quisiéramos que crezca, porque el crecimiento debiera llegar a todos.

-Qué puede hacer usted como Presidente para ayudar a que la situación no empeore para los pobres en la Argentina?

-Argentina es un país singular, tiene un nivel de endeudamiento muy alto y eso condiciona mucho sus posibilidades de políticas y de desarrollo económico. Estamos convencidos de que la única forma de poder pagar y de poder crecer es a través de un desarrollo armónico: con industria que aumenta su producción, que esa producción se exporte y genere dólares para pagar la deuda, pero que al mismo tiempo da mejores condiciones de vida a los argentinos. Me parece que eso estamos absolutamente decididos a hacerlo y no queremos claudicar en esa lógica. La lógica de los que piensan que primero para pagar hay que ajustar la economía para que la economía funcione es el capitalismo del descarte. Ajustando dejamos afuera a millones de argentinos y los números cierran, pero lo que no cierra es la vida de los argentinos, que siguen padeciendo. De una vez por todas tenemos que entender que la igualdad es lo que más nos hace progresar. (...) Necesitamos convencer a la comunidad internacional y, en este caso, al Fondo Monetario Internacional, que es con quien estamos negociando una deuda increíble que asumió el gobierno que me precedió, pero que tengo muchas esperanzas de que podamos encontrar un acuerdo y que el Fondo entienda la lógica de lo que estamos planteando. Nosotros no queremos salir del mundo ni incumplir nuestras obligaciones. Queremos cumplirlas, pero no a costa del desarrollo de los argentinos.

-¿Cuál es su opinión sobre el FMI en cuanto a organización, lo ve como una organización constructiva, es parte de la solución o es parte del problema? ¿Cómo lo cambiaría si usted estuviese a cargo de la organización?

-Creo mucho en el multilateralismo. No creo en los hegemonismos ni creo en las bipolaridades. Estas organizaciones pueden ser muy buenas o pueden ser muy malas según se las conduzca. Hay una historia en el FMI, una historia doctrinaria, ideológica, conceptual, que tiene mucho que ver con lo más rancio del neoliberalismo nacido de los consensos de Washington, que le han hecho mucho daño a la región y al mundo. No quiero hablar de América latina, piensen en Grecia. Han postergado a sociedades enteras durante muchos años para poder recobrar los créditos que han dado. Sin embargo, advierto que con la llegada de Kristalina Georgieva esta mirada ha cambiado un poco en el FMI. Por primera vez veo una mirada más humanista que pretende, como corresponde, como acreedor que el Fondo es, cobrar lo que se le debe, pero que entiende que para cobrar no puede seguir aumentándose la pobreza de un país como la Argentina. Bien utilizados, los recursos del Fondo pueden servir de mucho. Mal utilizados, no. Durante la pandemia, el FMI dedicó como una asistencia especial para todo el mundo una suma de 50.000 millones de dólares, esa es la misma suma que le prestó a la Argentina en medio de un estropicio económico. Y es la discusión que hoy tenemos: por qué le prestaste a la Argentina esa suma sabiendo que la Argentina no podía pagarlo, por qué pasó eso. Y si pasó, tené en cuenta cómo lo hiciste, porque tenés una cuota de responsabilidad en lo que te ha pasado, FMI. Este es nuestro planteo. Nuestro planteo no es no pagar, nuestro planteo es que hablemos sensatamente, que hablemos francamente. No puede ser que el FMI sirva para financiar proyectos políticos y no para financiar países. Porque la mitad de esos fondos que entraron en ese momento se los llevaron los acreedores privados y la otra mitad se fugó del país. Para eso no sirven los préstamos.

-Suena a que, por lo menos, en lo que respecta a las negociaciones entre usted y Kristalina existe algo como un entendimiento común. ¿Existe la voluntad política desde los dos lados según usted como para llegar a un acuerdo?

-Yo confío que sí. Yo estoy negociando para llegar a un acuerdo y para empezar a pagar en las condiciones en que Argentina pueda hacerlo. Las condiciones quieren decir “no me obliguen a postergar más a la Argentina”. Y yo confío en que sí, en que lo vamos a poder lograr. Pero hay que entender, e insisto en este punto, que no se puede persistir con las lógicas que se han aplicado hasta aquí. Con esas lógicas se le prestaron a la Argentina 44 mil millones de dólares a un país que ya no podía pagar sus deudas a los acreedores privados. Entonces, no tiene mucho sentido seguir aplicando esas lógicas y después venir a pretender cobrar eso reclamando ajustes o un esfuerzo que ya los argentinos no están en condiciones de hacer.

