
No habrá confrontación, pelea pública y mucho menos un desaire. En el Gobierno existe plena coincidencia de que la carta que publicó ayer Cristina Kirchner forma parte del mensaje de “una guía espiritual” del movimiento y que apunta a “fortalecer la figura” de Alberto Fernández.
Pero también hay otra certeza sobre los señalamientos que hizo la vicepresidente: no avanzarán en un cambio de gabinete y, en tal caso, la mención de “funcionarios o funcionarias que no funcionan”, como dijo Cristina Kirchner, es un mensaje que se amoldará a una suerte de ajustes en algunos ministerios.
El Presidente se encontraba en medio de una reunión con el empresario Alfredo Coto ayer por la tarde cuando se difundió la carta abierta de Cristina Kirchner. Después de ese encuentro le siguió una reunión con la Asociación de Fabricantes de Automotores y los secretarios generales de la UOM, Antonio Caló, y de SMATA, Ricardo Pignanelli, para analizar los avances de la mesa del sector automotriz.
“¿Qué mejor señal de alineamientos con las ideas de Cristina que esas reuniones del Presidente en el marco del Acuerdo Económico Social impulsado por el Gobierno?”, se ufanó un ministro de cara al planteo que había hecho la vicepresidente en el mensaje epistolar.
Es más, los empresarios recibieron con beneplácito el llamado al diálogo convocado por Cristina Kirchner y están dispuestos a concurrir si los llaman.
En el contexto de un dólar incontrolable Cristina Kirchner sostuvo que “el problema de la economía bimonetaria es, sin dudas, el más grave que tiene nuestro país”, señaló la ex mandataria. Y planteó que la solución será imposible “sin un acuerdo que abarque al conjunto de los sectores políticos, económicos, mediáticos y sociales de la República Argentina”.
En la Casa Rosada aseguran que hay “plena coincidencia” con la vicepresidente en este punto. La conformación del Consejo Económico Social busca ir hacia esa dirección, advierten. Aunque también en el Gobierno admiten en sigilo que es muy probable que a ese espacio de diálogo entre empresarios, gremios, movimientos sociales y el Poder Ejecutivo haya que darle mayor fuerza y que se quedó en la mera formalidad.
Esta es una deuda pendiente de Alberto Fernández que quedó rezagada por la pandemia: es decir, la necesidad de dar con la aprobación de una ley del Consejo Económico Social para darle continuidad y sustento a ese espacio destinado a coordinar políticas de Estado. Ese espacio que impulsó el Presidente en los inicios de su mandato forma parte del modelo holandés sustentado en el esquema “Pólder” que tanto elogiaba el jefe de Estado y que nunca logró llevar a la práctica en su plena extensión.
El otro eje del mensaje de Cristina Kirchner es el que sonó con fuerza de queja afuera de la Casa Rosada y como una suerte de “consejo de una guía espiritual” desde la mirada interna del poder. “Hoy maltratan a un Presidente que, más allá de funcionarios o funcionarias que no funcionan y más allá de aciertos o desaciertos, no tiene ninguno de los ‘defectos’ que me atribuían”, escribió Cristina Kirchner.
Allegados al jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, aseguraban anoche a Infobae que ese pasaje de la carta de la vicepresidente no será atendido como un recambio de ministros sino como “ajustes necesarios en algunas áreas”. No dieron detalles de qué ministerios necesitarían de esos ajustes.
Está claro que en la Casa Rosada interpretaron que Cristina Kirchner apuntaba con aquella mención al mismo jefe de Gabinete, a la ministra de Justicia, Marcela Losardo; a la secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra; al ministro de Producción, Matías Kulfas o incluso al canciller Felipe Solá, a quien en el Instituto Patria y el kirchnerismo puro tienen en la mira por sus cuestionamientos hacia el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.

Sin embargo, en el Gobierno aseguran que “no hay margen para un cambio de gabinete” en estos momentos de crisis. Añaden en ello otra directriz: con la falta de recursos que hay por la pandemia y los niveles de limitación que tienen los ministerios para soltar fondos estatales, cualquier figura que aparezca será igual que las que hoy están y no podrá hacer milagros.
“¿Qué puede hacer un canciller si no puede viajar o un ministro de Producción si no tiene fondos para movilizar créditos millonarios?”, se preguntan en la Casa Rosada ante la mera posibilidad de evaluar un cambio de gabinete en estos momentos.
Alberto Fernández es reacio incluso a admitir cambios de ministros en contextos difíciles y mucho menos si se dan por presión externa. Claro que en este caso la presión llega nada más y nada menos que de su vicepresidente.
“Ni loco”, respondieron desde el Gobierno sobre la posibilidad de cambiar parte del gabinete ahora. Para muchos, sería una señal de debilidad en lugar de fortaleza.
En tal caso, en el Poder Ejecutivo saben que “habrá que administrar tensiones” entre algunos sectores en pugna dentro del amplio y flexible Frente de Todos. Pero ello no implica mover figuras o sacar jugadores de la cancha en este momento. Es aplicar al máximo el teorema de Juan Domingo Perón. Aquel que comparaba al justicialismo con una “vara bien flexible". Se debe doblar al máximo para abarcarlo todo pero sin quebrarse.
El otro mensaje que desde afuera de la Casa Rosada sonó punzante y duro contra el Presidente está relacionado con aquella frase de Cristina Kirchner de que “en la Argentina el que decide es el Presidente. Puede gustarte o no lo que decida, pero el que decide es él. Que nadie te quiera convencer de lo contrario. Si alguien intentara hacerlo, preguntale qué intereses lo o la mueven”, consideró.
Algunos empresarios o referentes de la oposición leyeron en ese pasaje cierto distanciamiento de la vicepresidente de las decisiones con sus resultados que tome Alberto Fernández. Pero en la Casa Rosada no lo vieron así. Por el contrario, creen que eso abona la idea de que el jefe de Estado no gobierna condicionado por Cristina Kirchner y que el poder está concentrado enteramente en sus manos.
El acto de hoy por un nuevo aniversario de la muerte de Néstor Kirchner encontrará a Alberto Fernández sin la compañía de Cristina Kirchner. Será el momento que tendrá el Presidente para exponer al máximo aquella idea del presidencialismo exacerbado que tanto elogia su vicepresidente.
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