Cómo funciona la violencia machista en las redes sociales: el caso de las mujeres que participan en política

Una grupo de investigadoras analizó más de 300 mil posteos publicados durante la campaña de 2019

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La violencia machista se manifiesta en diversos ámbitos de la sociedad y en cada uno de ellos adquiere características particulares. En el ámbito de la política, los ataques contra las mujeres, travestis y trans contienen “un mensaje aleccionador que va más allá de sus destinatarias concretas sino al conjunto de las identidades feminizadas”.

Según una investigación realizada por Agustina Gradin y Karina Iummato junto al Observatorio Julieta Lanteri de FUNDECO, el Observatorio Electoral de COPPPAL y el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), la violencia machista en el ámbito político comprende “cualquier acción u omisión basada en el género que cause daño a una mujer y tenga por objeto o resultado menoscabar o anular el goce o ejercicio de sus derechos políticos”. Se produce por el simple hecho de ser mujer y por participar del debate político. Puede incluir, entre otras, violencia física, sexual, psicológica, moral, económica o simbólica.

En nuestro país más del 60% de los episodios de violencia política ocurren por medio de Internet, especialmente en las redes sociales. Para estudiarla, las investigadoras analizaron todos los posteos e interacciones de las cuentas de 22 candidatas que compitieron en las elecciones de 2019, tanto a nivel nacional como provincial. Por ejemplo, Cristina Kirchner, María Eugenia Vidal, Victoria Donda, Silvia Lospenatto y Myriam Bregman.

Las cuatro principales dimensiones de la violencia machista en el ámbito político son las expresiones discriminatorias, el acoso, el desprestigio y las amenazas.

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Dentro de la primera categoría se destacan los comentarios sobre el cuerpo y la sexualidad de las mujeres -gorda, fea, puta-, sobre sus roles y mandatos de género -mala madre, infertil- y el menosprecio de sus capacidades -pendeja, boluda, inútil-.

Para la parte cuantitativa del estudio, se descargaron y analizaron 343.845 tweets publicados entre el cierre de listas y la elección general vinculados a las cuentas oficiales de las candidaturas monitoreadas. Así se identificaron 16.748 que contenían agresiones o referencias a mensajes con contenido de violencia machista en la política.

Un 54% de las agresiones que sufrieron las candidatas fueron expresiones discriminatorias, mientras que el 25% fue encuadrado dentro de la categoría de acoso. Otro 16% fueron amenazas y un 5% campañas de desprestigio.

Dentro de las agresiones que fueron consideradas expresiones discriminatorias, el 39% se vincula con roles y mandatos de género, el 34% con el menosprecio de capacidades y el 27% son alusiones al cuerpo y a la sexualidad.

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En general, los comentarios sobre roles y mandatos buscan marcar la distancia entre las candidatas y los estereotipos de género de quien agrede: por ejemplo, señalar que ellas deben volver al “espacio privado” como el hogar o la cocina. De la misma manera operan calificativos como feminazi, que ponen al feminismo en un lugar negativo por no corresponder al ideal conservador/patriarcal de cómo deben comportarse las mujeres.

Tal como señalan las investigadoras, estos comentarios también expresan formas de violencia machista ya que reproduce las relaciones desiguales de poder, sujetando a las mujeres a lo que el patriarcado espera de ellas aún si se animan a entrar en política.

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Entre los comentarios de menosprecio a las capacidades se encuentran las alusiones a la falta de saber o conocimiento para hacer política o al hecho de no actuar de la manera “correcta” -ser mentirosa, cínica, hipócrita- o ser joven, como sinónimo de ignorancia.

“Los comentarios de violencia que menosprecian nuestras capacidades buscan desde la práctica performativa del discurso reforzar el estereotipo que nos ubica subordinadas y recluidas en el ámbito privado”, plantean las investigadoras.

Igualmente, los agravios relacionados sobre las características físicas de las candidatas -linda, horrible, enana, etc.- “objetivan su presencia en el ámbito público a partir de su acercamiento o distancia respecto de los ideales hegemónicos de belleza” al tiempo que invisibilizan o desvalorizan sus habilidades políticas.

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Dentro de las campañas de desprestigio podemos ubicar también el denominado mansplaining. Es decir, la explicación condescendiente por parte de un varón a una mujer -sin que ella lo solicite- bajo la presunción de que ignora lo que se está explicando. Opera por debajo “un menosprecio hacia las capacidades cognitivas de las mujeres”.

Como conclusión, la investigación señala que las manifestaciones de violencia machista en redes sociales adquieren una doble intencionalidad: por un lado buscan desgastar y desalentar a las candidatas en su afán de participar de las elecciones; pero al mismo tiempo “tienen el objetivo de disciplinar al colectivo más amplio de mujeres y disidencias, mostrando que la política sigue siendo un espacio de varones, y por lo tanto patriarcal”.

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