Alberto Fernández y Kristalina Georgieva durante su encuentro en la embajada argentina en Italia
Alberto Fernández y Kristalina Georgieva durante su encuentro en la embajada argentina en Italia

-Sé que esto debe ser difícil a nivel político para usted. Vi que su vicepresidenta dijo que cualquiera sea el acuerdo el que está a cargo es el Presidente. Me recordó en parte a (Joseph) Biden dándole a (la vicepresidente de los Estados Unidos, Kamala (Harris) la situación de la inmigración. Como una suerte de “tomá, esto es lo tuyo”. Es prácticamente imposible para usted salir de esto sin ser lastimado.

-En verdad hay también un relato mediático, una prédica mediática que plantea a Cristina como oponiéndose a mi decisión y a mi voluntad de encontrar un acuerdo, y eso no es cierto. La verdad es que no es cierto. Cristina acompaña esto. A mí me causa gracia cuando se toca este tema porque la historia dice que nosotros siempre fuimos los que pagamos las deudas que otros contrajeron. (...). Yo ahora llego al Gobierno y para mí todo esto es una suerte de deja vu. Vuelvo a vivir todo lo que viví. Vuelvo a recibir un país con deudas que yo no tomé y de las que debo hacerme cargo. Cristina y yo tenemos una historia común en ese punto, de asumir un país endeudado y tener que pagar las deudas que otros tomaron. Lo que pasa es que se ha escrito mucho sobre la idea de que Cristina no está de acuerdo en que tengamos un acuerdo con el Fondo, y está claro que la decisión es mía y yo la voy a asumir y tomar, pero frente a todas esas versiones que dicen que ella se opone a ese acuerdo ella contesta públicamente: “Yo no me opongo a ese acuerdo y estoy de acuerdo en lograr una solución que no signifique postergar a los argentinos, que no signifique seguir sometiendo a los argentinos a más pobreza y a más frustración”. Y eso lo cree ella y lo creo yo. Ahora, la lectura es que cuando ella lo escribe en una carta pareciera ser, o muchos lo quieren leer, como si me fijara un rumbo. La verdad es que yo estoy muy seguro de cuál es el rumbo que tenemos que tomar y tengo la certeza de que es el mismo que quiere Cristina.

-Obviamente, Cristina no es tímida respecto de hacer saber su opinión. Mi duda es, en función de cómo explicás esto, ¿es una rutina de policía bueno y policía malo la de ustedes?

-No hay nada de eso. Cristina y yo no somos iguales. Nosotros hicimos un frente que nuclea al peronismo y a muchas otras fuerzas y, por lo tanto, no hay una mirada homogénea sobre la realidad. Hay una mirada diversa, y nosotros convivimos en esa diversidad. Está claro que Cristina y yo en muchas cosas no pensamos igual, el que decide finalmente soy yo. Ahora, también está claro que Cristina es una persona muy importante en la política argentina. Fue ocho años presidenta y es una persona que tiene, sin duda, una personalidad que en términos políticos trasciende en mucho en la Argentina. Ella se expresa como siempre se expresó y actúa como siempre actuó, lo que pasa es que ahora como no es la Presidenta cuando ella habla se lee de otro modo. Yo lo leo con la misma naturalidad que siempre la leí. Habló Cristina. Borges, que es un gran escritor que ha tenido la Argentina, decía siempre, cada vez que decía una cosa altisonante, “no le den demasiada importancia, es solo mi opinión”. Esta es la opinión de Cristina, y yo la respeto y la valoro mucho, pero yo tengo otras. Generalmente, conciliamos posiciones, pero ahora la idea de que yo soy el bueno y Cristina es la mala es una falacia. La idea de que no siempre estamos de acuerdo es cierta, no siempre estamos de acuerdo. Y cuando no estamos de acuerdo tratamos de salvar las diferencias como dos personas racionales, hablando y conversando. Y cuando hay que bajar el martillo lo hace el Presidente.

-Hubiera estado muy decepcionado si usted no citaba a Borges durante la entrevista, así que le agradezco por eso, pero quería llevar la entrevista hacia un lado más sencillo. Al principio empezamos hablando de que no hay cooperación ni liderazgo internacional en torno al cambio climático, pero sí enormes niveles de injusticia. En cuanto a la pandemia, luego de Glasgow en donde pareció que había una suerte de momento para tratar temas como la deforestación, y que los líderes internacionales entendían que van a tener que cooperar y ayudar a los países que han sido muy maltratados, ¿hay más esperanza respecto de esto o Argentina lo ve de otra forma?

