
En estricto secreto, Alberto Fernández tiene previsto ejecutar hoy un movimiento diplomático destinado a exigir a la dictadura regenteada por Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo que ordene la inmediata libertad de cuatro presos políticos que fueron capturados por el régimen sandinista para evitar su participación en las próximas elecciones y preservar así su poder hegemónico hasta fines de 2027.
Ortega y Murillo iniciaron una Noche de los Bastones Largos en Nicaragua para desmantelar a la oposición que exige transparencia y libertad para llegar a los comicios presidenciales del 7 de noviembre. Ese movimiento represivo implicó la detención de Cristiana Chamorro, Juan Sebastián Chamorro, Felix Maradiaga y Arturo Cruz, todos acusados por presunta Traición a la Patria y Lavado de dinero.
El matrimonio dictatorial de Nicaragua no tiene una evidencia contra Cristiana Chamorro, Juan Sebastián Chamorro, Maradiaga y Cruz, que pretendían ser candidatos a presidente en los próximos comicios. Se trata de un armado ilegal para acabar con la resistencia política-institucional al régimen sandinista, que está aislado desde la masacre cometida en 2018 para perpetuarse en el poder.
No es que los dictadores Ortega y Murillo sólo tienen tras las rejas a cuatro presos políticos. Pero la pérdida de la libertad y el peligro de muerte de Chamorro, Juan Sebastián Chamorro, Maradiaga y Cruz alertaron a la comunidad internacional. Sin ellos, no habrá un proceso electoral serio y transparente como exige las normas básicas de cualquier sistema democrático.
Desde esta perspectiva, el influyente senador Bob Menéndez -titular de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara Alta de los Estados Unidos- ha dicho en las últimas horas que “Daniel Ortega deja claro que aspira a ser el Kim Jong -un del hemisferio occidental. No podemos aceptar que consolide la tercera dictadura en la región (hace alusión a Cuba y Venezuela). Él y sus secuaces deben enfrentar las consecuencias por su brutal ataque contra la democracia y las leyes de Nicaragua”.
Y en la misma línea de presión diplomática, Pedro Sánchez avaló ayer al concluir su gira por América Latina un documento público que fue compartido por Costa Rica, Belice, Guatemala, Panamá y República Dominicana. Esa posición multilateral -liderada por el premier español- expresa “su profunda preocupación por las recientes acciones desplegadas por el gobierno de Nicaragua contra importantes líderes de la oposición en ese país, las cuales atentan contra el libre ejercicio democrático. Instamos a su inmediata liberación, y a la restitución de sus derechos políticos”.

Alberto Fernández también considera que ya es momento de presionar a la dictadura sandinista para obtener la libertad de sus presos políticos y garantizar comicios transparentes y libres para elegir a las nuevas autoridades de Nicaragua. El jefe de Estado y Pedro Sánchez hablaron al respecto durante su encuentro a solas en Balcarce 50, y el líder socialista conoce los detalles de la movida diplomática que ejecutaría hoy la Casa Rosada.
Felipe Solá fue uno de los arquitectos de la jugada multilateral destinada a lograr la libertad de Cristiana Chamorro, Juan Sebastián Chamorro, Maradiaga y Cruz. El canciller es amigo de Cruz, y está preocupado por su situación política -como la de los otros candidatos presidenciales-, ante la detención arbitraria ordenada por Ortega y su esposa Murillo.
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos impuso sanciones económicas a importantes referentes de la dictadura sandinista como respuesta a la detención de los cuatro líderes políticos. Entre los sancionados están Camila Ortega Murillo, hija de Daniel Ortega, y su esposa y vicepresidente Rosario Murillo.
Alberto Fernández no está de acuerdo con las sanciones y los bloqueos económicos ordenados por Estados Unidos. Así lo hizo saber respecto a Venezuela y Cuba, y así lo ratificó cuando se enteró que se estaban dictando esas medidas coercitivas contra la nomenclatura de Nicaragua.
Sin embargo, en esta oportunidad, el Presidente coordinó con el Departamento de Estado su iniciativa de exigir la libertad de Cristiana Chamorro, Juan Sebastián Chamorro, Maradiaga y Cruz. Es un secreto diplomático y también una señal a Joseph Biden, que aún duda sobre la verosimilitud de la agenda multilateral que propone Alberto Fernández como eje de su política exterior.
A media mañana, Alberto Fernández y Solá definirán el curso de acción. Puede haber una movida inesperada en Managua, una jugada de manual en Washington, o la cancelación de ambos gambitos hasta la semana próxima. Depende del Presidente, que para preservar el secreto de Estado, ayer en Gobierno aseguró que “no tenía nada que hacer en Nicaragua”.
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