
La demora para anunciar otra prórroga de la cuarentena fue tal que prácticamente coincidió con la difusión de nuevas cifras alarmantes sobre el coronavirus. Alberto Fernández optó esta vez por un video, muy editado, de cinco minutos y medio. A la par, el registro del Ministerio de Salud anotaba 11.717 contagios –marca máxima desde la llegada de la pandemia- y 222 muertes. El mensaje presidencial, esta vez sin conferencia de prensa en compañía de Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta, oxigenó versiones sobre un giro tensionante en la relación con el jefe de Gobierno porteño. Y, vía voceros informales del oficialismo, se explicó como un gesto para despegarse del tema omnipresente de la pandemia y tratar de ir armando otra “agenda política”.
Eso último está vinculado a la evaluación de los costos de una cuarentena que, a pesar de los mensajes esperanzadores sobre algunos indicadores en Capital y GBA –cuidadosos, por cierto-, se ha convertido en un camino difícil de desandar. La enorme fatiga social, admitida desde hace algún tiempo públicamente, aparece expresada de diferente modo en sondeos que circulan periódicamente y que no escapan al menos ahora al sentido común. El anuncio presidencial de ayer, en forma y extensión, sugirió estar más atado a los números de encuestas que a las cifras de la pandemia.
Las encuestas exponen mensajes claros y también contradicciones, pero como siempre importan los números tomados como tendencia. Y desde fines de mayo, la mayoría de los trabajos difundidos y otros más reservados coinciden en algunos puntos sobre el desgaste social, pero también sobre la persistencia del temor a la enfermedad. Hay, con todo, un creciente vuelvo hacia la necesidad de mayor flexibilización o incluso de fin de la cuarentena.
En paralelo, se registra un crecimiento de las preocupaciones económicas, que algunos sondeos colocan ya sobre el rubro sanitario. Pero también es significativa la reaparición y ascenso del temor y malestar por la inseguridad. Ese conjunto corre a la par del desgaste de la figura presidencial, muy lejos de los valores que los mismos trabajos le adjudicaban a Alberto Fernández a principios de abril, en la etapa más dura de restricciones. Algunas postales de la vida diaria coinciden más allá de los números, siempre discutibles: son un recuerdo lejano los aplausos a las nueve de la noche.

Con todo, pareciera al menos extraño sino contradictorio que justamente ahora, con cifras por encima de los diez mil contagios, el Presidente haya estrenado un formato de anuncio que podría sugerir la intención de correrse del lugar ocupado hasta ahora como jefe directo y hasta paternal del plan sanitario. Visto al revés, quizá no hubiera cambiado mucho si repetía la puesta de los anuncios anteriores, pero habría evitado profundizar la sensación confusa que arrancó con la negación de la existencia de la cuarentena cuando ya llevaba cinco meses.
Pero los mensajes contradictorios, sobre todo en sentido político, no se agotan allí. Alberto Fernández, según se repitió desde sus cercanías, tendría una estrategia de fondo que buscó hacer coincidir con el manejo de la pandemia, al menos en un punto. Se sostuvo que una columna fundamental sería algún tipo de acuerdo político con el peronismo tradicional y, hacia fuera, con el sector “moderado” o dialoguista de Juntos por el Cambio. En el cuadro de la cuarentena y no sólo por necesidades sanitarias en el ámbito metropolitano, la traducción llevaba el nombre de Horacio Rodríguez Larreta. Junto a eso, buscaría ir rearmando un punteo político que sirviera a la vez para generar iniciativas post cuarentena o más allá de la cuarentena. Y en ese renglón apareció finalmente el postergado proyecto de reforma de la justicia federal.
Ayer, el día estuvo marcado por especulaciones sobre la demora del mensaje presidencial, que produjo una entrega hasta ese momento inédita: el jefe de Gobierno porteño hizo sus anuncios antes de la presentación del Presidente. Rodríguez Larreta evitó cualquier costado de confrontación, aunque fue visible su incomodidad frente a preguntas sobre lo extraño de esta secuencia de anuncios. También fue notorio el malestar por el rechazo del ministro Nicolás Trotta al planteo de reapertura muy parcial de actividades educativas en el país. Rodríguez Larreta no da por agotada la pelea.
No fue lo único. Menos visible, operaba como cortinado una declaración de apenas un rato antes hecha por el Presidente durante un acto oficial en Santa Fe. Alberto Fernández contrapuso el cuadro económico de las provincias con la situación de la Capital, que según su calificación sería opulenta. Pareció una referencia al menos vieja sobre la Ciudad y más bien limitada a circuitos como Puerto Madero. Pero fuera de eso, la inquietud fue producida por el eco de frases parecidas de Cristina Fernández de Kirchner, antes del coronavirus y cuando se producía una carga para podarle fondos al distrito porteño.

Ese discurso apareció en momentos que desde las cercanías del Presidente se vuelve a hablar de la necesidad de acuerdos políticos con el “ala blanda” de JxC. No sólo palabras, sino además gestiones para acercarle interlocutores al Presidente. También habría algún guiño a un sector radical que en la provincia de Buenos Aires, sin cuidar el contrasentido de ir contra la conducción partidaria del distrito, aliada firme de María Eugenia Vidal. Señales de explicación difícil para la relación con el jefe de Gobierno porteño y la ex gobernadora, figuras de peso en el bando considerado moderado de JxC.
Más complejo es el cuadro que se avecina en Diputados con la llegada del proyecto judicial ya sancionado por los senadores. El texto dejó en el camino la “cláusula Parrilli” contra el periodismo –un dato importante para el Presidente-, pero incluyó de manera bastante llamativa una serie de añadidos supuestamente acordados con gobernadores. Bajo la conducción de CFK y minutos antes de la votación, se agregaron a granel jueces y tribunales que más que triplican el presupuesto de la inciativa.
Legisladores cercanos a Sergio Massa consideran que el texto es desprolijo y hasta un mamarracho. Y en la oposición lo resumen así para reforzar su rechazo: “Era muy malo y quedó peor”. El presidente de la Cámara y Máximo Kirchner deberían recuperar aliados antes que explorar caminos para vencer resistencias opositoras. Se verá y una señal surgirá del ritmo del trámite.
Por lo pronto, Massa llamó a una sesión para la semana que viene con temario limitado a proyectos para reanimar el turismo y combatir la pesca ilegal. Es tanto el recelo, que en la oposición no lo ven como una diagonal para salir del tema judicial, sino como una jugada para allanar el camino a sesiones virtuales sin aval de todos los bloques.
Fuentes cercanas a “moderados” de JxC dicen que no hay margen de acuerdo para la reforma judicial, asociada a presiones sobre la Corte Suprema y otras movidas. Creen que otra discusión sería posible con el Presupuesto, aunque prefieren ser cautos frente al clima político dominante con la Justicia como eje. El punto es que consideran que el Presidente está envuelto en las propias internas del poder. Y eso ha dinamitado ensayos previos de acercamiento, alguno que otro público y otros tantos reservados.
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