-Antes que nada, quiero decirle que ya le nombré a Borges, al Papa y solo me queda nombrar a Maradona, que en algún momento lo nombraré para que se quede conforme con la entrevista con un argentino. Pero yendo a su pregunta, lo más importante de Glasgow fue que Estados Unidos volvió a la discusión sobre el cambio climático, porque en los años de Trump, su retiro de la Cumbre y los acuerdos de París se vivieron como una gran frustración por la humanidad. Discutir el cambio climático con Estados Unidos negándolo, la verdad es que era una discusión difícil para la humanidad. Lo mejor de Glasgow fue verlo nuevamente al presidente Biden impulsando y tomando la delantera, empujando la idea que parecía en tiempos de Trump abandonada. Y el problema es acuciante, es muy serio, y debe ser tomado con la seriedad que requiere. Me parece que en Glasgow lo más importante que se vivió es el regreso de Estados Unidos, que vuelva a expresar preocupación por el problema. El segundo punto es que se habló con mucha franqueza. Hay que resolver una serie de problemas que tienen que ver con la emisión de gases tóxicos que afectan el ambiente y esto cuesta dinero. ¿Cómo financiamos eso? Eso para mí fue muy importante, se habló con mucha crudeza y mucha franqueza. Yo mismo planteé la necesidad de que los países deudores tal vez cambiemos deuda por compromiso climático. Argentina es un dador de oxígeno por sus bosques, sus montes y sus zonas verdes para todo el mundo. Bueno, veamos si de algún modo podemos compensar. Yo planteaba que no quiero que me perdonen deuda, pero denme más tiempo para pagar, y al darme más tiempo puedo utilizar más recursos para la sostenibilidad del ambiente. Y hubo otras ideas como ver cómo los organismos multilaterales pueden financiar todo este cambio.

Alberto Fernández y Joseph Biden durante un encuentro informal en la cumbre del G20 en Roma
Alberto Fernández y Joseph Biden durante un encuentro informal en la cumbre del G20 en Roma

-A raíz de la pandemia se tomaron decisiones individuales en cada país. Y con el clima de alguna manera es exactamente lo contrario. En la COP26, hay 194 países y si uno solo de todos está en desacuerdo no se puede pasar el acuerdo de la COP26. ¿Qué deberíamos hacer con esto?

-Lo que pasa es que ahí hay demasiados intereses en juego y muchas veces esos intereses entran en pugna. Doy un ejemplo, el acuerdo Mercosur-Unión Europea se frustra porque la Unión Europea reclama una mayor protección de la Amazonia. Yo estoy de acuerdo con la UE, quiero que la Amazonia sea protegida y nosotros, que tenemos el final de la Amazonia en el norte argentino, tenemos políticas de protección de eso. Ahora, el verdadero motivo de que los acuerdos se frustren no es ese, es que en Europa hay países que no quieren terminar con los subsidios agrícolas y por lo tanto no dejan entrar a nuestros productos con la facilidad que nosotros queremos. Hay ahí un juego de intereses muy fuerte.

-Una cosa por la que no le he preguntado nada todavía es China, tanto en cuanto a la participación en el proceso climático como en su posicionamiento como líder internacional. Incluyendo en América latina, especialmente en Argentina en torno a las inversiones en el país, ¿cómo percibe usted al gobierno chino?

-China es un país que todo lo desequilibra, solamente la cantidad de habitantes que tiene cuando demanda un producto cambia todo el contexto comercial del mundo. Lo estamos viviendo en Argentina hoy con la demanda de alimentos. China se convierte en comprador de carnes y los precios se potencian de un modo increíble. China es un actor que ya nadie puede negar, es un actor de este presente. Hay una disputa claramente geopolítica con los Estados Unidos y la verdad es que lo que yo creo es que el resto del mundo debe evitar volver a un mundo bipolar, como el que en su momento fue entre Rusia y Estados Unidos, no volver a un mundo que discuta entre China y Estados Unidos. Estados Unidos tiene una enorme preocupación porque China tiene facilidades para avanzar en el contexto de las naciones, porque tiene condiciones comerciales muy ventajosas para países como los latinoamericanos. Tienen condiciones para venir, invertir, generar infraestructura y financiarlo. Y esto no pasa con la economía americana ni con la europea tampoco. Acá lo que tenemos que entender es que primero China es una nueva realidad en el mundo y la solución no debe ser la confrontación que se propone. No debe ser esa. (...) Estados Unidos es un país muy importante. Es la primera potencia del mundo y tiene que saber manejar de algún modo esta situación con China, que con todo derecho quiere crecer. Más de 1.300 millones de habitantes quieren crecer, desarrollar el interior de su país, está haciendo ingresar a la modernidad a 40 millones de personas anualmente. Tienen por delante un trabajo inmenso para generar esa nueva China con la que sueña Xi Jinping, y no lo va a poder evitar nadie porque ellos tienen condiciones y recursos para hacerlo. Tenemos que hacerlo en un plano de convivencia. A mí no me gusta esta idea de que se está con China o con Estados Unidos. No es así. Nosotros tenemos muchos lazos con Estados Unidos y muchos lazos crecientes, más nuevos, con China. Y son lazos respetables todos, y yo que siempre me declaro casi un europeísta cuido mucho los vínculos con Europa porque me parecen muy importantes.

-¿Con quién es más fácil negociar, entonces? ¿El FMI o los chinos?

-Toda negociación es difícil, no es verdad que haya gente más accesible que otra. La negociación supone un conflicto de intereses y en la disputa por los intereses todo es difícil.

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