
Hace dos días, Felipe Solá llegó a la quinta de Olivos cerca de las cuatro de la tarde para escuchar el primer diálogo político entre Alberto Fernández y Joseph Biden. Cuando ingresó al pasillo que desemboca al despacho presidencial, el canciller comprendió que había cometido un error imposible de enmendar. La cita diplomática era en Balcarce 50, y nadie le había avisado.
A las cuatro de la tarde, en el primer piso de la Casa Rosada, Alberto Fernández aguardaba en silencio la comunicación con Biden. No estaba solo: el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, el ministro de Economía, Martín Guzmán, el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz, el secretario General de la Presidencia, Julio Vitobello, y el secretario de Medios de Comunicación, Juan Pablo Biondi, eran de la partida.
Cuando la conversación diplomática había terminado y se acercaba la hora del té, Solá ingresó al despacho presidencial. El canciller no escuchó nada del diálogo protagonizado por Alberto Fernández y Biden.
Solá abandonó la Casa Rosada y aceptó un reportaje de los periodistas Diego Iglesias y Gisela Busaniche, que conducen El mejor país del Mundo, un programa de Radio con Vos. La nota empezó a las 17.37 del lunes 30 de noviembre.
-¿ Y cuáles fueron los ejes centrales de la conversación (entre Alberto Fernández y Biden)?-, preguntó Iglesias al canciller.
-El presidente (Alberto) Fernández le pidió dos o tres cosas. En forma medio general, pero muy importantes para la Argentina. Una es el visto bueno, la ayuda, la buena fe, la buena voluntad, del director de Estados Unidos en el Fondo Monetario Internacional. Porque actualmente no estamos teniendo mucha suerte en este sentido con el director que deberá cambiar, que tendrá que cambiar después del 20 de enero. El gobierno que se va no está teniendo las mejores actitudes, en ese sentido, en el Fondo. Y el presidente Biden le dijo que él iba tratar de liberar, saldar, esa es la palabra que usó, los problemas financieros de América Latina.
Alberto Fernández nunca mencionó al representante de Estados Unidos en el board del Fondo Monetario Internacional (FMI), cuando dialogó con Biden. El presidente sí hizo referencia al FMI, y a la ayuda del papa Francisco en la negociación de la deuda externa, pero Solá inventó toda la conversación que le contó a los periodistas Iglesias y Busaniche.
A las 19.11 del lunes 30 de noviembre, una gacetilla del Ministerio de Relaciones Exteriores aterrizó en todas las redacciones de la Argentina. El texto oficial repetía las declaraciones de Solá asegurando que Alberto Fernández había exigido el desplazamiento del director de los Estados Unidos en el Fondo Monetario Internacional.
Y a la misma hora, un cable de una agencia internacional multiplicaba a nivel global la recreación del canciller sobre el diálogo Alberto Fernández-Biden. En Washington, adonde están los cuarteles generales del FMI, la noticia firmada en la Argentina causó un inesperado estruendo diplomático.
Mark Rosen es operador de Wall Street y amigo personal de Steven Mnuchin, secretario del Tesoro de los Estados Unidos. Mnuchin le propuso ser director de Estados Unidos en el FMI, y Rosen aceptó sin dudar. Nunca había trabajado en la administración pública, pero es enfocado, tiene buen carácter y ya conoce las reglas del juego en DC.
Rosen se sintió traicionado cuando leyó el cable con las declaraciones de Solá. Nunca había operado en contra de la Casa Rosada y siempre tuvo buen trato con Sergio Chodos, director del Cono Sur ante el Fondo Monetario Internacional.
Chodos es un funcionario con muchísima experiencia y no se sorprendió cuando Rosen llamó desde Washington a Buenos Aires. El director de los Estados Unidos en el FMI estuvo calmo, planteó su protesta formal, y Chodos se comprometió a ejecutar un rápido control de daños.
Chodos cumplió con su palabra. Apoyado por Guzmán logró que el vocero presidencial, Juan Pablo Biondi, se comunicara con la agencia internacional e hiciera una desmentida soft de la inesperada exégesis que hizo Solá sobre la conversación reservada entre Alberto Fernández y Biden.
Y fuera de agenda, para aplacar aún más el incidente diplomático, Guzmán y Chodos mantuvieron un distendido diálogo con Rosen, que ya había recuperado su tono afable. Los tres funcionarios conversaron acerca de las negociaciones de la Argentina y el FMI, y al final acordaron un almuerzo fuera de protocolo cuando la pandemia así lo permita.
“Nosotros valoramos tu trabajo”, le dijo Guzmán a Rosen para atenuar la tensión que las declaraciones de Solá causaron en los despachos más influyentes del FMI.

La libre interpretación de Solá respecto a la charla entre Alberto Fernández y Biden parte de un supuesto que es erróneo. Un director de Estados Unidos en el FMI necesita una aprobación parlamentaria que se obtiene después de pasar una rigurosa audiencia en la Cámara de Senadores. Y ello implica que Biden, aún si quisiera, no podría reemplazar a Rosen por un director más afín al programa del Partido Demócrata.
Desde esta perspectiva, Alberto Fernández, Guzmán y Chodos deberán convivir con Rosen durante largos meses de 2021, cuando la negociación con el FMI atraviese sus horas más críticas.
La Casa Rosada atenuó la previsible escalada diplomática del board del FMI ante las declaraciones de Solá. Pero la conducta del canciller puede complicar hacia adelante la agenda global de Alberto Fernández. No es habitual que un ministro de Relaciones Exteriores invente una conversación entre su presidente y el presidente electo de los Estados Unidos.
-¿Qué pensás de las declaraciones de Solá sobre el FMI y el director de los Estados Unidos?-, le preguntaron ayer al presidente en la Casa Rosada.
-Fue un error de Solá. Nunca hablamos de eso-, contestó Alberto Fernández.
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