
Axel Kicillof redondeó el discurso presidencial sobre el nuevo confinamiento al precisar el alcance de las medidas en la provincia de Buenos Aires. En rigor, celebró la dureza y nacionalización de las restricciones que fueron empujadas desde La Plata, con silencioso aval de Cristina Fernández de Kirchner. Dedicó un reproche con intención de ironía a Horacio Rodríguez Larreta, colocado en el centro de la carga presidencial de un día antes, junto al grueso de los gobernadores. Y del mismo modo, agregó letra propia a un contrapunto imaginario en todo sentido: supone un éxito de la estrategia sanitaria “oficialista” frente al fracaso de una estrategia sanitaria “opositora”. No hay tal cosa, y menos que éxitos para enrostrar en ningún caso.
El gobernador bonaerense también completó un giro alimentado por su concepción politica, y la de su sector, que recrea una construcción del enemigo tan lineal como conocida. La pieza previa había sido expuesta hace apenas quince días en el acto de la “foto de la unidad”, en Ensenada, con escenario que encabezaron el Presidente, CFK y Sergio Massa y que también compartieron referentes de la provincia. Allí, fue agitado otra vez el fantasma de una confluencia de opositores, jueces y medios.
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Eso, por supuesto, tiene expresiones diversas. En aquella oportunidad, la mira estuvo puesta en la Corte Suprema, completada por un reduccionismo inquietante sobre el funcionamiento democrático. El gobernador sostuvo sin nombrar a Rodríguez Larreta que la oposición recurre a los jueces para imponer un proyecto que no funcionó en las urnas y que de ese modo juegan en contra de “un presidente elegido en primera vuelta por amplia mayoría”.
Ayer dio una vuelta de tuerca sobre esa concepción. Y lo hizo para condenar otra vez la pulseada ganada en la Corte por el gobierno porteño en cuanto a la autonomía del distrito y las clases presenciales. “La provincia respeta las leyes y cumple las leyes. Y un DNU tiene valor de ley”, dijo. Los DNU y las leyes, se sabe, pueden ser declarados inconstitucionales. Es parte del juego y equilibrio de poderes. Y eso es lo que se pone en tela de juicio. La defensa cerrada de la excepcionalidad de las medidas frente al coronavirus parece nutrida por razones que superan los desafíos de la pandemia.
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Kicillof fue más explícito en su reacción por la decisión porteña de suspender las clases en todos los niveles durante los tres días hábiles de la semana que viene. “Es bueno ver el primer gesto de autocrítica del macrismo desde que dejó el gobierno”, dijo, con tono de revancha. Dicho de otra forma, se adjudicó sostener siempre la fórmula correcta para enfrentar el coronavirus, a diferencia de la Capital, que ahora dio marcha atrás con el tema. Ningún número muestra que la posición de la Provincia haya generado mejores resultados que la decisión porteña.
De todos modos, el gobernador pegó sobre el crédito político que el propio oficialismo considera ganado por Rodríguez Larreta en el debate público sobre las clases. La decisión tomada ahora por la gestión porteña abre un claro interrogante no sólo por esa cuestión específica sino además como referencia política más amplia ante el gobierno nacional. No hubo respuesta a los dichos del Presidente en este terreno y menos al gobernador. Es probable que el jefe de Gobierno de la Ciudad haya considerado mejor no quedar expuesto al conflicto frente al agravamiento de contagios y muertes. Se verá cómo es leído socialmente.
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El Presidente ya había expuesto la intención de trabajar sobre el “error” y las responsabilidades ajenas frente al cuadro de la pandemia, extendido de manera creciente hacia el interior del país y en especial a los distritos con grandes centros urbanos, algo previsible, como ocurrió en los picos anteriores. “Tuve razón”, dijo Alberto Fernández en el mensaje por cadena nacional, en una frase breve precedida por un “para mi pesar” como recurso obvio.
El Presidente no sólo apuntó a la Ciudad y de manera implícita a la Corte, sino que cuestionó a los gobernadores en general. Los amonestó por la falta de compromiso previo y les advirtió que el resultado del nuevo confinamiento depende de ellos. Mencionó tres actitudes, todas censurables. Sostuvo que algunos jefes provinciales no aplicaron las medidas de entrada, agregó que otros las adoptaron tardíamente y remató afirmando que la mayoría relajó los controles.
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Alberto Fernández hizo la presentación del nuevo DNU luego de dos videoconferencias con los gobernadores. En lugar de destacar el consenso, puso en primera línea el cuestionamiento y las advertencias a los jefes provinciales. Un intento, quizá, para exponer autoridad y capacidad de alineamiento. Pero Axel Kicillof se tomó el tiempo para mostrar que la letra no es exclusivamente original de Olivos. Otra imagen del estado de cosas en el frente interno.
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