
El 10 de febrero, cerca de las 13.00 en Buenos Aires, Joseph Biden anunció en el Pentágono que creaba una task force para diseñar una estrategia de contención al “creciente desafío de China” a los intereses de Estados Unidos en todo el mundo. Beijing aprovecha su peso económico para ocupar espacios geopolíticos, y Argentina no está al margen de esta estrategia de poder que ya se puede comprobar en las reservas del Banco Central, el precio final de la vacuna de Sinopharm y las misteriosas “actividades espaciales” en la base militar que China desplegó en Neuquén.
Ely Ratner, asistente especial del secretario de Defensa de los Estados Unidos, Lloyd J. Austin, estará a cargo del grupo de 15 expertos que diseñaran la futura estrategia de contención de China que aplicará la Casa Blanca alrededor del mundo. La comisión liderada por Ratner -con muchos años al lado de Biden- tiene un plazo de cuatro meses y consultará al Capitolio y a los principales expertos sobre China que trabajan en los think tanks de Washington.
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“China es un poder en ascenso y está desafiando a los Estados Unidos y sus aliados en muchas partes del mundo. Desde el Cuerno de África a Sudamérica a través del Indo Pacífico. China está afirmando su creciente influencia en maneras que habitualmente deterioran la estabilidad del orden internacional que ha mantenido la paz desde el fin de la Segunda Guerra Mundial”, afirmó el comunicado de prensa del Pentágono que justificó la creación de la comisión de expertos liderada por Ratner.

En este contexto geopolítico, no fue casualidad que Estados Unidos fletara a la región al patrullero USCGC Stone y que se publicara la presencia en el Atlántico Sur de un submarino nuclear enviado por la Armada estadounidense en las redes sociales del Commander Submarine Force Atlantic (COMSUBLANT).
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Esos dos movimientos sucesivos se ejecutaron para anunciar que Washington pondrá especial énfasis en la pesca ilegal de barcos chinos que asolan todos los mares del planeta. Biden considera que la pesca ilegal es uno de los métodos que aplica Beijing para socavar la estabilidad del sistema internacional creado después de la victoria de los aliados contra el Tercer Reich.
La Casa Rosada ya sabe que el patrullero USCGC Stone y el submarino nuclear Greeneville fueron movimientos ordenados por el Pentágono para demostrar a Xi Jinping que se abrió una nueva etapa en las relaciones de los Estados Unidos con China. Y que no hubo intención de complicar las relaciones bilaterales entre Biden y Alberto Fernández.
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“Nosotros no podemos permitir un submarino nuclear en el Atlántico Sur porque viola las resoluciones de la ONU, y menos aún que estén allí colaborando con los ingleses en las Islas Malvinas. Pero también sé que fue una señal por la pesca ilegal que hacen los chinos. No fue para nosotros: si esa pesca ilegal también nos perjudica desde la economía y la ecología”, explicó el Presidente cuando le preguntaron en Olivos acerca del submarino nuclear Greeneville y la protesta formal que realizó la Cancillería.
Sin embargo, desde otra perspectiva, Alberto Fernández debería tener en cuenta los antecedentes del patrullero USCGC Stone y el submarino nuclear Greeneville. Si por la pesca ilegal, Biden autorizó el despliegue de un patrullero y un submarino, no habría que descartar ciertas acciones disuasivas de la Casa Blanca frente a los niveles de relación bilateral que China desea establecer con Argentina.
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Xi Jinping pretende que empresas chinas participen en la licitación del 5G, en la producción de baterías de litio, en la construcción de centrales nucleares, en la producción a escala geométrica de alimentos, en inversiones vinculadas a la energía y en la provisión de material bélico al Ministerio de Defensa.
Esta agenda bilateral que se promueve desde Beijing choca de frente con la estrategia de contención a China que ya preparan los 15 expertos del Pentágono bajo las órdenes del asesor especial Ratner. Alberto Fernández necesita a los Estados Unidos para cerrar la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Club de París, y a su vez obtener créditos blandos de organismos multilaterales que siempre responden a la agenda geopolítica de la Casa Blanca.
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Biden desea articular una relación política y personal con Alberto Fernández, pero será inflexible con Xi Jinping y su estrategia global pensaba para desplazar a los Estados Unidos como primera potencia mundial. El Presidente argentino visitará a Xi desde el 5 de mayo, y aún no hay fecha tentativa para una reunión a solas con Biden. En Washington prefieren esperar que Alberto Fernández regrese de China y actuar en consecuencia.
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