
Con los ánimos caldeados, el vínculo entre el oficialismo y la oposición cada vez más tirante y el proyecto de reforma judicial a punto de obtener media sanción en el Senado, desde las redes sociales convocaron para hoy a la tarde a una concentración en torno al Congreso y en distintos puntos de la Ciudad y del país en protesta por el tratamiento de la iniciativa impulsada por la Casa Rosada de la que, a diferencia de la multitudinaria marcha del feriado del 17, desde Juntos por el Cambio se desentendieron.
“Para mí, la marcha fue el 17″, respondió a este medio una de las principales figuras de la coalición opositora que fogoneó y participó de la convocatoria del lunes feriado en torno al Obelisco. “La UCR no convoca”, contestaron, por caso, desde la cúpula de la UCR. Y explicaron que en el encuentro virtual de hace 48 horas de la mesa nacional de Juntos por el Cambio, que contó con la participación de Mauricio Macri, todavía conectado desde Europa, se deslizó que, en todo caso, las protestas debían ser durante el tratamiento de la reforma judicial en Diputados. Es decir, con agenda incierta.
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La convocatoria del feriado pasado, que sorprendió tanto al Gobierno como a la oposición por su alcance, estuvo centrada en sus múltiples consignas en el rechazo al proyecto que Alberto Fernández envió al Congreso a fines del mes pasado, y que mañana tendrá media sanción de la Cámara alta cuando Cristina Kirchner vuelva a imponer su hegemonía parlamentaria.

“Sinceramente creo que el país todavía se debe una verdadera reforma judicial que no es la que vamos a debatir este jueves”, confirmó ayer en sus redes sociales la ex Presidenta, en una carta pública que, por esa frase, desorientó por igual a la oposición y a la Casa Rosada.
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Para Juntos por el Cambio, la iniciativa que el Presidente volvió a defender en los últimos días, y que después del Senado corre el riesgo de entrar en un limbo parlamentario por la falta de apoyo de la coalición opositora y de los bloques aliados, tiene un solo objetivo: además de cuestionamientos de fondo, es parte de un plan, aseguran, urdido por el Gobierno para buscar aliviar la situación judicial de la vicepresidenta.
La consigna es, en ese sentido, uno de los incentivos de la convocatoria lanzada desde las redes sociales, bajo el lema “vigilia por la democracia, abrazo al Congreso”, prevista para este miércoles con posibilidad de extender hasta mañana.
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Desde la Coalición Cívica subrayaron ayer que los legisladores y dirigentes de ese espacio no tenían previsto participar de las marchas. Igual desde el PRO: incluso colaboradores de Fernando Iglesias, que suele ser uno de los promotores de este tipo de iniciativas. Tampoco Patricia Bullrich, que sí se apareció por el Obelisco, bajó de su auto y le dedicó unas palabras, duras, al Presidente.

“No queda bien que vayamos a marchar frente al Congreso en el que trabajamos”, remarcó ante este medio un encumbrado diputado de la oposición, con cierta lógica. “No es el momento”, agregó.
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Desde la administración porteña de Horacio Rodríguez Larreta, que encabeza el sector “moderado” del PRO, repitieron el mismo libreto que en la víspera de la anterior convocatoria: “Aconsejamos evitar las aglomeraciones y como siempre garantizamos el derecho a la protesta”. Desde el Ministerio de Seguridad de la Ciudad abundaron en que, por ahora, la única orden era “monitorear”.
Este lunes, el jefe de Gobierno sentó por primera vez posición pública e institucional en torno a la reforma judicial con un hilo en sus redes sociales. “No es la forma”, opinó en vísperas del debate en la Cámara alta.
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El posteo de Rodríguez Larreta estuvo precedido, según publicó este medio, de un llamado telefónico que intercambió con Alberto Fernández y en el que, según fuentes oficiales, se conversó sobre las negociaciones parlamentarias en torno al proyecto. En Olivos, de hecho, interpretaron la posición del jefe de la Ciudad como una suerte de intento de diálogo para buscar alternativas a la iniciativa.
Pero tanto en el sector más radicalizado como en el más moderado de Juntos por el Cambio volvieron a ratificar anoche que no hay ninguna instancia de negociación en torno al proyecto oficial. “Nosotros pedimos que lo retiren. No hay nada por fuera de eso”, dijeron, tajantes.
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El tuit del jefe de Gobierno obedeció entonces a una necesidad interna de fijar posición, a su estilo: bajo la moderación que predica y una semana después de las multitudinarias marchas del feriado del 17.
Rodríguez Larreta practica, como hace más de cinco meses, desde que el coronavirus se apoderó de la agenda pública, un fino equilibrio entre la Casa Rosada y el vínculo con la oposición. El alcalde ya no tiene dudas de que el Presidente y Cristina Kirchner piensen distinto. O al menos está convencido de que Fernández no puede garantizarle un constante fair play porque tarde o temprano la presión interna de la ex Presidenta lo condiciona y lo obliga a tensionar la relación.
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Pero el jefe de Gobierno necesita mantener la mayor armonía posible en su vínculo con la Casa Rosada durante la gestión de la pandemia y frente al escenario que empiece a asomar una vez que pase la crisis sanitaria. A Rodríguez Larreta lo obsesiona además la porción de coparticipación que recibe del Estado nacional y que el Gobierno todavía amenaza con recortarle. De todo eso habla a diario con Sergio Massa, su principal socio del oficialismo. Incluso mucho más cercano que buena parte de los dirigentes de la oposición.

El caldeado clima social y político que percibe la oposición, que se alteró aún más desde la anterior marcha y que sumó en las últimas horas un bonus track con los polémicos dichos de Eduardo Duhalde, también es seguido con inquietud por el oficialismo.
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Ayer, en Casa Rosada no querían aventurar demasiado de la vigilia frente al Congreso prevista para hoy. De hecho, la tenían anotada recién para mañana. Igual, desde temprano se desplegó un fuerte operativo para vallar la zona.
Prefieren callar y esperar a que sucedan los acontecimientos. La anterior convocatoria había sido subestimada por el Gobierno. Una vez que las calles se poblaron de manifestantes con consignas contra el Frente de Todos, la estrategia pasó por desligitimar la marcha y asociarla al sector más radicalizado de la oposición, que no disimuló los festejos.
Desde ese lunes, el humor social y político se enrareció más de lo que estaba. Nada hace presagiar que vaya a cambiar.
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