
Durante las últimas semanas en la provincia de Buenos Aires terminó de tomar forma un recambio generacional en los dos partidos tradicionales de la Argentina. Esta consolidación de nuevos dirigentes jóvenes tendrá efectos concretos en la lucha de poder de cara a las próximas elecciones presidenciales.
Por un lado, Máximo Kirchner logró imponer su lista de unidad para renovar autoridades en el PJ bonaerense, una estructura que históricamente estuvo en manos de los intendentes. Casi en simultáneo, Maximiliano Abad, derrotó al intendente de San Isidro, Gustavo Posse, en la interna y quedó al frente del Comité del partido centenario en el distrito más importante del país.
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El líder de La Cámpora hizo valer toda su influencia y poder de negociación para lograr un acuerdo con la mayoría de los intendentes -sólo Fernando Gray se resistió públicamente- y así plasmar en la estructura partidaria la unidad del peronismo sellada en 2019. En el camporismo aseguran que es una manera de consolidar al PJ como columna vertebral del Frente de Todos. Sin embargo, desde otros sectores consideran que se trata simplemente de un avance del sector kirchnerista sobre las estructuras tradicionales en pos del proyecto de poder de Máximo.

La figura del jefe de bloque de diputados del Frente de Todos ganó terreno entre los principales dirigentes de la coalición y el desembarco en el PJ de un kirchnerista es prueba de su nivel de influencia.
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En concreto, Máximo Kirchner busca ordenar el oficialismo antes de que empiecen a discutirse las listas para las elecciones legislativas. Un segundo paso será que su agrupación ocupe más espacios en las estructuras partidarias municipales, que por ahora no renovarán autoridades.
Más allá del acuerdo con el peronismo territorial, su candidatura contó con el visto bueno del presidente Alberto Fernández, que hizo lo propio en el PJ nacional con el objetivo de mantener el equilibrio interno, y de Cristina Kirchner, quien llamativamente no intentó ocupar esos espacios de poder en el pejotismo durante su propia presidencia.
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Por su parte, el jefe del bloque de diputados provinciales de Juntos por el Cambio, Maximiliano Abad, también pudo mostrar apoyos de peso en la previa de la interna radical, como el ex titular de la UCR bonaerense -y vice de Vidal- Daniel Salvador, uno de los fundadores de Juntos por el Cambio, Ernesto Sanz, y los gobernadores Gerardo Morales (Jujuy) y Gustavo Valdez (Corrientes). También contó, entre otros, con el respaldo del actor Luis Brandoni, del diputado Mario Negri y del senador Luis Naidenoff.

Abad es una figura joven, con influencia dentro del esquema provincial de la oposición e integrante de la mesa de negociación con el peronismo en la Cámara baja, donde destacan su predisposición para los acuerdos.
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Si bien aclaran que buscarán un mayor protagonismo dentro de Juntos por el Cambio, el triunfo de Abad significa una suerte de continuidad en la relación con el PRO y la Coalición Cívica.
Con una visión menos confrontativa que la expuesta por el tándem Posse-Lousteau, quienes plantearon como principal objetivo disputarle el liderazgo de la coalición opositora al macrismo, desde el sector encabezado por Abad destacan que tras el acuerdo de Gualeguaychú el partido centenario aumentó su representación territorial: llegó a tener 32 intendentes bonaerenses, 6 diputados nacionales y 16 provinciales. “Durante este período obtuvimos lugares que nos permiten tener otra perspectiva, lejos de aquellos tiempos en que nos decían que estábamos en extinción”, aseguran.
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De cara al futuro, Abad también esgrime una carta fuerte: la candidatura del neurocientífico Facundo Manes, quien sueña con encarnar “el nuevo radicalismo” y llegar a la Gobernación o incluso a la Casa Rosada. Mientras, su nombre suena para encabezar una eventual lista de diputados nacionales.
“La victoria de este domingo garantiza la unidad de la oposición, la continuidad de Juntos por el Cambio y la posibilidad de acceder al Gobierno en 2023”, destacan sus allegados.
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Más allá de los acuerdos y apoyos de los que Máximo Kirchner y Maximiliano Abad se valieron para quedarse con la dirección de sus respectivos partidos, el poder político está para ejercerlo y en esa práctica es inevitable que cada uno le de su propia impronta a dos estructuras tradicionales pero potentes.
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